jueves, 22 de noviembre de 2012

Caballeros


Valerosos caballeros que nuestras vidas protegen, dueños del miedo y el peligro, ayudadnos. Ayudadnos a poder vivir. Ustedes que visitan la morada de la propia muerte, que son capaces de ver el miedo en los ojos de una persona al morir, sed crueles con los indefensos y asesinad a sus protectores. Caballeros, sin ideales ni complejos, cumplid órdenes. El general os dirige, el gobernador controla vuestras vidas. Matad mujeres y niños si es menester. El pueblo enemigo no merece vivir. Robad, matad y someted. Lo más importante es ver una sonrisa de poder el la cara de vuestra majestad. Matad personas indefensas porque los que gobiernan su país están corrompidos de poder. Lealtad, fuerza y valentía poseéis. Valentía contra débiles, lealtad a los crueles y fuerza para acabar con las vidas innecesarias para las personas que realmente hicieron daño. Atracad, matad y destruid vidas. Sois caballeros y tenéis derecho a ello. Dejad vuestros ideales para ser como sois realmente, unos asesinos a sueldo. 
Firmado MωLeone

lunes, 19 de noviembre de 2012

Mi amor es cimero Capítulo 5

Mi amor es cimero
Capítulo 5


Tras despedirme de Richi para siempre no hice mejor cosa que estar tumbado en mi cama y llorar inconsolablemente por haber perdido por siempre a Richi. No era a penas capaz de levantarme y no había un solo segundo en el que no pensara en él. Estaba solo y debía afrontarlo. En verdad quería a ese chico y su sola ausencia me destrozaba lentamente. Solo deseaba verlo y sentirlo a mi lado. No me importaba tanto que no fuéramos pareja ni nada porque era feliz aun siendo su amigo. ¿Entendéis lo qué significa perder al ser amado? ¿Creéis que podríais superar la pérdida de la persona a la que más cariño tengáis? Yo en ese momento sabía que no y no deseaba perderlo. Lo que más me dolía era que le hacía daño. Vanessa tenía razón, le estaba haciendo daño y por eso no estaba preparado para salir conmigo. Yo sabía que él me quería pero la pregunta era si él conocía tal sentimiento en su interior. No hice más que sollozar durante cuatro horribles días desde que me despedí de Richi hasta aquella mañana que tan detalladamente recuerdo. Abrí los ojos y tras un gesto de sorpresa sonreí. Ese gesto de sonrisa fue diferente a cualquiera que anteriormente había hecho. En el estómago sentí una especie de cosquilleo que me producía tal cosquilleo y sensación indescriptible. Os preguntaréis el motivo de sonreír en ese momento o, posiblemente lo sepáis. Durante una milésima de segundo había visto a Richi. Estaba sonriendo y por eso sonreí yo, por esa pequeña fracción de segundo en la que vi su alegre rostro. Me hizo sonreír el pensar que aun estando sin mí fuera feliz. Deseaba su felicidad y añoraba la mía. Tras esa instantánea visión parpadeé y volví a verlo. Estaba ahí, sobre la cama, sonriente y mirándome fijamente. Era él y había vuelto para verme, o eso creía.
—     Sean, lo siento. Te he hecho dañó y no soporto estar sin ti. He sido un grosero además de una horrible persona contigo. Lo siento. Siento no haberte dicho nada pero temía confiar en ti por si me podía hacer daño. No deseo sufrir por amor y temía volverme a enamorar por sufrir pero lo he hecho. Me he enamorado de ti y no consigo sacarte de mi cabeza.
—     Richi…
—     Sean, llevo cuatro días llorando por ti y también estuve llorando aquella vez que me fui. No entiendo el motivo pero te deseo a mi lado. Quizá sea tu sonrisa o tu forma de ser. Sinceramente me gustas y quiero estar a tu lado. Quizá no lo desees tras haberte tratado así pero no quería sufrir. Te juro que no volveré a hacerte sufrir nunca más. Lo que quiero decir es… ¿Quieres salir conmigo?
—     Richi… Yo te he querido desde el día que te vi por primera vez. Eres diferente a los demás. Hay algo en ti que me altera emocionalmente. Eres la persona que ha roto mi coraza de niño rico alejado de la sociedad e indiferente con las personas. Te lo digo en pocas palabras y mejor explicado. Tú eres mi anhelo, mi sol y mi vida. Tus besos mi felicidad y mis estrellas. No hay nada en este mundo que desee más que estar junto a la persona a la que quiero. Yo quiero salir contigo Ricardo.
