domingo, 23 de febrero de 2014

Religión

Hay gente que afirma que existe un Dios, creador de todas las cosas; o varios. Hay otros que se limitan a lo físico, a lo material, a lo que pueden ver. Pensad, en este momento, ¿existe un Dios?; ¿qué hay antes y después de la vida? Pensadlo por un segundo, sin complicaros mucho y seguid leyendo.
A los que efectivamente crean en un Dios les pregunto: ¿Cómo es él?; ¿bueno y caritativo?, ¿sabe perdonar?, o, por otra forma de verlo, ¿es como el Dios que la biblia menciona?, ¿el mismo que mandó plagas para exterminar a la humanidad? Pensadlo. En mi opinión los tiempos han cambiado y la forma que tenían los antiguos de definir el mundo y darle sentido se ha modernizado y el dios que describían también. Si creéis en Dios y en las Sagradas Escrituras no seáis cerrados de mente y sólo penséis en eso. Los antiguos afirmaban que el hecho de que una mujer no fuera virgen cuando se casara, que un niño fuera desobediente, que un hombre yaciese con otro hombre o que comiésemos marisco merecía la pena de muerte o sería una abominación. En esa edad una abominación no era algo monstruoso como Godzila sino un hecho que estaba mal visto por la sociedad. Como veis los tiempos han cambiado y las costumbres y todo lo demás también. Yo puedo creer o no creer en algo y si lo hago no debo tomar en serio lo que pone en los textos de hace 2000 años pues están llenos de metáforas y demás cosas que no deberíamos tomar como referente.

Para los que no creáis en Dioses o religiones os pido que respetéis lo que ellas son y lo que ellas significan para la sociedad. Entiendo que haya mil y un errores cometidos por la iglesia y que sean ellos quienes menos respetan a las minorías pero, a lo largo de la historia; esa chispa vital, esa luz al otro lado del camino; ha llevado consigo esperanza a todas las personas de este mundo. En la guerra, cuando te podían quedar horas, minutos o segundos para morir pensabas en tu casa, en tu familia y recordabas la esperanza de que si morías te reencontrarías con ellos en el más allá y serías feliz junto a ellos para siempre. La iglesia puede cegar a la gente pero yo, para mí, prefiero estar ciego de esperanza a ser cuerdo con temor; es decir, en mi opinión todo el mundo debería creer en  algo. La vida es efímera y hoy puedes estar tan a gusto y mañana muerto, en coma o incapacitado. Nunca se sabe.

viernes, 21 de febrero de 2014

Diario de Axell Reth 4


Hoy ha sido un día increíble. Sigo confuso por los acontecimientos transcurridos. No entiendo que ha pasado así que os lo cuento. Todo ha empezado bien. Me desperté en Cauce Boscoso y me puse en camino hacia Carrera Blanca. El camino era precioso. Adoro el monte y los caminos al lado del río. Pasé por una destilería y una granja en la que… ¡maté un gigante! Increíble, ¿verdad? Fue tras eso cuando unos guerreros que afirmaban ser de los compañeros, una orden de mercenarios, me dijeron que podría unirme a ellos. Quizá lo haga. Sólo he de ir a Jorrvaskr y hablar con el heraldo de la orden.
Avancé hacia Carrera Blanca y encontré un campamento de Khajiitas a un lado del camino. Uno de ellos se llamaba Ri’saad y echaba de menos su hogar, Elsweyr. Yo también añoro la vida tranquila en Cyrodiil. Antes de entrar en Carrera Blanca unos guardias me explicaron que no podía pasar a causa del ataque de los dragones. Yo les dije que estuve en Helgen y me hicieron pasar a ver al jarl.
Al entrar en Carrera Blanca pude comprobar la tensión que había a causa de la rebelión de los Capas de la Tormenta cuando oí hablar a un hombre que llevaba un uniforme imperial. Era del clan Batallador y, según parece, están en completa pelea con el clan Melena Gris por cuestiones políticas. Los Batallador, desde siempre amigos de los Melena Gris, se habían enfrentado a estos porque apoyaban al imperio y los Melena Gris apoyaban a los Capas de la Tormenta.
Al final de la calle están el mercado y la posada.










