miércoles, 20 de febrero de 2013

Extraño, dulce y cálido cap. 1


El conocer a alguien es algo extraño.
Nunca sabrás con certeza lo qué ocurrirá en esa relación ni cómo terminará.
Si es que algún día llega a terminar…


¿Cuándo le conocí? Recuerdo que era un día tormentoso. Yo me mudaba a una nueva ciudad y estaba nervioso. Fue entonces. Cuando llegamos al piso al entrar en el ascensor un joven algo mayor y más alto que yo entró conmigo. El ascensor era pequeño y con el volumen de la maleta que llevaba se tuvo que pegar a mí.
El ascensor se paró a mitad de camino y quedamos atrapados. Me puse de los nervios pensando en que no saldríamos vivos de ahí y este otro chico me agarró para calmarme.
—     Tranquilo. —dijo con una suave voz mientras pasaba sus largos brazos por encima de mi espalda— Agárrate a mí y veras como pasa rápido.
Me estuvo abrazando hasta que me calmé. La sensación que su abrazo me transmitía era inefable. Me apoyaba en su pecho y oía su corazón latir fuerte y rápido. Me sentí protegido. Al estar apoyado en su pecho noté como me abrazaba fuerte y apoyaba su cabeza contra la mía. Pronto quedé tranquilo pero él no me soltó. Sospechaba que también tenía miedo porque no paraba de abrazarme con fuerza. Esa extraña sensación al agarrarme me tranquilizaba y me hacía sentir bien. Después de separamos, nos apoyamos sobre mi maleta y comenzamos a hablar.
—     ¿Estaremos aquí mucho más? —pregunté más calmado.
—     No lo sé. Creo que nos sacarás pronto. Habrá sido por la tormenta.
—     Espero salir de aquí pronto.
—     Esperemos. Soy Javier encantado.
—     Yo soy Marcos. Un placer.
—     ¿Eres nuevo?
—     Sí. Me he mudado al quinto izquierda.
—     ¿Sí? ¡Qué bien! Yo vivo en el quinto derecha.
—     ¡Genial!
—     Pásate cuando quieras. Vivo solo y no me molestaría que me acompañaras en cualquier momento.
—     ¿Vives solo?
—     Sí. Tengo dieciocho años.
—     ¿Tienes dieciocho? Yo dieciséis.
—     Eso parece. —dijo sonriendo.
—     Seguimos encerrados. ¡Qué asco!
—     Ya. ¿No te gusta estar encerrado conmigo?
No sé a qué venía esa pregunta pero desde hacía un rato mi corazón iba acelerado.
—     Sí que me gusta pero preferiría estar contigo en otro lado.
Javier me volvió a abrazar y me sentí seguro de nuevo.
—     Tranquilo estoy aquí. Cuidaré de ti.
Esas palabras me tranquilizaron y le abracé con más fuerza. Su mano acariciaba mi pelo mientras me apretaba contra su pecho. No cambiaría esa sensación por nada del mundo. Seguíamos encerrados pero estaba libre de mi impaciencia y nerviosismo habituales. Ese chico me había calmado por completo. Dejó de abrazarme un rato después.
—     Aquí no tienes amigos, ¿no?
—     Pues… no.
—     Tranquilo yo estaré contigo. —dijo abrazándome.
—     Me gustan tus abrazos. Eres muy abierto.
—     Sí. Soy abierto y me gusta abrazar.
—     Eso parece. —dije riendo.
—     Me caes bien.
En un momento el ascensor volvió a funcionar y subimos al quinto piso.
—     ¡Bien! ¡Al fin funciona!
—     Me alegro. ¿Quieres pasarte a mi piso y estar un rato conmigo?
—     Sí. Desde luego. —dije sonriente.
Subimos al quinto piso y mis padres estaban muy preocupados por mí. Dejé mi maleta en mi habitación y fui con Javier a su casa. Su casa era similar a la mía sin embargo tenía un millar de objetos de otros países. Pensé que habría viajado mucho por todo el mundo. Había una cocina moderna de pequeño tamaño justo al lado de la puerta. Tenía algo de comida en las encimeras y una ventana al fondo. Conforme fui entrando por el corto pasillo había una sala de estar a la izquierda. Tenía un sofá negro al lado de un puf de color rojo y enfrente una estantería llena de libros, fotos y figuritas. Al otro lado de la sala había una mesa con seis sillas alrededor. Entramos en ese moderno comedor y nos sentamos en el oscuro sofá. Comenzamos a entablar conversación y hablaba cálidamente.
—     ¿Te gusta mi casa?
—     Sí es muy bonita. La mía ni se compara.
—     Sí. Esta está llena de trastos que mis padres traen de sus viajes.
—     Ya veo. ¿Por qué viajan tanto?
—     Son etnólogos e investigan un poco el mundo. Ahora están en Egipto. Pocas veces están en casa y como ya tengo dieciocho me quedo en casa solo.
—     Aún no creo que te dejen solo.
—     Lo hacen desde hace tiempo pero antes venía mi tía a vigilarme de vez en cuando.
—     ¿Ahora no viene?
—     De vez en cuando a visitarme. Sabe que puede confiar en mí.
—     Mis padres jamás me dejarían solo.
—     Hay padres y padres —dijo mirando a una foto mientras sonreía.
—     Ojalá tuviese tus padres.
—     Te encantaría lo sé. Yo por ahora estudio bachiller para ser periodista.
—     ¿Repites curso?
—     Repetí tercero de la ESO.
—     ¿Por?
—     Acoso escolar que me llevó a una depresión —dijo con mirada triste.
—     ¿Por qué te acosaban?
—     Porque soy gay.
En ese momento mi corazón latió muy fuerte y apenas pude contener la extraña sensación que me atormentaba desde hace un rato en el ascensor.
—     ¿Lo eres?
—     Sí. Espero que no te moleste.
—     Tranquilo no lo hace en absoluto. Me gusta la idea de tener un amigo gay.
—     ¿De verdad? Me encantaría ser tu amigo. —dijo muy emocionado.
Javier me abrazó y note su aliento cálido sobre mi cuello. Le agarré la camiseta por la espalda y le apreté fuerte contra mí. Era extraño. Quería besar a un chico al que ni siquiera conocía. ¿Qué era esa sensación tan placentera al estar con él? Nunca antes me sentí así. Me encantaban sus abrazos. Tras una leve pausa de silencio su dulce voz aún apoyada en mi hombro comenzó a hablar.

