martes, 20 de mayo de 2014

Sinfonía

Escuchen los trinos de los violines, los gritos de los niños y los llantos de los ángeles. Todo comienza, sucede y acaba. Este lugar; este mundo, donde los inocentes pecan y los culpables dirigen la sinfonía, llora; rompe en llanto al ver el dolor  marchar por la calle; al ver cómo los peones son dirigidos a una muerte inminente mientras el rey se esconde detrás de mil escudos; donde la fuerza, la maldad y la iniquidad son todo lo necesario para alcanzar la cima. Este mundo llora; el pasado sangra y el futuro se derrumba ante los gritos de los llorosos niños. La gloria de los héroes se ha perdido en un mar de recuerdos ya olvidados. La diosa razón nos da la espalda; vivimos en un mundo maniático, loco y perverso. O luchas o mueres. Los alados tapan sus ojos para no ver el caos en el que nuestro mundo se ha sumido. ¿Dónde quedan las risas inocentes de los niños? ¿Dónde quedan los valores por los que hemos luchado durante siglos?  ¿Aún hay gente que los busque? Luchad y morid; a manos del director; del maestro de ceremonias. ¿Somos algo más que marionetas en una guerra de titanes? Bienvenidos a este lugar; al lugar donde mueren los sueños y se apagan las esperanzas; a este cementerio de inocencia, justicia y amor. Bienvenidos a la sinfonía; al réquiem por la libertad. Tomad asiento y escuchad la triste sinfonía de los violines; escuchadla y llorad pues jamás podréis cambiar una sola nota.

viernes, 16 de mayo de 2014

Dios te salve María

“Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.”
Hoy quiero rezar una oración por la madre. ¿Hay algo más preciado que su amor? No hay nadie en el mundo que te quiera tanto como tu propia madre. Lucha por ti en cada momento; te apoya; te consuela en los peores momentos. ¿Quién no ha llorado en el regazo de su madre alguna vez? Hay veces, durante nuestra vida, que no nos damos cuenta de lo que tenemos. Las tratamos bien pero nunca será suficiente. ¿Alguna vez le habéis dicho a vuestra madre que la queréis o que le agradecéis todo lo que ha hecho por vosotros? No sé si os daréis cuenta de ello hasta que esta desaparezca. Será entonces cuando lloraréis; suplicaréis que vuelva, pero será demasiado tarde.
María, madre de Dios, madre de todos, vio cómo su hijo cargaba con su propia cruz, vio cómo lo crucificaron, vio como suplicaba la muerte y lo vio morir. ¿Hay algo más doloroso en el mundo? ¿Hay algo más doloroso que ver morir a tu propio hijo? Creedme; no lo hay. No hay nada que una madre más tema que a sobrevivir a su hijo. ¿Creéis que alguien puede soportar ver morir al fruto de sus entrañas; a la persona a la que ha visto nacer, crecer, reír, llorar, a la que ha consolado mil veces contra su pecho, a la que ha acompañado durante todo el camino, a la que ha prestado su mano, a la que ha enseñado lo mejor de sí misma, a la que ha amado como a ella misma?
Este texto va dirigido a todas las madres del mundo y, en especial, a la mía. Porque has sido mi madre, la mejor madre que hubiera podido tener y te lo agradezco.

Te quiero, mamá.

domingo, 11 de mayo de 2014

Escena 3

El marido entró en casa. Golpeó brutalmente la puerta y la cerró con un portazo. La mujer salió de su dormitorio. “Lucas” gritó. Fue entonces cuando el marido, enloquecido por el crack y el alcohol, comenzó a golpearla. La agarró, la lanzó contra la pared rompiendo una bonita foto familiar que había colgada, la pateó hasta hacerle sangrar por la boca. Ella gritó. Entonces sus dos hijos de cinco y ocho años aparecieron. El marido, en estado frenético, los agarró y golpeó. La mujer no aguantó más.
“¡Párate de una puta vez! —gritó— He aguantado nueve jodidos años tus golpes, tus llegadas a las tantas de la madrugada drogado, tus violaciones, tus comas etílicos incluso que me rompieras costillas y demás huesos. He luchado como una esclava para que este hogar siguiera adelante y tú sólo bebías y bebías. Me da igual que me pegues, me insultes o me violes; pero lo que no voy a aguantar nunca es que hagas daño a nuestros hijos. Así que ahora márchate de aquí y no se te ocurra volver. —dijo cogiendo una escopeta.”
“Dispárame pues este es mi hogar y estos son mis putos críos a los que pego si quiero y tú no eres nadie para decirme qué hacer, sucia zorra.”