Subiendo una escalinata podemos encontrar el Verdeoro un árbol que nació, prácticamente, a la vez que Carrera Blanca.
A la izquierda de este se sitúa el templo de Kynareth, una de los ocho divinos, la del aire, la naturaleza y los animales.
A la derecha del Verdeoro está el gran salón Jorrvaskr, sede de los Compañeros.
Subiendo por otras escaleras podemos ver la forja del cielo donde Eorlund Melena Gris forja el mejor acero de Skyrim.
Hay un altar de Talos, Tiber Septim que ascendió a los cielos como divino de la guerra, bajo las escaleras que conducen a Cuenca del Dragón
En lo alto de Carrera Blanca está situado el gran palacio del jarl llamado Cuenca del dragón porque en sus inicios se utilizó para retener un dragón.
El jarl de Carrera Blanca es el jarl Balgruuf el grande.
Hablé con él y estaba interesado en la seguridad de Carrera Blanca. Me pidió que hiciera algo por Farengar, el mago de su corte. Fuimos a su laboratorio y mi trabajo era traerle una tablilla del Túmulo de las Cataratas Lúgubres, en el que había estado y casi no salgo vivo. Recordé haber encontrado una tablilla en el cuerpo del señor de la muerte draugr que me había encontrado. Se la enseñé y era esa así que se la di. Escuché unos gritos al otro lado del salón. “Un dragón”, gritaban. Fui a ver y resulta que había un dragón en la atalaya este. Sin sabes cómo ni por qué estaba inmiscuido en darle caza. No estaba seguro de si sería o no mi final así que fui con Irileth, la edecán del jarl Balgruuf, y más guardias de Carrera Blanca.
Al llegar a la atalaya este nos la encontramos destruída. Tuve que buscar supervivientes en su interior y, con todos a salvo, vino el dragón. Era enorme y sus escamas duras como la piel. Lanzaba fuego por la boca y sus ojos tenían un tono siniestro. Los arqueros lanzaron flechas. El dragón quemaba todo con su aliento y estuve a punto de ser carbonizado. Tras un rato volando aterrizó y esa fue la oportunidad que necesitaba. Apreté los puños y corrí hacia él. Salté sobre su cuello y comenzó a volar para deshacerse de mí. Tuve que soltar una espada para poder sujetarme y, con la otra mano, le cortaba la cara. Lo dejé tuerto y tuvo que  aterrizar bruscamente tirándome a mí al suelo. Agarré la espada que había soltado y lo ataqué dando el golpe de gracia.
Una vez muerto se desintegró su cuerpo y algo extraño pasó. Una energía azul y rojiza salió de su cuerpo y entró en el mío. Los soldados, perplejos por lo que sucedía, me dijeron “Tú eres sangre de dragón”. Yo no sabía qué era eso así que lo pregunté. Resulta que las personas que son Sangre de Dragón tienen el poder de robar almas de dragones y usar el Thu’um, el grito, la voz de los dragones, sin haberla aprendido. Me pidieron que ejecutara un grito y al instante en mi cabeza apareció algo parecido a las palabras de un hechizo. Lo grité; “Fus” y pudieron comprobar que yo era Sangre de Dragón.
Estaba muy confuso. El destino me había guiado a Skyrim por algo; ¿sería esto? Todo había cambiado. ¡Había matado un dragón! ¡Por los dioses! Y lo que es más; tengo un poder divino dentro de mí. No sé si debería seguir por el camino al que las cosas me guian. Podría ir a Soledad, Markrath, o Riften y vivir tranquilo. ¿Qué está pasando?
Fui a ver al jarl y, tras contarle lo ocurrido, me dijo que los Barbas Grises, unos monjes relacionados con la voz, me estaban llamando. Debía ir a Alto Hrothgar y hablar con ellos.
Ahora estoy en la posada La Yegua Abanderada en Carrera blanca. Llevo un rato pensando. No voy a ir a Alto Hrothgar aún. No soy capaz; es decir, no estoy preparado para enfrentarme a dragones ni nada así. Joder soy un campesino no sé qué hacer o si soy un héroe. Sólo quiero tranquilidad. Lo que voy a hacer es entrenarme y aprender a luchar y entonces iré con los Barbas Grises. Voy a ir al norte; a Hibernalia. Me matricularé en la escuela de magos y aprenderé a luchar con magia. Sé que es cobarde pero necesito aclararme las ideas.
Hasta la próxima.