—     Entonces estamos saliendo, ¿no?
—     Sí, al parecer. —dije con una sonrisa más animada que nunca.
—     Sean…
—     ¿Richi?
—     ¿Crees que seremos felices el uno con el otro?
—     Yo creo que sí. Si has venido a mi casa en medio de la noche a pedirme salir por algo será. Y, ¿cómo lo has hecho?
—     Es una larga historia.
—     Tengo tiempo.
—     Verás todos estos días he estado super depre y ayer por casualidad vi a tu hermano en la calle. Me preguntó el porqué de mi amargura y yo le dije que estaba confuso porque quería estar contigo pero no quería sufrir. Él me dijo que habías estado mucho tiempo enamorado de mí y yo no supe que contestar. Me contó cosas sobre ti que jamás hubiera imaginado y tales cosas como tu necesidad de ayudar a quien sufre y tu capacidad para escribir artículos motivantes para las personas. No soportas ver una lágrima. —añadió sonriente— En el momento que vio que en verdad se podía fiar de mí me prestó las llaves de tu casa. Vine y me tumbé a tu lado. Me pasé la noche mirándote y sonriendo esperando disculparme. También me tiraste de la cama un par de veces pero bueno ya tengo la cara bien.
—     Eres muy bueno conmigo.
—     Tú lo eres más. No importa el daño que te haga porque siempre vuelves. Eres un idiota.
—     ¿Por qué? —dije con ojos de corderito.
—     Porque un chico normal no hubiera intentado asociarse con alguien que le haga tanto daño.
—     Yo no siento por ti nada normal. Me has cambiado la vida y no importa cuantas veces te vayas o desaparezcas porque te encontraré. No importa el escondite, país o ciudad que utilices para huir de mí porque te encontraré, te besaré y sonreiremos juntos de nuevo.
—     Sean…
—     Richi Me gustas y deseo estar contigo.
—     Sean… —dijo mientras me daba un buen abrazo— No quiero perderte. Por favor no me dejes nunca.
—     No lo haré, Richi.
Empezamos a salir como pareja pero aún había cabos sueltos como el motivo del sufrimiento del que Vanessa habla a todas horas. Nunca me lo había contado y deseaba saberlo pero tampoco quería hacerle daño al rememorar un mal hecho de su desconocido y, al parecer, turbio pasado. Lo que me importaba era que conmigo era feliz y yo también a su lado. Estuvimos tiempo sin separarnos para casi nada, unos tres días. No podía creer lo feliz que era a su lado. El mayor anhelo desde que lo conocí era realidad y no podía salir de un estado de euforia.
—     Shonny, ¿puedo decirte algo?
—     ¿El qué?
—     Eh… —aspiró con una cara afligida.
Lanzó un apagado suspiro y cayó al suelo aparentemente mareado. Lo cogí en brazos y lo subí a la cama. Al despertarse miré en su rostro como un profundo y agonizante dolor se apoderaba poco a poco de él dejándome ver directamente su interior. Desconocía ese dolor e intenté hablarle pero volvió a desmayarse y durante esos sueños pude ver como gritaba un nombre una y otra vez. Cada vez que pronunciaba ese nombre caía una lágrima mientras se balanceaba de un lado a otro. Al fin despertó y parecía estable así que aproveché la ocasión para hablar con él.
—     Richi…
—     Shonny…
—     ¿Estás bien, Richi?
—     Eh… —aspiró de nuevo pero esta vez con fuerza, con una fuerza tal como para sacar de sí mismo algo muy fuerte que le hacía daño.
—     No me lo digas si no quieres.
—     No… Esto es cosa mía pero quiero que lo sepas.
—     Entonces te escucharé.
—     Es sobre…
—     ¿Marcos?
—     Sí, él era… El primer chico del que me enamoré.
—     Te escucho.
—     Pues yo tenía catorce años. Marcos era mi mejor amigo de toda la vida. Teníamos una relación muy estrecha y desde hace un tiempo me fijaba en él de un modo más fuerte que como amigo. Pasábamos mucho tiempo los dos juntos y deseé estar saliendo con él. Mi primer error fue alejarme de él por un hecho inevitable como era mi amor por él. Cuando realmente entendí que lo deseaba a mi lado fui a buscarlo pero…
—     ¿Si?
