sábado, 13 de diciembre de 2014

Hamlet "Ser o no ser" Reflexión

Hamlet  Ser o no ser
Ser o no ser, esa es la cuestión: si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales herencia de la carne, sería una conclusión seriamente deseable. Morir, dormir: dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno, ya libres del agobio terrenal, es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo, el desmán del tirano, la afrenta del soberbio, las penas del amor menospreciado, la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo, los insultos que sufre la paciencia, pudiendo cerrar cuentas con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida, si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve, detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos antes que huir hacia otros que ignoramos? La conciencia nos vuelve unos cobardes, el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento, y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso y ya no son acción.


REFLEXIÓN


Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Debemos acaso vivir y soportar todo el dolor que la vida nos tiene preparado o debemos luchar contra todo aquello que se nos viene encima y trascender uno a uno los obstáculos? ¿Sería correcto morir, dejar todo el dolor atrás? ¿Hay algo tras la muerte o es acaso un eterno letargo? ¿Si hubiera algo qué sería? Todas estas dudas nos llenan de desgracia; el no saber, la confusión, la especulación y la ignorancia convierten nuestra vida en una batalla por la supervivencia y, a su vez, en una lucha sin un sentido certero; pero el no saber qué más hay además de esta vida nos hace ser unos cobardes. Yo no sé si hay una vida tras la muerte o si hay un Dios creador. Yo considero, desde lo más profundo de mí, que la vida no nos odia ni nos lanza flechas ni piedras. La vida es un juego donde debemos utilizar nuestros recursos para sobrevivir. No hay un mal superior que nos odie por ser hombres o mujeres o por nuestra religión o nuestros gustos o sentimientos. La vida es para hacer lo que quiera y, en mi opinión, nunca nadie debe rendirse. Nunca todo está perdido; siempre hay un sentimiento que debe permanecer en nuestro interior y debe aflorar y guiarnos a lo largo de los años. Es la esperanza. Siempre debemos tener esperanza y luchar por lo que queramos luchar; ya sea la felicidad, el amor, el dinero o la paz. Así que no estoy de acuerdo con el mensaje que el texto transmite. Yo no me rendiría; no dejaría jamás de luchar ni de llorar, sangrar o sudar aun sabiendo que mi vida entera no tiene sentido ni jamás lo tendrá; porque, ¿sabéis qué? En mí reside un sentimiento más potente que cualquier lágrima o zozobro, un sentimiento que puede parar guerras y puede destronar a reyes, un sentimiento que llevaré conmigo a la tumba y se pudrirá junto a mis huesos y ese sentimiento es la esperanza. La esperanza que reside en los sueños; en un futuro feliz, pacífico y hermoso; en conocer este mundo y a estas gentes; en amar y ser amado; en luchar y reír junto a mis camaradas de viaje; y ese sentimiento hace que mi maldita vida sin sentido se vuelva por un instante, un segundo a lo largo de los eones, gloriosa; quizá sólo lo sea un poco, quizá nadie me recuerde una vez muerto; pero mi lucha, mi vida, habrá sido por un instante Gloriosa; y eso da sentido a cada flecha y pedrada de la áspera fortuna, a cada incertidumbre, a cada azote e injuria de este mundo, a cada insulto que sufre la paciencia y a cada día, lágrima y emoción que haya pasado por mi mortal cuerpo. Así que díganme ustedes, ¿serán o no serán?