Axell

miércoles, 19 de febrero de 2014

Diario de Axell Reth 3



Ayer me desperté en la posada de Cauce Boscoso y, antes de poner rumbo a Carrera Blanca se me ocurrió la idea de pasear por la aldea. Bajé la calle hacia el sur y vi a un hombre, Sven, hablando con su madre. Se me ocurrió saludar. Me conto que a él y a Faendal les gusta Camila Valerio y me pidió que le entregara una carta falsa haciéndole creer que era de Faendal. Yo tomé la carta y fui al comercio de C.B. a hablar con ella. Al llegar oí a Lucano y Camila hablar sobre un robo cometido en su tienda. Les habían robado una garra de oro. Hablé con Camila para darle la carta pero mis valores morales me frenaron y le dije la verdad sobre Sven. Me lo agradeció y hablé entonces con Lucano sobre la garra. Él creía que estaba en el Túmulo de las Cataratas Lúgubres, es decir que tendría que adentrarme en un sitio aterrador para matar al ladrón de la garra.
Subí hasta la cima de la montaña, llegué al impresionante monumento y vi varios bandidos protegiendo la entrada. Los maté a todos con la sangre más fría que pude tener y seguí. Al entrar mi conciencia me dijo para pero, un ansia de peligro, de aventura me hizo continuar; Skyrim me está cambiando más de lo que pensaba. Bajé por los pasadizos más horripilantes que una persona puede imaginar y llegé a una puerta sellada. A un lado de la habitación había tres artefactos que giraban, sobre la puerta había una losa con una serpiente, un hueco y una losa con un pez; y abajo había otra losa idéntica a las de arriba con una serpiente. Me quedé pensando, lo asocié todo y giré las piedras haciendo que se mostrasen serpiente, serpiente y pez en ese orden. Luego le di a la palanca y bualá; la puerta se abrió.
Seguí la trayectoria, maté a un grupo de skeevers y llegé a una habitación en la que había; ¡una araña gigante! Y un hombre atrapado en su red. La ataqué y ella a mí. Veneno congelador en mi herida; si no le mataba pronto sería su cena.  Giré sobre mi espalda evitando sus ataques. Era rápida la jodida araña. Al final opté por una técnica de combate básico; salté sobre ella y le atravesé la cabeza. Me sentí ferozmente aliviado en ese momento.
Tras acabar esto fui donde el prisionero y éste me pidió que lo soltara y eso hice. Lo liberé y huyó. Corrí tras él y vi cómo un draugr lo devoraba. En ese momento toda mi valentía cesó por un instante. “No muertos tenían que ser” pensé y recordé algo que me enseñó mi padre. “Si te encuentras un día en unas catacumbas con draugr corre todo lo que puedas, pues ellos son lentos y no te seguirán todo el día.” Y eso hice. Agarré la garra dorada del cuerpo yacente del ladrón y corrí todo lo que mis piernas pudieron. Atravesé trampas y pasillos llenos de no muertos hasta llegar a una puerta muy extraña.
Esta puesta tenía en el centro un círculo en donde meter la garra dorada y sobre ese círculo había otros mecanismos que al girarlos y colocarlos en la posición correcta te permitían abrir la puerta. Me fijé en la garra dorada. Allí estaba la clave así que giré los círculos y abrí la puerta.
Llegué a la cámara principal del túmulo. Pasé un puente de piedra sobre un riachuelo y llegué, a través de una escalinata a una pared llena de dibujos extraños. Uno de ellos resplandecía así que me acerqué y lo toqué. De él salió una luz azul que me cubrió y se grabaron en mi mente. Un instante después oí un ruido y me giré, a tiempo para ver como un señor de la muerte draugr se levantaba de su tumba. Estaba perdido
Comencé a luchar pero era inútil pues podía ver y anticipar mis movimientos.  Se me ocurrió entonces una idea. Seguí atacándole  y esquivando; en un momento conseguí cortar su mano putrefacta con mi espada y así matarlo. Ya acabó todo por ahora. Lo registré y le tomé una tablilla de piedra con un mapa. ¿Sería un tesoro? Lo guardé y salí de ahí.

