martes, 30 de septiembre de 2014

Gaara

La historia de Gaara. 
Tributo a Naruto.


Cuando nací maté a la mujer a la que llamaban “mi madre”. Para convertirse en el ninja definitivo mi padre utilizó una técnica para ligar a mí una encarnación de arena. Fui un monstruo desde que nací. Siempre estuve solo, toda mi villa, todos los habitantes de la Villa Oculta de la Arena me odiaban por ser lo que era. Me dolía. Intenté hacerme daño más de una vez pero era inútil; la arena me protege de cualquier daño pero me seguía doliendo. Yashamaru siempre me cuidó. Siempre estaba a mi lado y me protegía de todo y de todos pero, por más que lo intentaba, no podía hacer que me sintiera siempre bien. Con él podía llegar a sentirme aceptado, a sentirme querido por alguien cuando nadie más lo hacía. Él era especial, siempre me quiso pese al monstruo que llevaba dentro. Una vez me vio intentar clavarme un cuchillo. Todavía no sé bien por qué lo intentaba una y otra vez, no sé por qué intentaba hacerme daño cuando siempre un chorro de arena lo impedía; quizá tuviera siempre la certeza de que no iba a suceder nada o tal vez tuviera la esperanza de que el cuchillo se clavara de verdad y ese fluido rojo saliera de mí; eso significaría que yo era normal, pero nunca sucedió eso. Cuando Yashamaru me vio intentar clavármelo le pregunté algo que siempre había querido saber pero que jamás tuve el coraje de preguntar: “¿Te duelen las heridas?”; a lo que Yashamaru respondió: “Un poco, pero se curan enseguida”. La respuesta de mi amigo hizo que mi curiosidad me picara un poco más y una pregunta surgió dentro de mi mente. Con una tremenda sensación de inseguridad le pregunté: “¿Cómo es el dolor?”. Me miró con unos ojos pensativos y continué; “Nunca me han hecho daño y por eso me lo preguntaba…”. Su voz se tornó tenue y sus palabras se entorpecieron cuando me respondió: “¿Cómo podría explicárselo?” pensó en voz alta “Sufres mucho, muchísimo… Cuando una persona recibe un disparo o se corta se pone muy malito y no puede pensar con claridad. No sé explicarlo bien —añadió—, pero no es la mejor condición en la que encontrarse”. ¿Era eso cierto? ¿Estaba Yashamaru sufriendo por los cortes que tenía en ese momento? ¿Estaba Yashamaru sufriendo por las heridas que yo le había hecho? “Yashamaru, ¿me odias?” Pronuncié. “Verás —dijo él—; durante el curso de la vida, las personas le hacen daño a los demás y se hacen daño; pero, es difícil odiar a alguien.” Me sentí bien al oír que no me odiaba. Me sentí querido, tal como pocas veces en mi vida me he sentido. Le agradecí lo que acababa de decir y le dije que entendía qué significa el dolor. “A lo mejor yo también estoy herido, como todos los demás —añadí—. Siempre me duele aquí —dije agarrándome el corazón—. No estoy sangrando, pero tengo una sensación extraña en el pecho…”. Yashamaru se acercó, tomó mi cuchillo y se hizo un corte en el dedo. Quedé sorprendido ante tal acto; ¿por qué alguien querría hacerse daño? Su sangre goteaba y me sentí extraño. “La carne herida sangra y puede que parezca doloroso; pero, a medida que pasa el tiempo el dolor desaparece. Si utilizas alguna medicina se cura incluso antes; pero las peores heridas son las de tu propio corazón. Esas son difíciles de curar” me explicó. “¿Una herida en el corazón?” pregunté. “Una herida en el corazón es distinta a una herida en la carne —continuó—. Las heridas en el corazón no tienen medicina para curarlas y hay veces que nunca se curan. Pero hay una cosa que puede curar una herida en el corazón. Es una medicina un tanto molesta y sólo puedes recibirla de otra persona” sus palabras me hacían sentirme más interesado por momentos y un atisbo de esperanza brotó en mí. ¿Podría curar la herida en mi corazón? “¿Cómo puedo curarla?” pregunté con interés. “Lo que puede curar una herida en el corazón —respondió— es el amor”. “¿El amor?” pregunté “Y, ¿eso cómo se consigue? ¿Qué debo hacer para curar este dolor?”