—     Es algo muy duro y siento no poder decirlo de un tirón.
—     Tranquilo. —dije mientras me sentaba a los pies de la cama— Yo también he cometido errores y deseo escucharte porque me gustas y quiero estar a tu lado.
—     Vale. —asintió— Fui a buscarlo y él estaba ahí conmigo como de costumbre. Mi segundo error fue contárselo. Se lo conté y reaccionó bien y por varios días fuimos felices y salíamos juntos. Él también me quería y fui feliz a su lado. Días después me enteré de algo que… No… No supe como reaccionar. —dijo acongojado.
—     Richi…
Tras unos minutos de silencio Richi volvió a hablar y siguió contándome esa terrible historia.
—     Marcos me dijo la verdad sobre mí.
—     ¿Tu verdad?
—     Sí… Marcos me dijo algo que ya sabía. Yo era adoptado. Él lo sabía y no solo dijo eso.
—     ¿Qué dijo?
—     Dijo que él… Es mi hermano.
—     ¡¿Qué?! —exclamé sobresaltado.
—     Me dijo que nuestros padres le habían dejado por no poder hacerse cargo de mí. Marcos era un par de años mayor a mí y no entendía que fuera mi hermano. Me lo explicó un par de veces y yo le pregunté “¿Por qué no me lo dijo antes?” y “¿Por qué había estado saliendo conmigo si éramos hermanos?” No lo entendía pero él insistió en que no importaba lo más mínimo. No me lo había dicho por no empeorar las cosas. En el momento en el cual me dijo esto yo corrí huyendo de él, de esa verdad que tanto me dolía y éste fue el tercer y peor error que cometí. Él me siguió y yo corrí todo lo que pude. Llegué a un paso de cebra y crucé pero al cruzar él un coche acelerado lo atropelló y yo fui a su lado pero ya era tarde. Marcos había muerto y justo antes de expirar dijo unas palabras que me marcaron. Dijo “Te amo, hermanito”. —dicho esto Richi se puso a llorar.
—     Richi…
—     Sean, ya lo sabes. Ya sabes mi mayor secreto.
—     Te quiero Richi.
—     Sean… Yo a ti también te quiero.
—     Estaré siempre a tu lado. Para lo bueno o malo que suceda estaré siempre para protegerte y abrazarte en momentos así.
—     Eres increíble.
—     Lo sé y por eso te quiero.
Tras saber la verdad de Richi pasamos un montón de momentos juntos y fuimos muy felices juntos. Al fin él podía sonreír de verdad. Esos días después de saber la verdad fueron increíbles y fue como una calma antes de la tormenta que nos venía encima. Varios días después pasó lo más inesperado que podía pasar en ese momento. Fue raro y sorprendente. Empezó con un toque a la puerta.
—     ¡¿Hermanita?!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Mi amor es cimero Capítulo 4

Mi amor es cimero
Capítulo 4

Dos días después de rencontrarme con Richi tras esos días de agonía vino mi hermano Dylan a hacerme una pequeña visita y a pedirme el uniforme que había tomado “prestado”. No lo esperaba en casa así que pensé que era Richi que había venido. En el momento en que llamó al timbre de la puerta yo corrí hacia ella tan rápido que justo antes de llegar tropecé con la alfombra que estaba justo ante la puerta y caí velozmente dando un golpe a la puerta con la cara y causando tal estrépito que mi hermano al otro lado de la puerta gritó atónito por la ignorancia de lo sucedido. Me levanté apresuradamente y abrí la puerta.
—     ¡Hola! ¿Hermanito?
—     Shonny, ¿qué tal estás? ¿Te sirvió mi uniforme? —dijo entrando en casa.
—     ¡Sí! Muchas gracias hermanito. Huy me gusta ser pizzero. Quiero serlo siempre. Me encanta, me encanta, me encanta, me “recontrahiperencanta”. —dije super animado recordando toda esa noche. Mi hermano era tan alto como yo, con una melena negra y una mecha rubia en su flequillo que pasa justamente por su ojo izquierdo acabando en su clavícula. Sus ojos azules tal que yo y su aspecto facial era hermoso y parecido a un hombre como mi padre, no tenía mi aspecto andrógino. Vestía una gabardina negra y larga que le llegaba hasta los tobillos, dentro de la cual se podían distinguir unos típicos ropajes ninja que desconozco el motivo de su uso. Mi hermano es más bien atraído por los sucesos extraños y los ritos y religiones orientales. También sabía algo de ninjutsu así que quizá fuese por eso.
