La historia de Gaara.
Tributo a Naruto.
Cuando
nací maté a la mujer a la que llamaban “mi madre”. Para convertirse en el ninja
definitivo mi padre utilizó una técnica para ligar a mí una encarnación de
arena. Fui un monstruo desde que nací. Siempre estuve solo, toda mi villa,
todos los habitantes de la Villa Oculta de la Arena me odiaban por ser lo que
era. Me dolía. Intenté hacerme daño más de una vez pero era inútil; la arena me
protege de cualquier daño pero me seguía doliendo. Yashamaru siempre me cuidó.
Siempre estaba a mi lado y me protegía de todo y de todos pero, por más que lo
intentaba, no podía hacer que me sintiera siempre bien. Con él podía llegar a
sentirme aceptado, a sentirme querido por alguien cuando nadie más lo hacía. Él
era especial, siempre me quiso pese al monstruo que llevaba dentro. Una vez me
vio intentar clavarme un cuchillo. Todavía no sé bien por qué lo intentaba una
y otra vez, no sé por qué intentaba hacerme daño cuando siempre un chorro de
arena lo impedía; quizá tuviera siempre la certeza de que no iba a suceder nada
o tal vez tuviera la esperanza de que el cuchillo se clavara de verdad y ese
fluido rojo saliera de mí; eso significaría que yo era normal, pero nunca
sucedió eso. Cuando Yashamaru me vio intentar clavármelo le pregunté algo que
siempre había querido saber pero que jamás tuve el coraje de preguntar: “¿Te
duelen las heridas?”; a lo que Yashamaru respondió: “Un poco, pero se curan
enseguida”. La respuesta de mi amigo hizo que mi curiosidad me picara un poco
más y una pregunta surgió dentro de mi mente. Con una tremenda sensación de
inseguridad le pregunté: “¿Cómo es el dolor?”. Me miró con unos ojos pensativos
y continué; “Nunca me han hecho daño y por eso me lo preguntaba…”. Su voz se
tornó tenue y sus palabras se entorpecieron cuando me respondió: “¿Cómo podría
explicárselo?” pensó en voz alta “Sufres mucho, muchísimo… Cuando una persona
recibe un disparo o se corta se pone muy malito y no puede pensar con claridad.
No sé explicarlo bien —añadió—, pero no es la mejor condición en la que
encontrarse”. ¿Era eso cierto? ¿Estaba Yashamaru sufriendo por los cortes que
tenía en ese momento? ¿Estaba Yashamaru sufriendo por las heridas que yo le
había hecho? “Yashamaru, ¿me odias?” Pronuncié. “Verás —dijo él—; durante el
curso de la vida, las personas le hacen daño a los demás y se hacen daño; pero,
es difícil odiar a alguien.” Me sentí bien al oír que no me odiaba. Me sentí
querido, tal como pocas veces en mi vida me he sentido. Le agradecí lo que
acababa de decir y le dije que entendía qué significa el dolor. “A lo mejor yo
también estoy herido, como todos los demás —añadí—. Siempre me duele aquí —dije
agarrándome el corazón—. No estoy sangrando, pero tengo una sensación extraña
en el pecho…”. Yashamaru se acercó, tomó mi cuchillo y se hizo un corte en el
dedo. Quedé sorprendido ante tal acto; ¿por qué alguien querría hacerse daño?