. “Gaara-sama, ya lo has recibido” dijo mirando el retrato de mi madre “El amor se basa en la devoción hacia alguien que te importa; y se demuestra preocupándote y protegiendo a esa persona; como mi hermana. Sé que mi hermana siempre te amó, Gaara-sama. El Shukaku de la Arena es un alma viviente que se utiliza para el combate. La arena te protege gracias a este amor. Creo que la voluntad de tu madre, mi hermana, se encuentra dentro de la arena —continuó—. Seguro que mi hermana quería protegerte incluso después de su muerte”. Mamá me quería. Tras escuchar eso me sentía con más vitalidad que nunca. Por unos momentos mi dolor había desaparecido gracias a mi tío. Yo era su familia y le importaba. El amor que mi tío me había dado ese día me curó por un instante la herida del corazón.
Ese mismo día le pedí a Yashamaru una medicina y salí corriendo de casa con más fuerza y vitalidad que nunca. Quería disculparme con un chico al que antes había hecho daño sin querer. Corrí todas las calles y callejuelas hasta su casa y llamé al timbre. Cuando abrió le dije que quería disculparme por lo de antes y le ofrecí la medicina pero, sin dejarme terminar me llamó monstruo y me cerró la puerta. Eso hizo que me desanimara. La motivación con la que había ido a su casa había desaparecido. ¿Por qué? ¿Por qué nadie me acepta? ¿Por qué nadie me quiere? ¿Sabéis el dolor que he tenido que soportar todos estos años? ¿Sabéis acaso cómo se siente un niño cuando todos le odian? Esa herida en el corazón se hizo una gran brecha a lo largo de los años y las decepciones.
Llorando y desmotivado volvía a casa. No paraba de pensar en lo solo que estaba. Sólo tenía a Yashamaru, pero quizá debiera conformarme con eso. Quizá debiera aceptar que todos me odian y seguir adelante solo.
Por la calle alguien tropezó conmigo. Era un borracho que no dudó en decirme que me apartara de su camino pero cuando me vio la cara sus ojos, su mirada se tornó como la de aquel niño al que acababa de visitar. No soportaba esa mirada, ese odio aferrado al miedo que sentían al verme. Lo podía ver y era horrible. Por un momento me descontrolé, perdí el control y lo ataqué. El borracho murió y yo seguí mi camino.
Apoyado en una columna de un edificio de la ciudad estaba mi padre, el Kazekage. Él me hizo esto. Él hizo que tuviera este monstruo en mi interior. ¿Me odia? ¿Me odiaba incluso antes de que naciera? Fue él quien me condenó a esta vida de dolor y apartamiento y algún día se lo haré pagar. Algún día le haré responder ante la culpa de mi dolor, me prometí.
Con el corazón doliéndome más y más decidí pararme en el camino y comenzar a pensar. No entendía por qué yo era el único que parecía un monstruo. “¿Acaso no había nadie como yo en el mundo? ¿Era bueno ser temido y odiado por todos? ¿Qué era yo?” Era muy doloroso. Recordé aquellas palabras de Yashamaru “Sólo el amor puede curar una herida en el corazón” y en ese momento me dolía, me dolía mucho.
En un segundo mi llanto paró pues una llevia de kunais acababa de caer sobre mi espalda, siendo parados por la arena. Intentaban… ¿matarme? Alguien a mi espalda estaba preparado para lanzar una segunda lluvia sobre mí. “¿Por qué…? —pensé enfurecido— ¿Por qué soy el único que tiene que pasar por todo esto?” Una segunda lluvia de kunais arremetió sobre mí; pero, esta vez me defendí. Tomé la arena y rodeé el cuerpo de aquel ninja. Lo aprisioné y estrujé hasta que no quedó nada salvo un cuerpo moribundo en el suelo. “¿Quién era? ¿Por qué había intentado matarme? —pensé— ¿Por qué alguien trataría de matar a un niño?”