—     Marcos quiero ser tu amigo. Quiero que seas mi primer amigo.
—     ¿No tienes más amigos?
—     No. Ahora me llevo bien con los compañeros de clase pero no puedo perdonarles las putadas que me hicieron.
—     ¿Te hicieron psicológicas o algo más?
—     Ahora verás —dijo quitándose la camiseta y mostrando su hermoso cuerpo.
Tenía algunos moratones en el pecho y el abdomen. En la espalda y en el hombro también tenía grandes marcas de lucha. Había sido reciente.
—     ¿Hace cuánto ha sido?
—     Dos semanas —dijo con la cabeza caída.
—      No te avergüences. No tienes la culpa.
—     Me quieren hacer mucho daño y lo peor es que nadie hace nada.
Comencé a sentir un dolor intenso y lo abracé mientras derramaba alguna lágrima. Le pasé la mano por la espalda. Tenía el cuerpo caliente y le acaricié el pelo. No dejaba de pensar en los hijos de puta que le habían hecho tal cosa. Se separó de mí e intentó tranquilizarme mientras yo le tocaba las heridas del pecho. Tenía unos brazos un tanto musculosos y unos abdominales algo marcados. Yo no dejaba de llorar y de abrazarlo.
—     No te sientas mal. No tienes la culpa.
—     No quiero verte con estas magulladuras.
—     Lo siento pero ser gay es lo que tiene en un lugar como este.
—     ¿Qué importa el lugar? Estamos ya al año dos mil doce. No debería ser así.
—     No podemos cambiar a la sociedad. Por desgracia es y será así un tiempo. No hay mucho que hacer.
—     Ojala que lo haya porque no cesaré hasta ayudarte a superarlo.
—     Eres un chico increíble —dijo sonriendo.
Le abracé y él me acarició el pelo. Dios quería besarle y no podía esperar nada más. Era hora de lanzarme y esperar las consecuencias.
—     Javier, me gustas.
—     ¿Qué?
—     Soy gay y me gustas. Sé que podía habértelo dicho antes pero tampoco pensaba decírselo a un desconocido ni mucho menos enamorarme de él pero eres tan guapo, amable, simpático y hay algo en ti que te hace muy atrayente.
—     También me gustas, tonto, —dijo entre risas— desde un primer momento me he fijado en ti y por eso te he tratado así. Pensé que eras hetero y me desmotivé un poco pero me gustas y quiero ser tu amigo.
Javier me abrazó de nuevo y esta vez con fuerza. Me apretó contra su pecho aún desnudo y puse mis manos en su espalda. Me separé un poco y le besé. Mis labios chocaron suavemente con los suyos y le di el primer beso de mi vida. Nunca pensé que sería así pero es fantástico besar a la persona a la que quieres.

Aún seríamos siendo amigos un tiempo pese a lo que sentíamos el uno por el otro pero teníamos que conocernos. Estoy seguro de que no habría cosas muy oscuras dentro de él. ¿Sería lo perfecto que yo lo creía? Aun así era la persona más hermosa que jamás había visto y el que mejor me comprendía. Era perfecto en mi punto de vista pero sólo ahí.

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