Mi amor es cimero
Capítulo 4
Dos días después de rencontrarme
con Richi tras esos días de agonía vino mi hermano Dylan a hacerme una pequeña
visita y a pedirme el uniforme que había tomado “prestado”. No lo esperaba en
casa así que pensé que era Richi que había venido. En el momento en que llamó
al timbre de la puerta yo corrí hacia ella tan rápido que justo antes de llegar
tropecé con la alfombra que estaba justo ante la puerta y caí velozmente dando
un golpe a la puerta con la cara y causando tal estrépito que mi hermano al
otro lado de la puerta gritó atónito por la ignorancia de lo sucedido. Me
levanté apresuradamente y abrí la puerta.
— ¡Hola!
¿Hermanito?
— Shonny,
¿qué tal estás? ¿Te sirvió mi uniforme? —dijo entrando en casa.
— ¡Sí!
Muchas gracias hermanito. Huy me gusta ser pizzero. Quiero serlo siempre. Me
encanta, me encanta, me encanta, me “recontrahiperencanta”. —dije super animado
recordando toda esa noche. Mi hermano era tan alto como yo, con una melena
negra y una mecha rubia en su flequillo que pasa justamente por su ojo
izquierdo acabando en su clavícula. Sus ojos azules tal que yo y su aspecto
facial era hermoso y parecido a un hombre como mi padre, no tenía mi aspecto
andrógino. Vestía una gabardina negra y larga que le llegaba hasta los tobillos,
dentro de la cual se podían distinguir unos típicos ropajes ninja que
desconozco el motivo de su uso. Mi hermano es más bien atraído por los sucesos
extraños y los ritos y religiones orientales. También sabía algo de ninjutsu
así que quizá fuese por eso.
— Me
alegro. Y, ¿esa cara de cachorrito?
— ¡Uh!
¿Tanto se me nota?
— Pues
sí. ¿Qué pasó?
— ¿Te
interesa saberlo? Es muy bonito.
— Sí,
cuéntamelo.
— Pues
no.
— Y,
¿por qué no?
— No.
Bueno si me lo pides amablemente y por favor te lo cuento.
— Por
favor, ¿me cuentas lo qué pasó?
— No.
— Porfa.
— Vale.
Si insistes tanto. —y se la conté hasta el más mínimo detalle.
— Uh
pillín. Te pasaste un poco con los detalles eh.
— Es
que estoy muy emocionado. Pero no se lo digas a nadie. Es un secreto
habitacional.
— Ya
veo. ¿Y lo has vuelto a ver?
— No,
tengo que llamarlo. Ayer trabajó y no pudimos hablar. —dije un poco
decepcionado.
— Pues
llámale ahora.
— ¿Ahora?
— Sí,
y le invitas a venir.
— Bien.
Volveré a verlo. —apunté emocionado cogiendo el teléfono.
Le llamé y por suerte afirmó que
podía venir. Me emocioné tanto que salte encima de mi hermano que estaba
sentado en el sofá y lo ataqué con un cojín provocando una guerra de almohadas
por toda la casa. Nos lanzamos todo tipo de cosas blanditas, desde almohadas
hasta alfombras pasando por cojines y ropa. Al llegar Richi todo estaba lleno
de cosas tiradas. Sonó una vez más el timbre y al abrir la puerta era Richi.
Salté encima de él y caímos al suelo. Yo estaba únicamente cubierto por unos
calzoncillos y la piedra que componía el suelo de la escalera del portal estaba
helada así que tirité de frio y Richi empezó a reír.
— Tú
tan mono como siempre. ¡Qué ganas de abrazarte Sean! —exclamó sonriente—
Levanta no vallas a resfriarte en julio.
— Sí,
cierto tengo frio. ¡Abrázame! Así me calientas.
— Pero
qué monada eres cuando quieres.
— ¿Yo
monada?
— Sí,
Sean eres muy mono.
— ¿Cómo
osito de peluche?
— Sí,
algo así. Entra adentro venga.
— ¡Richi
ha dicho que soy mono! —grité entrando en casa.
— Sean
eres muy mono y lo sabes. —dijo Dylan saliendo del salón— Encantado soy Dylan
Aiden el hermano de Sean. —dijo dándole un apretón de manos a Richi.