Bum.

viernes, 9 de mayo de 2014

XXI

Puedo sentirte; puedo verte a mi lado. Como si la distancia no importase; como si la tierra dejase de girar una vez de otra en pos. Puedo sentir tu piel, tus labios. Puedo ver tu alma a través de tus ojos. Puedo ver el universo a través de tus oscuras pupilas. Tú eres mi luna, mi Sol y mis estrellas. Desearía pasar todo un instante a tu lado. Un instante eterno. Desearía que el tiempo se parase en cada beso, cada caricia o cada abrazo. Eres tú quien siempre ha estado ahí. Eres tú quien me ha apoyado en los momentos buenos y malos. Eres tú quien aparece de la nada con un saco de amor, besos y caricias. Eres tú quien me hace reír cada instante por las cosas más estúpidas. Eres tú y sólo tú la persona a la que amo. Por cada instante, cada beso, cada abrazo o cada lágrima. Te amo por todo lo que has hecho por mí. Te amo por tratar de entenderme y por aceptarme. Te prometo que cuidaré de ti. Te prometo que te haré feliz. Te prometo que te haré llorar y reír. Te prometo que el Movekil nunca caerá pues es lo que soy y lo que siento. Sólo y totalmente Movekil.

jueves, 8 de mayo de 2014

Grita

Grita. Por tu libertad. Por tu igualdad. Por tu integridad. ¡Grita! Demuéstrale al mundo que tú no eres un simple mortal. No eres una simple ilusión que nace y se desvanece para siempre a lo largo de los años. ¡Grita! Pues tú tienes el poder. Sólo tú. Tu vida es tuya y de nadie más. Nadie podrá jamás controlarte. Nadie podrá someterte. Se dueño de tu destino; se dueño de tu gloria. Vive, sonríe, grita y ama; pero, sobre todo, deja un legado en este mundo. Jamás permitas que el tiempo silencie tu jodido recuerdo; ¿lo entiendes? ¡Nunca! Nunca caigas de rodillas ante nadie. Nunca te arrepientas. ¡Grita! Tú eres el amo. Tú eres el dios de tu vida. Lucha por lo que deseas y jamás te dejes vencer. Nunca seas cruel o cobarde, nunca jamás te rindas o claudiques. Lucha por aferrarte a lo que amas. Lucha hasta que no te quede un ápice de fuerza. Lucha hasta que la puta muerte venga a arrancarte el alma de tus dedos inertes. Se fuerte, se ingenioso, se benevolente, se una persona más y, como tal, lucha por tu hueco en este mundo. Me suda la puta polla que seas un rey o un mendigo. Todos somos iguales. Todos somos humanos. Todos somos dioses. Todos luchamos por la puta libertad e igualdad que nos merecemos. No dejes que unos gilipollas vestidos de oro te digan qué hacer o cómo ser. Se tú mismo y a la mierda los demás. Lucha, esfuérzate, cae y levántate, llora y sonríe pero, sobre todo; ¡GRITA!