Su sangre goteaba y me sentí extraño. “La carne herida sangra y puede que
parezca doloroso; pero, a medida que pasa el tiempo el dolor desaparece. Si
utilizas alguna medicina se cura incluso antes; pero las peores heridas son las
de tu propio corazón. Esas son difíciles de curar” me explicó. “¿Una herida en
el corazón?” pregunté. “Una herida en el corazón es distinta a una herida en la
carne —continuó—. Las heridas en el corazón no tienen medicina para curarlas y
hay veces que nunca se curan. Pero hay una cosa que puede curar una herida en
el corazón. Es una medicina un tanto molesta y sólo puedes recibirla de otra
persona” sus palabras me hacían sentirme más interesado por momentos y un
atisbo de esperanza brotó en mí. ¿Podría curar la herida en mi corazón? “¿Cómo
puedo curarla?” pregunté con interés. “Lo que puede curar una herida en el
corazón —respondió— es el amor”. “¿El amor?” pregunté “Y, ¿eso cómo se
consigue? ¿Qué debo hacer para curar este dolor?”. “Gaara-sama, ya lo has recibido”
dijo mirando el retrato de mi madre “El amor se basa en la devoción hacia
alguien que te importa; y se demuestra preocupándote y protegiendo a esa
persona; como mi hermana. Sé que mi hermana siempre te amó, Gaara-sama. El
Shukaku de la Arena es un alma viviente que se utiliza para el combate. La
arena te protege gracias a este amor. Creo que la voluntad de tu madre, mi
hermana, se encuentra dentro de la arena —continuó—. Seguro que mi hermana
quería protegerte incluso después de su muerte”. Mamá me quería. Tras escuchar
eso me sentía con más vitalidad que nunca. Por unos momentos mi dolor había
desaparecido gracias a mi tío. Yo era su familia y le importaba. El amor que mi
tío me había dado ese día me curó por un instante la herida del corazón.
Ese
mismo día le pedí a Yashamaru una medicina y salí corriendo de casa con más
fuerza y vitalidad que nunca. Quería disculparme con un chico al que antes
había hecho daño sin querer. Corrí todas las calles y callejuelas hasta su casa
y llamé al timbre. Cuando abrió le dije que quería disculparme por lo de antes
y le ofrecí la medicina pero, sin dejarme terminar me llamó monstruo y me cerró
la puerta. Eso hizo que me desanimara. La motivación con la que había ido a su
casa había desaparecido. ¿Por qué? ¿Por qué nadie me acepta? ¿Por qué nadie me
quiere? ¿Sabéis el dolor que he tenido que soportar todos estos años? ¿Sabéis
acaso cómo se siente un niño cuando todos le odian? Esa herida en el corazón se
hizo una gran brecha a lo largo de los años y las decepciones.
Llorando
y desmotivado volvía a casa. No paraba de pensar en lo solo que estaba. Sólo
tenía a Yashamaru, pero quizá debiera conformarme con eso. Quizá debiera
aceptar que todos me odian y seguir adelante solo.
Por
la calle alguien tropezó conmigo. Era un borracho que no dudó en decirme que me
apartara de su camino pero cuando me vio la cara sus ojos, su mirada se tornó
como la de aquel niño al que acababa de visitar. No soportaba esa mirada, ese
odio aferrado al miedo que sentían al verme. Lo podía ver y era horrible. Por
un momento me descontrolé, perdí el control y lo ataqué. El borracho murió y yo
seguí mi camino.
Apoyado
en una columna de un edificio de la ciudad estaba mi padre, el Kazekage. Él me
hizo esto. Él hizo que tuviera este monstruo en mi interior. ¿Me odia? ¿Me
odiaba incluso antes de que naciera? Fue él quien me condenó a esta vida de
dolor y apartamiento y algún día se lo haré pagar. Algún día le haré responder
ante la culpa de mi dolor, me prometí.
Con
el corazón doliéndome más y más decidí pararme en el camino y comenzar a
pensar. No entendía por qué yo era el único que parecía un monstruo. “¿Acaso no
había nadie como yo en el mundo? ¿Era bueno ser temido y odiado por todos? ¿Qué
era yo?” Era muy doloroso. Recordé aquellas palabras de Yashamaru “Sólo el amor
puede curar una herida en el corazón” y en ese momento me dolía, me dolía
mucho.
En
un segundo mi llanto paró pues una llevia de kunais acababa de caer sobre mi
espalda, siendo parados por la arena. Intentaban… ¿matarme? Alguien a mi
espalda estaba preparado para lanzar una segunda lluvia sobre mí. “¿Por qué…? —pensé
enfurecido— ¿Por qué soy el único que tiene que pasar por todo esto?” Una
segunda lluvia de kunais arremetió sobre mí; pero, esta vez me defendí. Tomé la
arena y rodeé el cuerpo de aquel ninja. Lo aprisioné y estrujé hasta que no
quedó nada salvo un cuerpo moribundo en el suelo. “¿Quién era? ¿Por qué había
intentado matarme? —pensé— ¿Por qué alguien trataría de matar a un niño?”