Bajé la montaña y le devolví la garra dorada a Lucano. Me recompensó con cuatrocientos septims. Ya había pasado un día y medio desde que me desperté en la posada. Hora de dormir. Mañana iré a Carrera blanca.

lunes, 17 de febrero de 2014

Diario de Axell Reth 2

Al fin estoy en Skyrim pero las cosas no han ido como esperaba. En el paso fronterizo me prendieron unos imperiales; al parecer Ulfric Capa de la Tormenta ha asesinado al rey supremo.
Me desperté en una carreta rumbo a Helgen. En frente de mí había un capa de la tormenta que me saludó. Me parecía agradable su forma de hablar. Pese a que fuésemos a morir mantenía la fuerza; ¿serán así todos los nórdicos? Al otro lado había un Ladrón de caballos que estaba asustado a más no poder y a mi lado estaba Ulfric Capa de la Tormenta, el jarl de Ventalia y asesino del rey. Me asombré al verlo; quise preguntarle qué había pasado pero tenía la boca tapada.
Llegamos a Helgen y nada más entrar vi al general militar, Tulio dijeron que se llama, hablando con los Thalmor; el imperio no debería asociarse con esa escoria. Sólo buscan poder y pronto tendrán al imperio comiendo de sus manos. Paramos frente a una torre en la que había más imperiales y nos hicieron bajar de las carretas. Dijeron los nombres y el ladrón de caballos huyó pero le dispararon con un arco y murió. No sabían quién era yo y les tuve que dar mi nombre. Me quitaron todas mis cosas al apresarme y me dieron unos harapos destrozados. Por suerte me dejaron mi diario después de mucha súplica. Fui hacia donde nos iban a ejecutar y vi como el verdugo cortaba la cabeza de un soldado de los capas de la tormenta. El siguiente era yo. Fui hacia mi final y caí de rodillas. Unos extraños ruidos se escuchaban mientras veía como el verdugo alzaba el hacha. Segundos después… ¡Un dragón! Vi un dragón aterrizar y expulsar fuego por la boca. ¿Qué narices era eso? En un instante el cielo se tornó nublado y durante la confusión me alcé y corrí hacia una torre animado por mi compañero de carreta.
Allí dentro estaban Ulfric y más capas de la tormenta. Debía escapar y subí hacia arriba. Poco antes de llegar la pared quebró y vi cómo el dragón echaba fuego dentro de nuestra torre. El capa de la tormenta que me acompañaba me animó a saltar a la posada que estaba en frente de la torre. Salté y sentí la emoción por un segundo mientras caía. Nunca he luchado ni nada por el estilo; siempre me he mantenido como un campesino humilde en mi tierra. Caí y me di un golpe tremendo. Estaba con las manos atadas. No me gustaba no poder moverlas. Un poco más adelante estaba el imperial que me pidió el nombre, un niño y otro adulto más. El dragón seguía atacando y yo seguí adelante con el imperial.
Poco más adelante cayó el dragón encima nuestra, prácticamente, en un muro a nuestra izquierda. Seguí mi camino hasta llegar a unas fortificaciones. De pronto el imperial que mencioné antes y el prisionero que me ayudó se toparon y me invitaron ambos a seguirle. ¿Qué debía hacer? Tras un momento de meditación me decanté por Ralof, el capa de la tormenta. Entramos al edificio y vimos a otro capa de la tormenta muerto en el suelo. Ralof me liberó y me pidió que le quitara la ropa al cadáver. Tenía mis dudas pero al fin y al cabo toda ropa es mejor que unos harapos. Le quité el uniforme de los C. de la Tormenta y el hacha. Después mi compañero vio que no había forma de salir de ahí pero justo en ese momento se oyeron ruidos al otro lado de una de las puertas. Venían imperiales. Nos escondimos y cuando aparecieron atacamos y, tras numerosos golpes los matamos.
