Hoy ha sido un día increíble. Sigo
confuso por los acontecimientos transcurridos. No entiendo que ha pasado así
que os lo cuento. Todo ha empezado bien. Me desperté en Cauce Boscoso y me puse
en camino hacia Carrera Blanca. El camino era precioso. Adoro el monte y los
caminos al lado del río. Pasé por una destilería y una granja en la que… ¡maté
un gigante! Increíble, ¿verdad? Fue tras eso cuando unos guerreros que
afirmaban ser de los compañeros, una orden de mercenarios, me dijeron que
podría unirme a ellos. Quizá lo haga. Sólo he de ir a Jorrvaskr y hablar con el
heraldo de la orden.
Avancé hacia Carrera Blanca y
encontré un campamento de Khajiitas a un lado del camino. Uno de ellos se
llamaba Ri’saad y echaba de menos su hogar, Elsweyr. Yo también añoro la vida
tranquila en Cyrodiil. Antes de entrar en Carrera Blanca unos guardias me
explicaron que no podía pasar a causa del ataque de los dragones. Yo les dije
que estuve en Helgen y me hicieron pasar a ver al jarl.
Al entrar en Carrera Blanca pude comprobar
la tensión que había a causa de la rebelión de los Capas de la Tormenta cuando
oí hablar a un hombre que llevaba un uniforme imperial. Era del clan Batallador
y, según parece, están en completa pelea con el clan Melena Gris por cuestiones
políticas. Los Batallador, desde siempre amigos de los Melena Gris, se habían
enfrentado a estos porque apoyaban al imperio y los Melena Gris apoyaban a los
Capas de la Tormenta.
Al final de la calle están el mercado
y la posada.
A la izquierda de este se sitúa el
templo de Kynareth, una de los ocho divinos, la del aire, la naturaleza y los
animales.
A la derecha del Verdeoro está el
gran salón Jorrvaskr, sede de los Compañeros.
Subiendo por otras escaleras podemos
ver la forja del cielo donde Eorlund Melena Gris forja el mejor acero de
Skyrim.
Hay un altar de Talos, Tiber Septim
que ascendió a los cielos como divino de la guerra, bajo las escaleras que
conducen a Cuenca del Dragón
En lo alto de Carrera Blanca está
situado el gran palacio del jarl llamado Cuenca del dragón porque en sus
inicios se utilizó para retener un dragón.
El jarl de Carrera Blanca es el jarl
Balgruuf el grande.
Hablé con él y estaba interesado en
la seguridad de Carrera Blanca. Me pidió que hiciera algo por Farengar, el mago
de su corte. Fuimos a su laboratorio y mi trabajo era traerle una tablilla del
Túmulo de las Cataratas Lúgubres, en el que había estado y casi no salgo vivo.
Recordé haber encontrado una tablilla en el cuerpo del señor de la muerte
draugr que me había encontrado. Se la enseñé y era esa así que se la di.
Escuché unos gritos al otro lado del salón. “Un dragón”, gritaban. Fui a ver y
resulta que había un dragón en la atalaya este. Sin sabes cómo ni por qué
estaba inmiscuido en darle caza. No estaba seguro de si sería o no mi final así
que fui con Irileth, la edecán del jarl Balgruuf, y más guardias de Carrera
Blanca.
Al llegar a la atalaya este nos la
encontramos destruída. Tuve que buscar supervivientes en su interior y, con
todos a salvo, vino el dragón. Era enorme y sus escamas duras como la piel. Lanzaba
fuego por la boca y sus ojos tenían un tono siniestro. Los arqueros lanzaron
flechas. El dragón quemaba todo con su aliento y estuve a punto de ser
carbonizado. Tras un rato volando aterrizó y esa fue la oportunidad que
necesitaba. Apreté los puños y corrí hacia él. Salté sobre su cuello y comenzó
a volar para deshacerse de mí. Tuve que soltar una espada para poder sujetarme
y, con la otra mano, le cortaba la cara. Lo dejé tuerto y tuvo que aterrizar bruscamente tirándome a mí al suelo.
Agarré la espada que había soltado y lo ataqué dando el golpe de gracia.
Una vez muerto se desintegró su
cuerpo y algo extraño pasó. Una energía azul y rojiza salió de su cuerpo y
entró en el mío. Los soldados, perplejos por lo que sucedía, me dijeron “Tú
eres sangre de dragón”. Yo no sabía qué era eso así que lo pregunté. Resulta
que las personas que son Sangre de Dragón tienen el poder de robar almas de
dragones y usar el Thu’um, el grito, la voz de los dragones, sin haberla
aprendido. Me pidieron que ejecutara un grito y al instante en mi cabeza
apareció algo parecido a las palabras de un hechizo. Lo grité; “Fus” y pudieron
comprobar que yo era Sangre de Dragón.
Estaba muy confuso. El destino me había
guiado a Skyrim por algo; ¿sería esto? Todo había cambiado. ¡Había matado un
dragón! ¡Por los dioses! Y lo que es más; tengo un poder divino dentro de mí.
No sé si debería seguir por el camino al que las cosas me guian. Podría ir a
Soledad, Markrath, o Riften y vivir tranquilo. ¿Qué está pasando?
Fui a ver al jarl y, tras contarle lo
ocurrido, me dijo que los Barbas Grises, unos monjes relacionados con la voz,
me estaban llamando. Debía ir a Alto Hrothgar y hablar con ellos.
Ahora estoy en la posada La Yegua Abanderada
en Carrera blanca. Llevo un rato pensando. No voy a ir a Alto Hrothgar aún. No
soy capaz; es decir, no estoy preparado para enfrentarme a dragones ni nada
así. Joder soy un campesino no sé qué hacer o si soy un héroe. Sólo quiero tranquilidad.
Lo que voy a hacer es entrenarme y aprender a luchar y entonces iré con los
Barbas Grises. Voy a ir al norte; a Hibernalia. Me matricularé en la escuela de
magos y aprenderé a luchar con magia. Sé que es cobarde pero necesito aclararme
las ideas.
Hasta la próxima.
Axell









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