Angelus Umbrarum 8


Los gritos de Sora despertaron a toda la habitación. “¿Qué pasaba? Se preguntaba Alejandro y Lucio no sabía qué hacer. Alejandro, que siempre sabía qué hacer, se quedó bloqueado ante tan desgarrador sonido. Lucio quería hacer algo pero no sabía el qué ni cómo. Se quedó paralizado viendo cómo a su amo lo martirizaba un sueño. Reidar fue el único que mantenía la calma. Con decisión caminó hasta la cama del joven y le asentó una tremenda bofetada. Tamaño golpe hizo a Sora despertar. El joven estaba aterrado por su pesadilla pero trató de recomponerse.
—    ¡Sora! ¡Dime qué has visto!
—    Alejandro, no le fuerces —repuso Lucio—. Está muerto de miedo, ¿no lo ves?
Reidar se puso por medio y contuvo a Sora acostado mientras trataba de calmarle.
—    Eh, eh. Tranquilo, Sora. Estoy aquí.
—    Agh…
—    Tsss… —contuvo— Mírame a los ojos. ¿Me ves?
—    Sh… sí…
—    Estoy calmado. Tranquilo. Ya estás bien —pronunció con una suave voz mientras lo abrazaba— Respira.
—    Gracias —apretó sus manos contra los fuertes hombros de Reidar—. No me sueltes.
Tras unos segundos de calma Reidar se incorporó y miró a Sora sonriente.
—    Cuéntame qué pasó.
—    Escuché a alguien —titubeó—; tenía una voz… ¿cómo decirlo?; corrompida, rasgada, de maníaco.
Las miradas de Reigar y Alejandro se oscurecieron. Reigar miró a Lucio y Alejandro, quienes estaban sentados en una cama y pudo ver el rostro nublado del padre de Sora. Ambos asintieron casi al unísono. Lucio se asustó al verlo. “¿Qué es lo que saben y no dicen?” Se preguntó.
—    ¿Qué pasa?, ¿qué me ocultáis? —preguntó Sora exaltado.
—    Lo siento, Sora. No podemos decírtelo aún —respondió Alejandro—. Debemos hablar él y yo en privado.
Ambos salieron de la habitación dejando a Lucio y Sora solos.
—    Sora, ¿estás bien?
—    Lo estoy pero no quiero que pase más.
—    Tranquilo, estoy aquí y no me iré de tu lado.
Lucio abrazó a Sora lo más fuerte que pudo. Sora se sintió agusto y un tanto desconcertado. Con sus manos acarició el suave y oscuro cabello de Lucio mientras sentía el aliento de su mejor amigo en el cuello.
—    Si… si tan sólo pudiera… estar así toda mi vida —musitó Sora.
Lucio lo apretó con más fuerza.
—    Si tan sólo pudiera estar así toda la eternidad.
—    ¿Hmn?
—    Sora; quiero estar siempre a tu lado y no separarme nunca. Quise ser tu siervo para poder estar contigo. Desde que te conocí y te di ese gorro de lana que perdiste hace tres años en el claro. Ese gorro que te acompañaba a todas partes y que al perderlo te volviste loco. Fui tu amigo y ahora tu esclavo pero las cosas no han cambiado y lo que siento por ti tampoco. Quiero despertarme cada mañana y sentir tu cuerpo pegado al mío. Esperar a que despiertes y poder besarte antes siquiera de que abras los ojos. Quiero sentir tu largo cabello entre mis dedos y tu sonrisa acariciando mi alma. Quiero vivir contigo; quiero explorar y conocer el mundo que existe. Quiero que sonrías cada vez que escuches mi nombre. Quiero luchar a tu lado. Quiero saber qué sientes en cada momento. Desde que comenzamos este viaje todas nuestras vidas han cambiado. Hemos ido al inframundo; hemos conocido a tu padre, que es un dios; has matado a gente por mí y me has salvado la vida. Y en todo momento he estado a tu lado. Cada momento, cada segundo de este viaje ha hecho que mis sentimientos crezcan. Te amo, Sora; y, aunque, tras esto, me odies, te amaré hasta mi último aliento.
—    Lu… Lucio… —murmuró.
Lucio puso el dedo índice bajo el mentón de Sora y lo besó. Sora estaba confuso pero era cierto que quería a Lucio.
