viernes, 21 de febrero de 2014

Diario de Axell Reth 4


Hoy ha sido un día increíble. Sigo confuso por los acontecimientos transcurridos. No entiendo que ha pasado así que os lo cuento. Todo ha empezado bien. Me desperté en Cauce Boscoso y me puse en camino hacia Carrera Blanca. El camino era precioso. Adoro el monte y los caminos al lado del río. Pasé por una destilería y una granja en la que… ¡maté un gigante! Increíble, ¿verdad? Fue tras eso cuando unos guerreros que afirmaban ser de los compañeros, una orden de mercenarios, me dijeron que podría unirme a ellos. Quizá lo haga. Sólo he de ir a Jorrvaskr y hablar con el heraldo de la orden.
Avancé hacia Carrera Blanca y encontré un campamento de Khajiitas a un lado del camino. Uno de ellos se llamaba Ri’saad y echaba de menos su hogar, Elsweyr. Yo también añoro la vida tranquila en Cyrodiil. Antes de entrar en Carrera Blanca unos guardias me explicaron que no podía pasar a causa del ataque de los dragones. Yo les dije que estuve en Helgen y me hicieron pasar a ver al jarl.
Al entrar en Carrera Blanca pude comprobar la tensión que había a causa de la rebelión de los Capas de la Tormenta cuando oí hablar a un hombre que llevaba un uniforme imperial. Era del clan Batallador y, según parece, están en completa pelea con el clan Melena Gris por cuestiones políticas. Los Batallador, desde siempre amigos de los Melena Gris, se habían enfrentado a estos porque apoyaban al imperio y los Melena Gris apoyaban a los Capas de la Tormenta.
Al final de la calle están el mercado y la posada.










Subiendo una escalinata podemos encontrar el Verdeoro un árbol que nació, prácticamente, a la vez que Carrera Blanca.
A la izquierda de este se sitúa el templo de Kynareth, una de los ocho divinos, la del aire, la naturaleza y los animales.
A la derecha del Verdeoro está el gran salón Jorrvaskr, sede de los Compañeros.
Subiendo por otras escaleras podemos ver la forja del cielo donde Eorlund Melena Gris forja el mejor acero de Skyrim.
Hay un altar de Talos, Tiber Septim que ascendió a los cielos como divino de la guerra, bajo las escaleras que conducen a Cuenca del Dragón
En lo alto de Carrera Blanca está situado el gran palacio del jarl llamado Cuenca del dragón porque en sus inicios se utilizó para retener un dragón.
El jarl de Carrera Blanca es el jarl Balgruuf el grande.
Hablé con él y estaba interesado en la seguridad de Carrera Blanca. Me pidió que hiciera algo por Farengar, el mago de su corte. Fuimos a su laboratorio y mi trabajo era traerle una tablilla del Túmulo de las Cataratas Lúgubres, en el que había estado y casi no salgo vivo. Recordé haber encontrado una tablilla en el cuerpo del señor de la muerte draugr que me había encontrado. Se la enseñé y era esa así que se la di. Escuché unos gritos al otro lado del salón. “Un dragón”, gritaban. Fui a ver y resulta que había un dragón en la atalaya este. Sin sabes cómo ni por qué estaba inmiscuido en darle caza. No estaba seguro de si sería o no mi final así que fui con Irileth, la edecán del jarl Balgruuf, y más guardias de Carrera Blanca.
Al llegar a la atalaya este nos la encontramos destruída. Tuve que buscar supervivientes en su interior y, con todos a salvo, vino el dragón. Era enorme y sus escamas duras como la piel. Lanzaba fuego por la boca y sus ojos tenían un tono siniestro. Los arqueros lanzaron flechas. El dragón quemaba todo con su aliento y estuve a punto de ser carbonizado. Tras un rato volando aterrizó y esa fue la oportunidad que necesitaba. Apreté los puños y corrí hacia él. Salté sobre su cuello y comenzó a volar para deshacerse de mí. Tuve que soltar una espada para poder sujetarme y, con la otra mano, le cortaba la cara. Lo dejé tuerto y tuvo que  aterrizar bruscamente tirándome a mí al suelo. Agarré la espada que había soltado y lo ataqué dando el golpe de gracia.
Una vez muerto se desintegró su cuerpo y algo extraño pasó. Una energía azul y rojiza salió de su cuerpo y entró en el mío. Los soldados, perplejos por lo que sucedía, me dijeron “Tú eres sangre de dragón”. Yo no sabía qué era eso así que lo pregunté. Resulta que las personas que son Sangre de Dragón tienen el poder de robar almas de dragones y usar el Thu’um, el grito, la voz de los dragones, sin haberla aprendido. Me pidieron que ejecutara un grito y al instante en mi cabeza apareció algo parecido a las palabras de un hechizo. Lo grité; “Fus” y pudieron comprobar que yo era Sangre de Dragón.
Estaba muy confuso. El destino me había guiado a Skyrim por algo; ¿sería esto? Todo había cambiado. ¡Había matado un dragón! ¡Por los dioses! Y lo que es más; tengo un poder divino dentro de mí. No sé si debería seguir por el camino al que las cosas me guian. Podría ir a Soledad, Markrath, o Riften y vivir tranquilo. ¿Qué está pasando?
Fui a ver al jarl y, tras contarle lo ocurrido, me dijo que los Barbas Grises, unos monjes relacionados con la voz, me estaban llamando. Debía ir a Alto Hrothgar y hablar con ellos.
Ahora estoy en la posada La Yegua Abanderada en Carrera blanca. Llevo un rato pensando. No voy a ir a Alto Hrothgar aún. No soy capaz; es decir, no estoy preparado para enfrentarme a dragones ni nada así. Joder soy un campesino no sé qué hacer o si soy un héroe. Sólo quiero tranquilidad. Lo que voy a hacer es entrenarme y aprender a luchar y entonces iré con los Barbas Grises. Voy a ir al norte; a Hibernalia. Me matricularé en la escuela de magos y aprenderé a luchar con magia. Sé que es cobarde pero necesito aclararme las ideas.
Hasta la próxima.

Axell

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