En ese momento me sentí muy extraño. Nunca antes había atacado a un hombre y menos lo había matado. Tenía miedo y a la vez me sentía bien. Eso es un poco preocupante; es decir, no vine aquí para matar personas. No quiero ser un asesino aunque no me sentí mal al matarlos. A uno de los cadáveres le quité la espada. No me gusta combatir con hacha aunque la conservé. Ralof y yo seguimos nuestro camino hacia los subterráneos y al llegar abajo el techo del camino se cayó y nos vimos obligados a entrar a una sala. En ella había otros dos imperiales más a los que maté. Por un momento las heridas y el cansancio me pudieron pero aguanté y los maté.
Tras su muerte registramos la habitación y encontré algunas pociones de aguante, salud y magia. Me tomé una de salud y otra de aguante y seguimos nuestra marcha hasta la sala de torturas; donde unos capas de la tormenta luchaban ferozmente contra los torturadores imperiales. Ralof y yo les ayudamos y los vencimos. En una celda había un cadáver, monedas y una poción. Ralof me pidió que cogiera unas ganzúas y la abriese. Examiné la habitación y encontré un escudo, una maza, dos dagas, varias ganzúas y un libro llamado “El libro de los sangre de dragón” de los cuales me apropié. Abrí la celda y recogí el dinero. Sería mejor tener algo para una posada, al menos. Bajamos con los otros dos capas de la tormenta hacia una cueva donde unos imperiales nos aguardaban. Eran más de dos, había arqueros y soldados cuerpo a cuerpo. Acabamos con la vida de todos aunque los arqueros nos resultaron difíciles. Tras acabar con ellos me di cuenta de que uno de los nuestros había muerto. Me lamenté por él y seguí con Ralof aunque la restante de nuestros compañeros se quedó atrás.
Cruzamos un puente a tiempo de que una enorme piedra lo derruyese y avanzamos por una cueva. Llegamos al final de esta donde un grupo de arañas congeladoras nos atacó. Acabamos con todas y, aprovechando la ocasión les extraje un poco de veneno congelador. Me serviría para algo, pensé. En la cueva contigua a la de las arañas había un oso y Ralof me mandó ser discreto y sigiloso para que aquel monstruo no nos viese. Conseguimos escapar de él sin que nos viera y al fin salimos de la cueva.
Ya éramos libres. El dragón pasó por encima de nosotros y por un momento volvió el miedo que había olvidado durante la escapada de Helgen. Había manejado una espada y, lo que es más, había matado hombres y escapado de criaturas. Debíamos dirigirnos hacia Cauce Boscoso; donde Ralof tenía una hermana, Gerdur. Por el camino hablamos de diversas cosas; en un momento me planteó unirme a los Capas de la Tormenta pero no estoy seguro de que ese sea mi cometido. Sin embargo quizá lo haga; es decir, quiero que cese esta rebelión. Con el tiempo, ambos bandos, sólo causarán problemas. Durante el camino vimos, sobre una montaña, unas ruinas llamadas “Túmulo de las Cataratas Lúgubres” que a Ralof le imponían respeto y unos menhires, a un lado del camino, que, según Ralof protegían o ayudaban en algo a los que los activaban. No lo recuerdo bien; sólo recuerdo que eran las piedras del Guerrero, del Mago y del Ladrón. Yo activé la del Ladrón por activar alguna.
Al llegar a Cauce Boscoso fuimos donde Gerdur quien, al principio, no se creyó la historia del dragón pero más tarde la aceptó con una gran sorpresa. La amable mujer me dio una llave de su casa y algo de comida y me dijo que fuera a ver al jarl de Carrera Blanca  a contarle la historia del dragón. También hablé con Hod, el marido de Gerdur que estaba asustado en gran parte por el regreso de los dragones. Me preguntó si el dragón era más grande que una casa. Me hizo un poco de gracia la inocencia de aquel hombre pero yo también estoy asustado por aquel monstruo.