—    Quiero… que me abraces… No lo entiendo muy bien pero… de alguna forma… quería que esto llegaría. Simplemente no… no lo imaginé así. Es extraño; no sé, al fin y al cabo somos hombres.
—    Idiota —sonrió Lucio—. Te quiero y quiero abrazarte toda la noche y la mañana que prosigue a esta. Quiero hacerte feliz, Sora; quiero que seas feliz a mi lado toda tu vida.
—    Mi vida será muy larga, Lucio.
—    Haré que la mía lo sea también.
Sora miró a lucio una vez más. Quería ver el rostro de Lucio lleno de seguridad y calidez.
—    Nunca me he sentido así. ¿Por qué va el corazón tan deprisa?
—    Tsss —lo abrazó—. Sólo siente mis brazos rodeándote, mi voz cálida rozando tu dulce cuello y mis dedos acariciando tu cabello. ¿Hay alguna sensación más hermosa que la que siempre deseé? La persona a la que amo se encuentra entre mis brazos al fin —miró a los ojos de Sora—. Te amo.
Sora estaba confuso. No lo entendía del todo. Todo su mundo estaba cambiando en ese momento. Sora besó a Lucio y lo llevó a su cama donde ambos quedaron dormidos juntos.
Al día siguiente se pusieron en camino hacia Hakiro. Sora deseaba poder tener la oportunidad de ver a la reina asomada al balcón del Palacio Celeste.
Les quedaban dos días para llegar cuando, atravesando un bosque, divisaron unas ruinas. Eran comunes en Náltraga. Había tumbas de soldados muertos en batalla, templos, cuevas, etc. Alejandro pudo ver cómo  salía de Sora una especie de luz purpúrea. Conjuró un escudo inhibidor alrededor de Sora mas ya era demasiado tarde. Una horda de cadáveres andantes se corrían —a su manera— hacia el grupo con hachas y espadas.
—    ¿Alguien quería divertirse —Reidar miró a Sora—? Pues aquí está el circo.
—    Si las he liberado yo, ¿por qué me atacan?
—    Porque tú no las controlas.
Sora miró a Alejandro preocupado por lo que había afirmado pero su mente se centró rápidamente en atacar a los muertos.
—     Deberíamos matarlos otra vez pero son demasiados.
—    No funcionaría. Habría que cortarles las piernas y brazos y aún estos se moverían. Hay que extraerles el alma, Sora —Alejandro miró a las decenas de cadáveres que salían mientras apoyaba una mano en el hombro del asustado Sora.
—    Lo haré.
Sora recordó velozmente la técnica mientras colocaba su brazo izquierdo erguido en dirección a la horda. Sora comenzó a temblar. Estaba recurriendo a un poder inmenso.
—    ¡Seth-Riah…! —gritó con todas sus fuerzas mientras se retorcía de dolor.
El alma de todos ellos se extrajo en los primeros segundos pero algo bloqueó la absorción. Sora cayó de rodillas al suelo.
—    No… puedo… Es demasiado.
—    Algo te bloquea y no te deja absorber. Estamos en un gran problema.
—    Dadme el cuerno.
—    No. Sora, no puedes; es demasiado poderoso —negó Reigar.
—    No os absorberé si es lo que pensáis.
—    Pero mataría al bosque. Además es mucho poder atravesando un cuerpo semihumano.
—    ¡Que me lo des!
Reigar entregó el cuerno a Sora que apenas podía mantenerse en pie. Sora colocó su brazo alzado hacia el cielo y con la mano abierta; Alejandro conjuró una inhibición de alto nivel rodeando al resto y Sora sopló el cuerno tres veces. Cientos, miles de almas de cientos de colores se alzaron hacia el cielo y cayeron en el cuerno y, tras eso, fueron a parar al PCOET. Sora cayó inconsciente. Ese bosque desde entonces pasó a llamarse “Arboleda del soplo del hombre muerto”.
Sora despertó en una cama. ¿Dónde estaba? Se giró y vio a Lucio observándolo. Se sobresaltó.
—    ¿Dónde estamos?