Mi vista giró hacia un pequeño detalle. Una venda minúscula alrededor de su dedo. No… No podía ser. No podía creerlo. No podía… No. Tragué saliva y me acerqué al cuerpo malherido. Quité la tela que cubría su rostro dejando ver su rubio cabello y su hermosa cara. Era Yashamaru.
“Es usted muy fuerte… justo como imaginaba —musitó—, Gaara-sama” Estaba confuso, muy confuso en aquel momento. Mi tío, el único que me quería había intentado matarme. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. El dolor de mi pecho se agudizó y me sentí más impotente que nunca.  Me arrodillé y comencé a llorar a su lado. Yashamaru apenas podía respirar y seguía sangrando cada vez más. “Por qué…? —pregunté entrecortado por las lágrimas—¿Por qué? Yashamaru, ¿por qué has…? ¿Por qué?” Sus ojos me observaban con una mirada apagada y seria. “¿Por qué? —volví a preguntar— Tú… Tú… Pensaba que eras…”. “Fue una orden —respondió él— Me ordenó matarte. Tu padre…. Kazekage-sama”. Mi padre había intentado matarme. “¿Mi padre…? —susurré— ¿Padre? ¿Por qué? ¿Por qué yo?”. “Tú naciste con el Shukaku de la arena —respondió Yashamaru—, y luego fuiste observado como un conejillo de indias, Gaara-sama. Pero ya no podías controlar el poder del alma viviente, Shukaku, y eras incapaz de manipular la arena a tu voluntad… —continuó— Tu existencia se estimaba como un peligro para la aldea. Antes de que eso sucediera...”. “Entonces —interrumpí—hiciste esto en contra de tu voluntad porque mi padre te lo ordenó…” dije llorando. “No —negó Yashamaru con tono tenue—, eso no es verdad. Es verdad que recibí la orden de Kazekage-sama; pero, podría haberla rechazado si hubiese querido” aquello me impactó “Gaara-sama —continuó—, en el fondo de mi corazón te odiaba. Te llevaste la vida de mi querida hermana al nacer —añadió—. El recuerdo de mi hermana… Intenté amarte pensando que tú eras su apreciado hijo; pero no pude. Mi hermana no deseó tu nacimiento. Se convirtió en el sacrificio de la aldea, y murió maldiciéndola. Tras eso, cargué con una herida que nunca podría curarse. Mi hermana te puso tu nombre. “El nombre de este niño es Gaara; un asura que se ama a sí mismo, y sólo lucha por sí mismo. Haciendo eso, puede continuar existiendo…” dijo. Tu nombre lleva esos deseos. Pero mi hermana no te puso ese nombre porque te apreciara o te amara. Te puso ese nombre para que pudieras seguir existiendo… porque odiaba y maldecía a esta aldea al morir, y quería que su propio odio existiera y permaneciera… para dejar que otros lo conocieran. No eras amado. Eso es —dijo muriendo —. Por favor, muere”. Yashamaru había muerto, por mi culpa. El dolor me estaba consumiendo y cada vez se hacía más fuerte. Me sentía más solo que nunca. No paraba de pensar en lo que me dijo. Un ser que se ama a sí mismo. El dolor se tornó en ira y estallé de rabia. Recordaba todas las mentiras que Yashamaru me había contado y gritaba. Me habían odiado, apartado y mentido desde antes de nacer. ¿Sabéis acaso cómo me podía sentir?
Tomé la arena con la que había matado a Yashamaru y la incrusté en mi cara, creando una marca, una marca permanente que mostrara qué era yo de verdad. “Amor” pone. Así, cada vez que me viera a mí mismo recordaría qué era yo. Un ser nacido y criado del odio. Un ser que sólo se ama a sí mismo. Un demonio que sólo lucha por sí mismo. Un monstruo. “Eso es gaara… Yo. Por fin lo entiendo; estoy solo. No confiaré en nadie, ni amaré a nadie. Estoy solo. Sí, estoy solo". 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Trevor y la fuente de la esperanza