—     Me alegro. Y, ¿esa cara de cachorrito?
—     ¡Uh! ¿Tanto se me nota?
—     Pues sí. ¿Qué pasó?
—     ¿Te interesa saberlo? Es muy bonito.
—     Sí, cuéntamelo.
—     Pues no.
—     Y, ¿por qué no?
—     No. Bueno si me lo pides amablemente y por favor te lo cuento.
—     Por favor, ¿me cuentas lo qué pasó?
—     No.
—     Porfa.
—     Vale. Si insistes tanto. —y se la conté hasta el más mínimo detalle.
—     Uh pillín. Te pasaste un poco con los detalles eh.
—     Es que estoy muy emocionado. Pero no se lo digas a nadie. Es un secreto habitacional.
—     Ya veo. ¿Y lo has vuelto a ver?
—     No, tengo que llamarlo. Ayer trabajó y no pudimos hablar. —dije un poco decepcionado.
—     Pues llámale ahora.
—     ¿Ahora?
—     Sí, y le invitas a venir.
—     Bien. Volveré a verlo. —apunté emocionado cogiendo el teléfono.
Le llamé y por suerte afirmó que podía venir. Me emocioné tanto que salte encima de mi hermano que estaba sentado en el sofá y lo ataqué con un cojín provocando una guerra de almohadas por toda la casa. Nos lanzamos todo tipo de cosas blanditas, desde almohadas hasta alfombras pasando por cojines y ropa. Al llegar Richi todo estaba lleno de cosas tiradas. Sonó una vez más el timbre y al abrir la puerta era Richi. Salté encima de él y caímos al suelo. Yo estaba únicamente cubierto por unos calzoncillos y la piedra que componía el suelo de la escalera del portal estaba helada así que tirité de frio y Richi empezó a reír.
—     Tú tan mono como siempre. ¡Qué ganas de abrazarte Sean! —exclamó sonriente— Levanta no vallas a resfriarte en julio.
—     Sí, cierto tengo frio. ¡Abrázame! Así me calientas.
—     Pero qué monada eres cuando quieres.
—     ¿Yo monada?
—     Sí, Sean eres muy mono.
—     ¿Cómo osito de peluche?
—     Sí, algo así. Entra adentro venga.
—     ¡Richi ha dicho que soy mono! —grité entrando en casa.
—     Sean eres muy mono y lo sabes. —dijo Dylan saliendo del salón— Encantado soy Dylan Aiden el hermano de Sean. —dijo dándole un apretón de manos a Richi.
—     Encantado Dylan. Soy Ricardo Martinez aunque me llaman Richi. Por cierto que apretones de manos más firmes das.
—     Eso es porque mi hermano es pizzero.
—     Y eso, ¿qué tiene que ver?
—     ¿Recuerdas la última vez que yo fui pizzero?
—     Sí. Vale ya pillo. Siendo pizzero se entrena la firmeza de las manos. —dijo Richi a limpia carcajada.
—     ¡Qué cerdos sois!
—     Dylan, ¡qué buena idea! Richi vamos a hacer que somos cerditos que queremos tener más familia.
—     Sí, será emocionante.
—     Bueno chicos si queréis gruñir adelante. Yo me voy ya volveré otro día cuando estéis menos salidos. —dijo saliendo por la puerta.
—     Adiós Dylan ya nos veremos.
—     Con Dios hermanito. Vamos a ello Richi que quiero ser un cerdito.
—     Vamos precioso que hay que gruñir mucho.
Richi me cogió en brazos y me llevó a la cama. Dos o tres horas después descansamos sobre la cama y mirándonos sonreímos durante un buen rato. Fue uno de los momentos más felices de mi vida.
—     Sean, háblame de tu hermano. ¿Cómo es? No me has dicho nunca que tenías hermanos.
—     Lo sé. Tenía que contártelo. Tengo un hermano y una hermana. Mi hermano es increíblemente listo y con un talento sobrenatural para los mitos. Cree en esas cosas y es capaz de practicar ceremonias de muchas religiones. También practica ninjutsu que es un arte marcial. Es capaz de correr tan rápido que no lo ves y ocultarse en cualquier parte. Es un poco como un espía japonés llamados ninjas. Sabe manejar un sable y casi cualquier arma a la perfección. Tiene una gran puntería con escopetas pero prefiere la espada y las dagas. Es muy ágil y también muy fuerte. Es increíble y desconozco el motivo de que trabaje de pizzero.