—    En Hakiro. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Historia de una escalera

Qué rápido pasa el tiempo, ¿verdad? Aún puedo recordar cuando me construyeron. “Será el más avanzado instituto de la zona”, decían; sin embargo, el tiempo pasa presto para los ojos de los que sabemos mirar. Miles de historias han acaecido dentro de estos muros; miles de alumnos han pasado por mis peldaños, con prisa o tranquilos, gritando, llorando o riendo, enamorados o destrozados; pero, hay una historia, la de un joven, que me cautivo y, en cierto momento, me hizo sonreír, es decir, si tuviera boca lo hubiese hecho.

Todo comenzó en septiembre de 1994; un joven alto, rubio y de triste mirada vino a estudiar aquí; su nombre era Leif Sadri. Al principio no tenía amigos, se sentaba solo en mis peldaños y dibujaba retratos de hombres. Tamaña habilidad poseía para dibujar que asaz maravillado me tenían. Nunca hablaba así que me era imposible saber de quién eran tales retratos. Jamás había estado tan interesado en algo; decenas de retratos, cada uno de un hombre diferente. Aún puedo recordar todas esas caras plasmadas en folios blancos de un cuaderno. ¿Eran acaso fantasmas del pasado?, ¿o sueños de un desconcertante futuro?
Pasaron dos años, en los que vi a ese joven sentarse solo sobre mí, hasta que al tercer año de secundaria, ya muy cambiado y con el rostro serio, aquel joven dejó de sentarse solo todo el tiempo. Un señor alto, fuerte, barbudo y rubio se sentaba con él ciertos días. Se trataba de Eiliv Cesennio, el profesor de filosofía que había llegado ese año al instituto. Se sentaban y charlaban y, por un momento, podía ver a Leif sonriente. Hablaban de que Leif no tenía amigos y de que era adoptado. Quería buscar a sus padres pero no se atrevía. Eiliv lo animaba afirmando que sería lo mejor. El año acabó pero su extraña amistad duraría mucho tiempo más.
El curso siguiente Leif conoció a alguien. Otro muchacho que empezaba la secundaria y que tampoco tenía amigos; Geir Stephen, un joven de baja estatura, pelo castaño, ojos verdes e impenetrable cual castillo. Leif tardó meses en hacerle pronunciar una mera palabra pero, tras esto, ambos se hicieron inseparables. Lo compartían todo y, de ven en cuando, Eiliv se unía para charlar con ellos. Pese a tener un amigo, Geir no se sentía “lleno” por así decirlo; tenía problemas en casa, en el instituto y era repudiado por todo el mundo. Acabó el año y Leif había conseguido un amigo a la vez que su admiración por su profesor aumentaba cada segundo.
Al fin llegamos a primero de bachiller para nuestro joven. Resultó un año harto nefasto para nuestro joven pues las desdichas ocurridas a lo largo de dicho año lectivo trascienden lo inverosímil. Su rostro serio e impenetrable había desaparecido para dar paso a una sonrisa tan bella como las flores primaverales; Leif había florecido. Tenía un amigo, sin embargo su intención de buscar a sus padres no trascendía la mera idea que tenía. Durante dicho año buscó su origen en la agencia de adopción de la que había salido pero no encontró nada. Eiliv trataba de aconsejarle sobre este tema mas no avanzaron en absoluto. Sobre mitad de año cambió todo; el declive de nuestra flor había comenzado. Cierto día de enero unos jóvenes del instituto dieron una paliza a Geir cuando salía de clase. Pese a que fueron ajusticiados por semejante acto, Geir cayó en una terrible depresión de la que no salió. No iba a clase ni comía y Leif no sabía qué hacer. Un día de abril, el cual recordaré hasta ser un montón de escombros en un sucio vertedero, Geir se dirigía hacia mí, donde Leif dibujaba sentado. Geir tenía unas terribles ojeras tras haberse pasado días sin dormir, Leif señaló que “parecía un panda”. Geir se dirigía a la azotea, quería poner fin a tamaño pozo de sombras en el que se había convertido su vida. Leif, naturalmente, se negó y esto dio comienzo a una gran discusión que duró cerca de cinco minutos. Finalmente, y tras haberlo meditado, Leif le dejó pasar. Dos minutos después el cuerpo sin vida de Geir yacía sobre las losas de piedra de la calle. Sus sombras habían desaparecido. Leif se sumió en una confusión de la cual no pudo salir sin la ayuda de Eiliv, su profesor.
Comenzó finalmente el último año de Leif en el instituto. Tras la muerte de su amigo se centró en buscar a sus padres. Eiliv lo apoyaba y para Leif era su único sustento. Ya comenzado el curso Leif supo la verdad sobre sus padres. Habían muerto. Su madre murió al dar a luz pero su padre era otro caso aparte. La verdad cuando se lo oí decir me dejó boquiabierto. No la entendí mas era imposible, debía ser falso. Su padre fue uno de los más temibles asesinos en serie que hubo en estos lares. Se dice que mató a cuarenta personas de las formas más horribles que se imaginó. Mataba a personas que, según él, eran malas, es decir, asesinos, ladrones, etc. Murió mientras lo perseguían por el mar. Hicieron estallar su barca y su cadáver desapareció con ella; se hizo pedazos. Leif, aterrado, acudió a Eiliv, quien le prestó su apoyo y se convirtió en el padre que no podía tener. Pasaron  los meses y llegó la graduación. Leif se había matriculado en filosofía, quería ser como su profesor. Cuando acabó de recoger su graduado se sentó con Eiliv sobre mis peldaños. Leif era un joven hecho y derecho con una larga melena rubia y un traje negro. No era el mocoso de 1994. Profesor y alumno charlaron sobre este centro y lo que habían pasado juntos aquí. Hubo un momento en el que Eiliv tragó saliva. Le entregó una carta a Leif que, según él, aclaraba muchas cosas. Yo pensé que era una carta de amor y tal vez fuese cierto. Era una prueba de ADN que afirmaba que Eiliv era el padre de Leif. El muchacho se asustó de gran manera. No supo cómo reaccionar pues estaba asustado y, de cierta manera, aliviado.

Diez años después Leif volvió a este instituto como profesor de filosofía. Ya era un hombre hecho y derecho con el pelo más corto y una amplia sonrisa, pero aún poseía esa mirada de desconcierto y temor de siempre. Eiliv y Leif, padre e hijo, dieron clase como compañeros hasta que Eiliv se jubiló y Leif continuó hasta que decidieron construir un nuevo centro. Lo que más me apasiona es que cada día se sentaba sobre mí a almorzar; con su traje negro y su amplia sonrisa comía una manzana cada día. Ya no necesitaba dibujar la cara de su padre pues, por suerte o desgracia, ya lo había encontrado.
El tiempo pasa y nunca sabemos qué puede pasar. Como dije al principio he sido testigo de muchas historias y vosotros seréis testigos de tantas o más que yo. Observad cómo cambia la gente, las ciudades o el transcurso de los acontecimientos para saber qué quiero decir con esta historia. Ya escucho las taladradoras.

Corred, corred chicos listos y recordadme.