¿Habéis escuchado alguna vez la historia de Trevor? Era un chico interesante; cada vez que lo golpeaban, pataleaban o humillaban se volvía a poner en pie y decía: “Dadme más.” El chico siempre andaba solo. Iba al instituto y todos le miraban con cara de asco, se apartaban de él y lo llamaban “basura”. Había intentado juntarse con personas con quienes más o menos se llevaba bien pero estas siempre lo rechazaban pues; ¿cómo iban a permitir que un loco desechable como él se juntara con alguien como ellos? Fuera del instituto las cosas iban tan mal o peor. Cada vez que salía a la calle alguien le amenazaba o le pegaba. Tenía miedo de todos. Un día no pudo más y se suicidó. Al día siguiente en el instituto celebraron una despedida y la tutora de su clase pidió a los compañeros de Trevor que hablaran sobre él. Dijeron cosas que llegaron a emocionar tanto a estudiantes como a profesores. Dijeron que siempre lo habían querido y apoyado, que lamentan su pérdida, que siempre habían querido ser amigos suyos y que era la mejor persona del mundo. Al acabar y dejar a todos llorando entró Trevor, quien había fingido su muerte, y dijo: “¿Por qué soy yo el único que no se ha conmovido con vuestras palabras? ¿Por qué soy yo el único que sabe que todas esas palabras son sucias patrañas de unos hipócritas? Vosotros, compañeros, sois los mismos que me llamáis loco y me miráis con cara de asco cada vez que me veis, ¿por qué decís ahora que me apreciáis tanto cuando la verdad es que estáis deseando verme muerto de verdad? Vosotras, compañeras, ¿por qué os lamentáis de no ser mis amigas cuando cada vez que me he intentado juntar con vosotras me habéis rechazado como, según decís, la basura que soy? ¿Por qué nunca habéis intentado conocerme? ¿Por qué jamás me habéis tratado como a un igual sino como una rata o un objeto de usar y tirar? ¿Por qué habéis hecho emocionarse al público con vuestra sarta de mentiras?; ¿acaso no conocían la verdad que tratasteis de ocultar con las bellas palabras sin sentido que decís?”. La historia es triste, ¿cierto? Pero, lo más triste es que nada cambió. Todos siguieron considerando a Trevor un loco y una basura y nunca nadie de ese instituto llegó a conocerlo de verdad; pero la parte buena es que un día se topó con alguien que de verdad lo aceptaba, conocía y quería y fueron felices juntos; o eso es lo que todos queríais oír para poder saciar ese extraño sentimiento que os comía por dentro. 