—     Sí que parece inteligente pero algún motivo tendrá.
—     Es alguien muy misterioso y me cuida ante todo.
—     En verdad parece una gran persona. Cuida tú también de él. Y, ¿tu hermana?
—     Ella es realmente inteligente. Es detective, psicóloga y también ayuda a mi padre con su empresa.
—     Y tu padre, ¿qué empresa tiene?
—     Posee una red bancaria en Irlanda. Una muy conocida y popular. Y por eso tenemos tanto dinero. Vinimos a vivir aquí y mi padre se quedó en Irlanda trabajando. Estuve años sin vivir con él pero tampoco me importaba demasiado. Vinimos aquí por algo que no sé y no me quieren decir. Ahora estoy en la universidad.
—     Estudias literatura. ¿Ultimo curso? Tienes veinticuatro años. ¿No eres un poco mayor? ¿Repetiste?
—     No repetí. Tengo veintidós años. Soy como tú en edad. ¿No lo sabías?
—     No me jodas. Pensé que veinticuatro. No sé de dónde lo saqué.
—     Pues veintidós recién cumplidos. Hace un mes. Poco antes de conocernos.
—     Sé muy poco sobre ti. Y quiero conocerte.
—     Y, ¿por qué quieres saber sobre mí?
—     Mira Sean —dijo poniéndose sobre mí aún carente de ropa— hay algo en ti que no se por qué pero me hace sentir bien y cuanto más sé de ti mejor me siento al estar contigo.
—     Rich… —intenté pronunciar su nombre pero no me dio tiempo porque me besó.
—     Sean, me es difícil decir esto pero…
—     ¿Pasa algo?
—     Sí, esto, digamos que, se te nota.
—     Ah perdona. —dije riendo– Me pones mucho y por eso me pongo así.
—     No pasa nada. —dijo riéndose.
—     ¿Nos salimos de la cama?
—     ¿Hace falta vestirse?
—     Pues digamos que…
—     Podemos echar una segunda ronda en el sofá.
—     Vale, no nos vestimos. Así estás más guapo.
—     Gracias tú también. Me quito de encima de ti que se me cansan los brazos.
—     De acuerdo. Por cierto, ¿tú lees?
—     ¿Libros? Si, ¿por?
—     Tengo alguno que quizá te guste.
—     Claro enséñamelos.
—     Claro, aquí están. —dije cogiendo un par de libros de una estantería.
—     A ver… —dijo mirándolos con cautela y poniendo una cara de sorprendido— ¿Tú eres el autor? ¿Escribes?
—     Sí. Nunca te lo dije pero ya lo sabes. Se me da bien y tengo varios publicados.
—     Pues los leeré.
Al día siguiente vino mi hermano a ver qué tal nos iba ya que Richi se había quedado a dormir aquí. Dormir no dormimos mucho pero bueno fue interesante.
—     Hola chicos, ¿qué tal andáis? —dijo Dylan con una voz de niño.
—     Bien, super bien. Mucho sexo.
—     Ya eso ya lo vi. Entre diez minutos después de irme porque me había dejado el uniforme del trabajo y misteriosamente oí ruidos de cerdo que salían de vuestra habitación.
—     ¿Sí? Pues mira que cerdos más malotes que vienen a copular a mi casita mientras Richi y yo estamos agarraditos de la mano bebiendo unos vasitos de leche de tubo.
—     Sean y yo estuvimos copulando horas. Siento que tuvieras que oír eso.
—     No pasa nada. Yo mientras Shonny sea feliz estoy bien. Hazle daño y te mato de la tortura más dura y cruel posible.
—     Dylan, estás asustando a Richi. —dije mirando como mi querido Richi temblaba.
—     Gracias Sean. Y Dylan prometo no hacerle daño. Y si lo hago me disculparé de corazón.
—     Eso espero, chico. —dijo Dylan alegre.
Al día siguiente fuimos al garaje donde tocaba Richi con Vanessa y otro participante que desconocía aún. Le quería pedir salir a Richi y estaba nervioso porque cambiaría mucho las cosas.
—     Sean, ¿un poco de vodka?, ¿zumo?