— Encantado
Dylan. Soy Ricardo Martinez aunque me llaman Richi. Por cierto que apretones de
manos más firmes das.
— Eso
es porque mi hermano es pizzero.
— Y
eso, ¿qué tiene que ver?
— ¿Recuerdas
la última vez que yo fui pizzero?
— Sí.
Vale ya pillo. Siendo pizzero se entrena la firmeza de las manos. —dijo Richi a
limpia carcajada.
— ¡Qué
cerdos sois!
— Dylan,
¡qué buena idea! Richi vamos a hacer que somos cerditos que queremos tener más
familia.
— Sí,
será emocionante.
— Bueno
chicos si queréis gruñir adelante. Yo me voy ya volveré otro día cuando estéis
menos salidos. —dijo saliendo por la puerta.
— Adiós
Dylan ya nos veremos.
— Con
Dios hermanito. Vamos a ello Richi que quiero ser un cerdito.
— Vamos
precioso que hay que gruñir mucho.
Richi me cogió en brazos y me
llevó a la cama. Dos o tres horas después descansamos sobre la cama y
mirándonos sonreímos durante un buen rato. Fue uno de los momentos más felices
de mi vida.
— Sean,
háblame de tu hermano. ¿Cómo es? No me has dicho nunca que tenías hermanos.
— Lo
sé. Tenía que contártelo. Tengo un hermano y una hermana. Mi hermano es
increíblemente listo y con un talento sobrenatural para los mitos. Cree en esas
cosas y es capaz de practicar ceremonias de muchas religiones. También practica
ninjutsu que es un arte marcial. Es capaz de correr tan rápido que no lo ves y
ocultarse en cualquier parte. Es un poco como un espía japonés llamados ninjas.
Sabe manejar un sable y casi cualquier arma a la perfección. Tiene una gran
puntería con escopetas pero prefiere la espada y las dagas. Es muy ágil y
también muy fuerte. Es increíble y desconozco el motivo de que trabaje de
pizzero.
— Sí
que parece inteligente pero algún motivo tendrá.
— Es
alguien muy misterioso y me cuida ante todo.
— En
verdad parece una gran persona. Cuida tú también de él. Y, ¿tu hermana?
— Ella
es realmente inteligente. Es detective, psicóloga y también ayuda a mi padre
con su empresa.
— Y
tu padre, ¿qué empresa tiene?
— Posee
una red bancaria en Irlanda. Una muy conocida y popular. Y por eso tenemos
tanto dinero. Vinimos a vivir aquí y mi padre se quedó en Irlanda trabajando.
Estuve años sin vivir con él pero tampoco me importaba demasiado. Vinimos aquí
por algo que no sé y no me quieren decir. Ahora estoy en la universidad.
— Estudias
literatura. ¿Ultimo curso? Tienes veinticuatro años. ¿No eres un poco mayor?
¿Repetiste?
— No
repetí. Tengo veintidós años. Soy como tú en edad. ¿No lo sabías?
— No
me jodas. Pensé que veinticuatro. No sé de dónde lo saqué.
— Pues
veintidós recién cumplidos. Hace un mes. Poco antes de conocernos.
— Sé
muy poco sobre ti. Y quiero conocerte.
— Y,
¿por qué quieres saber sobre mí?
— Mira
Sean —dijo poniéndose sobre mí aún carente de ropa— hay algo en ti que no se
por qué pero me hace sentir bien y cuanto más sé de ti mejor me siento al estar
contigo.
— Rich…
—intenté pronunciar su nombre pero no me dio tiempo porque me besó.
— Sean,
me es difícil decir esto pero…
— ¿Pasa
algo?
— Sí,
esto, digamos que, se te nota.
— Ah
perdona. —dije riendo– Me pones mucho y por eso me pongo así.
— No
pasa nada. —dijo riéndose.
— ¿Nos
salimos de la cama?
— ¿Hace
falta vestirse?
— Pues
digamos que…
— Podemos
echar una segunda ronda en el sofá.
— Vale,
no nos vestimos. Así estás más guapo.
— Gracias
tú también. Me quito de encima de ti que se me cansan los brazos.
— De
acuerdo. Por cierto, ¿tú lees?
— ¿Libros?
Si, ¿por?
— Tengo
alguno que quizá te guste.
— Claro
enséñamelos.
— Claro,
aquí están. —dije cogiendo un par de libros de una estantería.