martes, 23 de septiembre de 2014

Sigo aquí

¿Quién soy yo? ¿Alguien se lo ha preguntado alguna vez? En mi vida he sido muchas cosas pero una destaca sobre ellas. Soy un mísero interrogante. Lo soy todo y a la vez nada. Nunca nadie ha sabido quien soy. Siempre he estado apartado; me han apartado como a alguien raro. Nunca me han dejado jugar en sus grupitos ni acercarme. Soy raro, dicen algunos, soy un loco, dicen otros; pero ¿quién soy yo? ¿Alguna vez alguien se ha molestado en conocerme? Siempre he querido ser real, dejar de ser una ilusión o una sombra para todos pero, ¿puedo ser real? ¿Soy algo más que una simple sombra de un niño apartado de los demás antes de poder siquiera sentirse un humano? ¿Soy un humano? Siempre me habéis dejado solo; siempre he sido solo yo contra vosotros, nunca he tenido a nadie a mi lado; ¿sabéis acaso cómo me he sentido? ¿Sabéis la enorme carga que tiene un niño cuando lleva sobre si tanto dolor, tanta soledad? Decidme: ¿merece un niño tener que luchar todos los días contra todos para poder sobrevivir? Me habéis atacado, golpeado, humillado; me habéis utilizado como un objeto y me habéis desechado; toda mi vida he sufrido vuestra superioridad al verme, al humillarme; siempre me he creído una basura por ser quien soy, por estar solo y ser vuestro saco de arena; toda mi jodida vida he aguantado vuestros golpes. ¿Tan humillante ha sido mi vida? ¿Era normal que un niño se preguntara todos los días si merecía la pena seguir viviendo, si merecía la pena seguir aguantando vuestras burlas y vuestras miradas de asco? ¿Acaso soy una mala persona? ¿Acaso os hice daño antes siquiera de tener consciencia de ello? Si es así lo siento; lo siento, joder. Siento haberme interpuesto en vuestra vida, siento ser inferior a vosotros, los reales, los físicos. No… No me pienso disculpar ante vosotros por ser inferior a vosotros, mis lores. Siempre he sufrido por vuestra culpa. Siempre me habéis hecho daño y jamás me he defendido, he aguantado vuestros golpes una vez tras otra; un día tras otro he llorado por vuestra culpa. Pero, ¿sabéis qué? ¡Sigo aquí! Sigo aquí luchando cada día contra vosotros. Sigo aguantando vuestras putas burlas y miradas de asco. Pero hay un problema. Yo ya no soy un niño sino que soy un hombre. He sufrido vuestros golpes y he salido intacto de todos y  cada uno y sigo aquí. Afrontadlo, no tenéis mi nivel, soy más fuerte que todos vosotros juntos. Os habéis aliado todos en mi contra y no me habéis derrotado. Ya no soy aquel niño inocente con el que jugasteis. Ahora soy algo superior. Algo que ni toda la humanidad junta podría derrotar. La diferencia es que ya no estoy solo; tengo gente que de verdad me ama, de verdad me conocen, de verdad ven mi interior y les gusta. ¿Conocíais vosotros mi interior antes de hacerme daño? Era solo un niño. Y bien; ¿quién soy yo? Yo soy humano, soy real, soy uno más de vosotros, soy hijo, amante y amigo, soy un lobo, soy un león; soy fuerte, más de lo que jamás habríais imaginado; soy alguien que sonríe después de haber llorado hasta desfallecer, soy alguien nuevo, soy alguien que perdona, soy alguien que lucha por quienes ama, soy alguien que ha sufrido vuestra ira pero a quien jamás habéis dado un solo golpe certero; soy un niño, soy un hombre, soy el amor y el odio, soy la serenidad y el temor; soy el único interrogante que jamás os atrevisteis a responder, soy la pregunta en el aire, soy algo más de lo que jamás os atrevisteis a ver. Eso es quien soy pero sobre todo Yo soy Falke. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Soledad

¿Alguna vez os habéis preguntado qué es la soledad? Yo creo que sabéis el concepto pero que no tenéis ni idea. Yo he vivido la soledad muchos años y todavía ahora la soporto en parte. En mi opinión no hay mal peor para una persona. La soledad es dura y, a veces, dolorosa. Es un enorme mal en el cual, si entras es difícil que salgas. La soledad es curiosa. Siempre va a atacarte, siempre va a desmoralizarte y hacerte pensar mal. La soledad es fría, es duda, es no saber qué hacer. La soledad es estar un día normal en casa sin hacer nada porque no tienes a nadie con quien charlar o pasar un rato jugando a los videojuegos. La soledad es sentarse solo en el patio del colegio y  ver a los chavales jugar mientras te imaginas que eres uno de ellos; hasta que tu mente se retuerce y te dice “Tú nunca podrías ser uno de ellos. No te quieren, Te odian. Te odias, admítelo.”.  Soledad es aburrirte en casa y salir y patear una y otra vez el pueblo en busca de algún niño más pequeño que tú que te de conversación un rato porque estás solo y no tienes a nadie. La soledad te hace dudar de todo y de todos; hasta de ti mismo. Piensas que todos están en tu contra, que todos te consideran diferente, que todos te desprecian por vestir el negro o por gustarte otras cosas; cuando no es así, cuando eres normal, cuando te gusta lo mismo que a ellos, pero ellos no lo saben. Soledad es desear más que nada ser uno de ellos, encajar en sus grupitos de seis y charlar como tú bien sabes. Soledad es creer que nadie te aceptaría como eres por el mero hecho de que no te conocen. ¿Es eso verdad? ¿Me criticáis a las espaldas por estar sólo o por ser diferente? ¿Es verdad que nunca voy a encontrar a nadie adecuado con quien echar una partida a la máquina, con quien comer pipas en un parque sin charlar de nada o con quien reír un chiste estúpido?  Deseo eso; deseo eso más que nada en este mundo. Deseo tener una vida como todos los demás chicos del instituto. Deseo reír, gastar bromas y no parar de hacer estupideces con los colegas porque estoy siempre solo sentado en el patio del instituto viendo a los demás chavales reír y jugar mientras me  imagino a mí mismo con ellos pues no tengo a nadie con quien hacerlo.
Eso es la Soledad.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Carta a unos Camaradas.