—     Vodka no. Ya tomé bastante el otro día. Un zumo pero esta vez sin sabor a carne.
—     Marchando. —dijo preparando un zumo de muchas frutas.
—     No lo sobrecargues.
—     Ya está. Disfrútalo. —dijo trayendo el zumo a la mesa.
—     Gracias. —dije y empecé a beber— Te pasaste al mezclar frutas. Sabe a arcoíris.
—     Bah no es para tanto, al menos no sabe a pizza de pescado y beicon.
—     Sí en eso está mejor.
—     Chicos, que os motiváis. Richi ajusta la guitarra antes de ensayar.
—     Como la señorita mande.
Richi se fue a afinar la guitarra y yo me quede hablando con Vanessa y le dije que quería pedir salir a Richi. No se lo tomó demasiado bien.
—     Le vas a hacer sufrir. No se lo pidas por favor Sean.
—     ¿Por qué le voy a hacer sufrir? Siempre me dices eso y no me das explicaciones.
—     No puedo dártelas pero confía en mí le harás sufrir.
—     Pero dime el motivo.
—     No puedo. Es cosa de su pasado. Sufrió mucho a causa de alguien y no lo ha superado.
—     Pero…
—     Sean, si en verdad lo quieres aléjate de él antes de que sea demasiado tarde. No provoques su sufrimiento.
—     Pero… Pero yo… ¡Pero yo le quiero! —grité con tanta fuerza que Richi me oyó y vino— Cada vez que me mira, cada vez que me sonríe, cada vez que le beso. Esos momentos me hacen feliz día a día. Estoy enamorado de él desde el día en que lo vi por primera vez y no deseo separarme de su lado. No deseo que Richi sufra pero al mismo tiempo deseo estar con él. No entiendo el por qué me he  enamorado de él pero ha pasado y sólo deseo estar a su lado. Richi, sólo te lo preguntaré una vez y si me dices que no me iré de tu lado para no volver jamás. ¿Quieres salir conmigo?
Richi se acercó a mí y me dio un abrazo bien fuerte. Cerré los ojos y me centré en ese sentimiento. Era ahora o nunca. Si me lo negaba no volveríamos a vernos. Nuestra historia se decidiría con una sola palabra. Le miré a los ojos y vi como llenos de dolor pronunciaba esas palabras que lo decidieron todo.
—     Sean, me gustas pero aún no estoy preparado para salir con nadie lo siento.
—     Pues creo, Richi, que esto es un adiós. —le besé al acabar de decir eso— Hasta siempre.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Mi amor es cimero Capítulo 3

Mi amor es cimero
Capítulo 3


En ese momento se me paró el corazón y no sabía que decirle, sin embargo, las palabras fluyeron de mí rápidamente. Le miré a los ojos y pronuncié esas palabras que nos cambiaron para siempre.
—     Ricardo, ¿te gustan los chicos?
—     ¿Qué?
—     Pues veras es que me gustas. Desde el día en que te vi no he dejado de pensar en ti y deseo constantemente estar a tu lado. —dije nervioso.
—     No digas eso.
—     ¿Qué? —susurré con timidez.
—     ¡Qué no lo digas! —gritó con furia y se fue.
—     Ricardo. ¡Ricardo! —dije mientras veía como se alejaba velozmente.
Ricardo no volvió a decirme nada. No me llamaba, no me cogía el teléfono y yo sólo lloraba y lloraba pensando en él. Sufrí mucho y no quería quedarme sin él, sin sus abrazos ni sus gestos de cariño. Sin su presencia a mi lado yo sólo deseaba sentirlo, disculparme y volver a ser su amigo. No quería que desapareciese por siempre, no quería recordarlo, quería tenerlo a mi lado. No era un chico cualquiera, era mi chico, mi amigo, mi amado y deseaba que siguiese siendo así. Tras varios días llorando empecé a buscarlo. Empecé por la bajera donde tocaba y allí me esperaba Vanessa la cual no estuvo muy apacible ante mi dolor.
—     Vanessa por favor ayúdame. Necesito estar con él. ¿Acaso no lo ves? Necesito encontrarlo y pedirle disculpas si es necesario pero deseo ante nada verlo una vez más. —supliqué angustioso.
—     ¡No! —exclamó ella rotundamente— Date cuenta tío. Le estás haciendo daño y le harás sufrir. ¿Acaso no lo ves? Está sufriendo y no puedes remediarlo.