Mi
vista giró hacia un pequeño detalle. Una venda minúscula alrededor de su dedo.
No… No podía ser. No podía creerlo. No podía… No. Tragué saliva y me acerqué al
cuerpo malherido. Quité la tela que cubría su rostro dejando ver su rubio cabello
y su hermosa cara. Era Yashamaru.
“Es
usted muy fuerte… justo como imaginaba —musitó—, Gaara-sama” Estaba confuso,
muy confuso en aquel momento. Mi tío, el único que me quería había intentado
matarme. Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. El dolor de mi pecho se
agudizó y me sentí más impotente que nunca.
Me arrodillé y comencé a llorar a su lado. Yashamaru apenas podía
respirar y seguía sangrando cada vez más. “Por qué…? —pregunté entrecortado por
las lágrimas—¿Por qué? Yashamaru, ¿por qué has…? ¿Por qué?” Sus ojos me
observaban con una mirada apagada y seria. “¿Por qué? —volví a preguntar— Tú… Tú…
Pensaba que eras…”. “Fue una orden —respondió él— Me ordenó matarte. Tu padre….
Kazekage-sama”. Mi padre había intentado matarme. “¿Mi padre…? —susurré—
¿Padre? ¿Por qué? ¿Por qué yo?”. “Tú naciste con el Shukaku de la arena
—respondió Yashamaru—, y luego fuiste observado como un conejillo de indias,
Gaara-sama. Pero ya no podías controlar el poder del alma viviente, Shukaku, y
eras incapaz de manipular la arena a tu voluntad… —continuó— Tu existencia se
estimaba como un peligro para la aldea. Antes de que eso sucediera...”. “Entonces
—interrumpí—hiciste esto en contra de tu voluntad porque mi padre te lo ordenó…”
dije llorando. “No —negó Yashamaru con tono tenue—, eso no es verdad. Es verdad
que recibí la orden de Kazekage-sama; pero, podría haberla rechazado si hubiese
querido” aquello me impactó “Gaara-sama —continuó—, en el fondo de mi corazón
te odiaba. Te llevaste la vida de mi querida hermana al nacer —añadió—. El
recuerdo de mi hermana… Intenté amarte pensando que tú eras su apreciado hijo;
pero no pude. Mi hermana no deseó tu nacimiento. Se convirtió en el sacrificio
de la aldea, y murió maldiciéndola. Tras eso, cargué con una herida que nunca
podría curarse. Mi hermana te puso tu nombre. “El nombre de este niño es Gaara;
un asura que se ama a sí mismo, y sólo lucha por sí mismo. Haciendo eso, puede
continuar existiendo…” dijo. Tu nombre lleva esos deseos. Pero mi hermana no te
puso ese nombre porque te apreciara o te amara. Te puso ese nombre para que
pudieras seguir existiendo… porque odiaba y maldecía a esta aldea al morir, y
quería que su propio odio existiera y permaneciera… para dejar que otros lo
conocieran. No eras amado. Eso es —dijo muriendo —. Por favor, muere”.
Yashamaru había muerto, por mi culpa. El dolor me estaba consumiendo y cada vez
se hacía más fuerte. Me sentía más solo que nunca. No paraba de pensar en lo
que me dijo. Un ser que se ama a sí mismo. El dolor se tornó en ira y estallé
de rabia. Recordaba todas las mentiras que Yashamaru me había contado y
gritaba. Me habían odiado, apartado y mentido desde antes de nacer. ¿Sabéis
acaso cómo me podía sentir?
Tomé
la arena con la que había matado a Yashamaru y la incrusté en mi cara, creando
una marca, una marca permanente que mostrara qué era yo de verdad. “Amor” pone.
Así, cada vez que me viera a mí mismo recordaría qué era yo. Un ser nacido y
criado del odio. Un ser que sólo se ama a sí mismo. Un demonio que sólo lucha
por sí mismo. Un monstruo. “Eso es gaara… Yo. Por fin lo entiendo; estoy solo.
No confiaré en nadie, ni amaré a nadie. Estoy solo. Sí, estoy solo".