Viva. Viva la jodida vida. Viva nuestro poder, nuestra libertad. La vida es grande, es enorme, es el mayor regalo que jamás nos han dado. Luchemos. Luchemos por ella. Vivamos, disfrutemos, gritemos a los cuatro vientos en un día lluvioso. La vida es lo mejor del mundo pero aún mejor es que tenemos libertad para vivirla y disfrutarla a tope. Gritemos, vivamos aventuras, conozcamos nuevos camaradas en nuestro camino. Luchemos contra monstruos, escribamos nuestra historia en un rollo de papel. Es nuestra vida y quiero vivirla y compartirla con los amigos, con los camaradas con los que me he encontrado. He vivido miles de historias y quiero vivir miles más a su lado. Son fantásticos. Me hacen reír y siento que estoy a salvo a su lado. ¿No es eso lo mejor? Sentirnos a salvo de todo junto a quienes queremos. Deseo cruzar la tierra, escalar montes, atravesar desiertos a su lado. Son mis amigos y son los mejores del mundo. Vivamos juntos miles de aventuras.
“Tener algo que proteger nos hace más fuertes que cuando no tenemos nada.”
Os protegeré siempre, camaradas.
Atte. Falke Baum

Dirigido a Lyrica Blackwolf y a Richard Drummond

viernes, 5 de septiembre de 2014

Historias

¿Alguna vez he mencionado que me gusta viajar en metro? La verdad es que me apasiona. Me apasiona la de gente desconocida que viaja junto a mí. Me gusta mirarlos y ver cómo son pero lo que más me gusta es imaginarme sus historias. Todo lo que han vivido. ¿No sería impresionante conocerlo? ¿No sería hermoso saber todas sus historias? Por eso me encantan las ancianas. ¿Cuántas historias tendrán para contarme? Las admiro. Han pasado por tanto hasta llegar hasta donde están. Hace poco me senté en frente de una anciana en el metro. Estaba escuchando a unos jóvenes hablar y cuando se bajaron me dijo “Se han equivocado de escalera. Querían ir a una tienda pero se han bajado en Moyua: Diputación; tendrán que dar un buen paséo.” A mí me pasa eso de bajarme en Moyua Diputación muchas veces. Y siempre subo la escalera, veo “Elcano” en la escalera de enfrente y bajo. Hay que ver cómo conocía las paradas. Me gustaría conocer sus historias. En el metro veo a madres con niños y bebés, a futbolistas después de un partido, a músicos con la guitarra… ¿A dónde irán? ¿Cuáles son sus historias? Me gustaría conocerlas, sus triunfos, sus derrotas, sus lágrimas y sus llantos de emoción. ¿No os gustaría a vosotros conocer las historias de la gente? 

martes, 2 de septiembre de 2014

Disfruta de la vida



Disfruta. Disfruta de cada momento, disfruta de cada historia. En la vida te van a pasar millones de cosas y yo quiero que las disfrutes una a una. Disfruta tu infancia y tu niñez. Juega con tus amigos en el parque, en casa o ve a la playa con tus padres. Disfruta tu adolescencia porque ya puedes pensar por ti mismo y decidir. Disfruta de tu edad adulta y tu vejez porque la vida no dura una mierda y se debe aprovechar. Disfruta. Ve los viernes y sábados de fiesta. A un bar, a otro, a una discoteca. Conoce personas nuevas. Emborráchate hasta caer muerto. Disfruta. Es tu jodida vida. No la pases llorando en un rincón. Tírate a una tía con berzas tremendas y a un tío con unos músculos de campeonato. Y si quieres los dos a la vez. El sexo es sólo sexo. El sexo es placer. No importa si es hombre o mujer. Lo que importa es que te va a encantar. ¡Disfruta coño! Disfruta ahora que puedes porque cuando llegues a los cincuenta, el culo se caiga la barriga se agrande y te duela la espalda podrás al menos recordar estos días que tanto te encantaron.