Ahora estoy en la posada de Carrera Blanca y la posadera, Delphine, es un poco siniestra. El viaje ha empezado movidito; he sido apresado, casi muero, he visto un dragón, he matado gente… Creo que debería aceptar que para sobrevivir en esta tierra debo mantenerme fuerte, rígido y de vez en cuando matar alguna persona. Trataré de no quebrantar la ley e ir por mi cuenta, es decir, sin inmiscuirme en asuntos oficiales aunque creo que es imposible. Mañana escribiré qué pasará con el jarl de Carrera Blanca. Saludos.

domingo, 16 de febrero de 2014

Diario de Axell Reth

Mi nombre es Axell Reth y soy nórdico nacido en Skyrim. Cuando era un niño salí de allí y fui a vivir a Cyrodiil con mis padres. Hoy vuelvo a Skyrim para conocer sus comarcas, ciudades y secretos y vivir aventuras en esta tierra llena de leyendas y misterios. Coincidiré con vosotros, camaradas, en que Skyrim es una tierra fría y llena de misterios. Siempre he tenido una especie de admiración, por así decirlo, por esta tierra. Aquí reside el colegio de magos de Hibernalia, al que me gustaría ir y aprender los más asombrosos hechizos. He oído que hay una rebelión en la provincia. Los llamados Capas de la Tormenta están sembrando el caos para liberar Skyrim y los Imperiales luchan por la paz en la región. Pase lo que pase yo me dedicaré a explorar el territorio pues no me gustaría perder la vida como el soldado trescientos sesenta y dos bajo el mando de un general militar al que apenas conozco. Hoy espero hospedarme en Riften a mi llegada; la verdad es que estoy cansado ya de caminar y hace un rato paré para almorzar bajo un árbol. Seguiré caminando ya. Mañana escribiré cómo es Riften y mi primera impresión de Skyrim. 

jueves, 13 de febrero de 2014

Alzaos Naltragueños


Desde tiempos inmemoriales nuestra tierra ha sido manipulada, conquistada, arrebatada de nuestras propias manos, destruida y manejada por el imperio del sur de nuestras fronteras. Náltraga ha sido siempre campo de batalla entre Nórdicos y Sureños. No les importamos lo más mínimo a los emperadores que gobiernan el sur; sólo les importa la lucha, la batalla y mostrar que ellos son quienes tienen el poder. Somos la principal potencia comercial del continente; del mundo me atrevo a decir. Eso es lo que buscan los sureños y es justo lo que no debemos darles. Recordad nuestro pasado, hermanos. Hemos luchado en mil y una guerras y de todas hemos salido perjudicados. Han entrado a nuestra tierra y nos han sobado, quemado nuestras cosechas, violado a nuestras mujeres y matado. Ellos son el imperio que tan civilizados están y nosotros somos los bárbaros. Pues yo soy un bárbaro perteneciente a Náltraga y desde pequeño he aprendido a escribir, leer y hablar; mi padre era leñador y me enseñó todo lo que sé. Vosotros tenéis magos, monjes y maestros que os enseñan cada día algo de historia, matemáticas o geografía pero os aseguro que yo he aprendido mil cosas más cortando un tronco o pescando una trucha. Náltraga está llena de hombres y mujeres como yo. Trabajamos y luchamos esa es nuestra vida y orgulloso estoy de haber nacido y crecido en la tierra de Náltraga.
Atentamente

Klerth Rionnigel