— A
ver… —dijo mirándolos con cautela y poniendo una cara de sorprendido— ¿Tú eres
el autor? ¿Escribes?
— Sí.
Nunca te lo dije pero ya lo sabes. Se me da bien y tengo varios publicados.
— Pues
los leeré.
Al día siguiente vino mi hermano
a ver qué tal nos iba ya que Richi se había quedado a dormir aquí. Dormir no
dormimos mucho pero bueno fue interesante.
— Hola
chicos, ¿qué tal andáis? —dijo Dylan con una voz de niño.
— Bien,
super bien. Mucho sexo.
— Ya
eso ya lo vi. Entre diez minutos después de irme porque me había dejado el
uniforme del trabajo y misteriosamente oí ruidos de cerdo que salían de vuestra
habitación.
— ¿Sí?
Pues mira que cerdos más malotes que vienen a copular a mi casita mientras
Richi y yo estamos agarraditos de la mano bebiendo unos vasitos de leche de
tubo.
— Sean
y yo estuvimos copulando horas. Siento que tuvieras que oír eso.
— No
pasa nada. Yo mientras Shonny sea feliz estoy bien. Hazle daño y te mato de la
tortura más dura y cruel posible.
— Dylan,
estás asustando a Richi. —dije mirando como mi querido Richi temblaba.
— Gracias
Sean. Y Dylan prometo no hacerle daño. Y si lo hago me disculparé de corazón.
— Eso
espero, chico. —dijo Dylan alegre.
Al día siguiente fuimos al garaje
donde tocaba Richi con Vanessa y otro participante que desconocía aún. Le
quería pedir salir a Richi y estaba nervioso porque cambiaría mucho las cosas.
— Sean,
¿un poco de vodka?, ¿zumo?
— Vodka
no. Ya tomé bastante el otro día. Un zumo pero esta vez sin sabor a carne.
— Marchando.
—dijo preparando un zumo de muchas frutas.
— No
lo sobrecargues.
— Ya
está. Disfrútalo. —dijo trayendo el zumo a la mesa.
— Gracias.
—dije y empecé a beber— Te pasaste al mezclar frutas. Sabe a arcoíris.
— Bah
no es para tanto, al menos no sabe a pizza de pescado y beicon.
— Sí
en eso está mejor.
— Chicos,
que os motiváis. Richi ajusta la guitarra antes de ensayar.
— Como
la señorita mande.
Richi se fue a afinar la guitarra
y yo me quede hablando con Vanessa y le dije que quería pedir salir a Richi. No
se lo tomó demasiado bien.
— Le
vas a hacer sufrir. No se lo pidas por favor Sean.
— ¿Por
qué le voy a hacer sufrir? Siempre me dices eso y no me das explicaciones.
— No
puedo dártelas pero confía en mí le harás sufrir.
— Pero
dime el motivo.
— No
puedo. Es cosa de su pasado. Sufrió mucho a causa de alguien y no lo ha
superado.
— Pero…
— Sean,
si en verdad lo quieres aléjate de él antes de que sea demasiado tarde. No
provoques su sufrimiento.
— Pero…
Pero yo… ¡Pero yo le quiero! —grité con tanta fuerza que Richi me oyó y vino—
Cada vez que me mira, cada vez que me sonríe, cada vez que le beso. Esos
momentos me hacen feliz día a día. Estoy enamorado de él desde el día en que lo
vi por primera vez y no deseo separarme de su lado. No deseo que Richi sufra
pero al mismo tiempo deseo estar con él. No entiendo el por qué me he enamorado de él pero ha pasado y sólo deseo
estar a su lado. Richi, sólo te lo preguntaré una vez y si me dices que no me
iré de tu lado para no volver jamás. ¿Quieres salir conmigo?
Richi se acercó a mí y me dio un
abrazo bien fuerte. Cerré los ojos y me centré en ese sentimiento. Era ahora o
nunca. Si me lo negaba no volveríamos a vernos. Nuestra historia se decidiría
con una sola palabra. Le miré a los ojos y vi como llenos de dolor pronunciaba
esas palabras que lo decidieron todo.
— Sean,
me gustas pero aún no estoy preparado para salir con nadie lo siento.
— Pues
creo, Richi, que esto es un adiós. —le besé al acabar de decir eso— Hasta
siempre.