Ayer me desperté en la posada de Cauce
Boscoso y, antes de poner rumbo a Carrera Blanca se me ocurrió la idea de
pasear por la aldea. Bajé la calle hacia el sur y vi a un hombre, Sven,
hablando con su madre. Se me ocurrió saludar. Me conto que a él y a Faendal les
gusta Camila Valerio y me pidió que le entregara una carta falsa haciéndole
creer que era de Faendal. Yo tomé la carta y fui al comercio de C.B. a hablar
con ella. Al llegar oí a Lucano y Camila hablar sobre un robo cometido en su
tienda. Les habían robado una garra de oro. Hablé con Camila para darle la
carta pero mis valores morales me frenaron y le dije la verdad sobre Sven. Me
lo agradeció y hablé entonces con Lucano sobre la garra. Él creía que estaba en
el Túmulo de las Cataratas Lúgubres, es decir que tendría que adentrarme en un
sitio aterrador para matar al ladrón de la garra.
Subí hasta la cima de la montaña,
llegué al impresionante monumento y vi varios bandidos protegiendo la entrada.
Los maté a todos con la sangre más fría que pude tener y seguí. Al entrar mi
conciencia me dijo para pero, un ansia de peligro, de aventura me hizo
continuar; Skyrim me está cambiando más de lo que pensaba. Bajé por los
pasadizos más horripilantes que una persona puede imaginar y llegé a una puerta
sellada. A un lado de la habitación había tres artefactos que giraban, sobre la
puerta había una losa con una serpiente, un hueco y una losa con un pez; y
abajo había otra losa idéntica a las de arriba con una serpiente. Me quedé
pensando, lo asocié todo y giré las piedras haciendo que se mostrasen serpiente,
serpiente y pez en ese orden. Luego le di a la palanca y bualá; la puerta se
abrió.
Seguí la trayectoria, maté a un grupo
de skeevers y llegé a una habitación en la que había; ¡una araña gigante! Y un
hombre atrapado en su red. La ataqué y ella a mí. Veneno congelador en mi
herida; si no le mataba pronto sería su cena. Giré sobre mi espalda evitando sus ataques. Era
rápida la jodida araña. Al final opté por una técnica de combate básico; salté
sobre ella y le atravesé la cabeza. Me sentí ferozmente aliviado en ese
momento.
Tras acabar esto fui donde el
prisionero y éste me pidió que lo soltara y eso hice. Lo liberé y huyó. Corrí
tras él y vi cómo un draugr lo devoraba. En ese momento toda mi valentía cesó
por un instante. “No muertos tenían que ser” pensé y recordé algo que me enseñó
mi padre. “Si te encuentras un día en unas catacumbas con draugr corre todo lo
que puedas, pues ellos son lentos y no te seguirán todo el día.” Y eso hice.
Agarré la garra dorada del cuerpo yacente del ladrón y corrí todo lo que mis
piernas pudieron. Atravesé trampas y pasillos llenos de no muertos hasta llegar
a una puerta muy extraña.
Esta puesta tenía en el centro un
círculo en donde meter la garra dorada y sobre ese círculo había otros
mecanismos que al girarlos y colocarlos en la posición correcta te permitían
abrir la puerta. Me fijé en la garra dorada. Allí estaba la clave así que giré
los círculos y abrí la puerta.
Llegué a la cámara principal del
túmulo. Pasé un puente de piedra sobre un riachuelo y llegué, a través de una
escalinata a una pared llena de dibujos extraños. Uno de ellos resplandecía así
que me acerqué y lo toqué. De él salió una luz azul que me cubrió y se grabaron
en mi mente. Un instante después oí un ruido y me giré, a tiempo para ver como
un señor de la muerte draugr se levantaba de su tumba. Estaba perdido
Comencé a luchar pero era inútil pues
podía ver y anticipar mis movimientos. Se
me ocurrió entonces una idea. Seguí atacándole
y esquivando; en un momento conseguí cortar su mano putrefacta con mi
espada y así matarlo. Ya acabó todo por ahora. Lo registré y le tomé una tablilla
de piedra con un mapa. ¿Sería un tesoro? Lo guardé y salí de ahí.
Bajé la montaña y le devolví la garra
dorada a Lucano. Me recompensó con cuatrocientos septims. Ya había pasado un
día y medio desde que me desperté en la posada. Hora de dormir. Mañana iré a
Carrera blanca.


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