—     ¿Sufrir? ¿Por qué sufre? No lo entiendo. Nunca me dijo que estaba mal.
—     Pues lo está por tu culpa. Casi le hicimos olvidar todo lo que le pasó y ahora vienes tú y le hurgas en la herida.
—     Pero no lo sé. ¿Qué le pasó?
—     Eso no te lo contaré yo o al menos no ahora. Si quieres hacer algo bueno para él desaparece de su vida y no aparezcas jamás. ¿Entendido? No quiero que a Richi le pase nada malo así que olvídate de él para siempre.
—     No lo haré. No puedo olvidar a la primera persona a la que amo. Entiéndelo. Le quiero. Pase lo que pase podemos afrontarlo juntos.
—     No, esto no. Si lo quieres déjalo marchar.
—     No me rendiré hasta encontrarlo. —dije mientras me montaba en mi coche y me iba.
—     Tu mismo pero acuérdate de que le haces daño.
No sabía que hacer en ese momento así que el día siguiente fui al bar donde trabajaba y pregunté por él. El bar era de sus padres y ellos me dieron su dirección tras exponerles lo que me pasaba con él. Ahora estaba yo ante un dilema moral si hacer caso a mis sentimientos o dejar ir al hombre al que quería. No entendía qué quería decir Vanessa con lo de que le hago daño y tenía ansia de descubrirlo. Le quería y no deseaba que sufriese pero no entendía ese sufrimiento y creía que juntos lo resolveríamos así que al día siguiente fui a casa de Ricardo pero no sin antes pararme a hacer un par de cosas porque ya sabéis que a un hombre se le conquista de maneras peculiares. A eso de las cinco y media de la tarde me presenté en la puerta de su casa y estuve cinco minutos pensando en si era o no lo correcto en aquel momento. Decidí que era hora de enfrentarme a mi destino y ver si al fin estábamos juntos o no volvía a verlo nunca más. Subí las escaleras de aquel antiguo piso sin fijarme mucho en los detalles por las prisas y confusión que llevaba pero algo tenía claro en aquel momento y era  que lo quería y lucharía por estar junto a él a toda costa. Llamé a su puerta y recibí una respuesta casi instantánea.
—     ¿Quién es? —pregunto una conocida voz tras la puerta.
—     Pizzero. —dije con una sonrisa en la boca y un acento italiano.
—     Abro. —dijo mientras la puerta se abría poco a poco— Eres tú.
—     ¿Sorprendido?
—     Que va, sabía que eras tú. Lo que me sorprende es que vistas de pizzero y con bigote postizo.
—     Sí es el uniforme de mi hermano que obviamente es pizzero. Y el bigote… Uhm… No se de dónde lo saqué. —cierto, ¿de dónde lo sacaría ahora que pienso?— Al menos sé que tenías ganas de verme. Si no fuera así no hubieras abierto.
—     No es eso. Llevo sin salir de casa seis días y la comida no dura por siempre. Tenía hambre y cuando estoy depre tengo aún más hambre.
—     Pero podías haberle pedido comida a Vanessa o a cualquier amigo así que sé que tenías unas pequeñas ganas de verme al menos.
—     Qué asco, tienes razón.
—     Lo sé, no soy idiota.
—     Eso es relativo.
—     Habló el que tritura salchichas en una licuadora.
—     ¿Viniste a hablar o a tocar las pelotas?
—     Perdona. ¿Puedo pasar? —dije entrando por la puerta.
—     Adelante estás en tu casa; entra como si nada.
Era una casa ínfima ni la mitad que la mía y eso que yo me quejaba. Tenía una pequeña sala de estar con una vieja televisión y unos sofás hechos polvo. Había una cocina de gas muy usada y una nevera grande y muy desmejorada. Había un baño con un inodoro y una bañera grande y sucia. Ignoré todo eso y fui directo a su habitación. Era una minúscula habitación en gran parte ocupada por una cama doble y un armario empotrado. Estaba plagado de posters y ropa sucia por el suelo. Nos sentamos y empecé a decirle todo lo que deseaba contarle.
—     Ricardo por favor necesito que me escuches y que aguantes hasta el final. Por favor.
—     De acuerdo Sean. Lo hago por ti.
—     Mira, venía a decirte que lo que te dije la otra noche te pudo sentar mal y quería disculparme. Sé que no te gusto pero tú me gustas a mí y quería decírtelo. Sé que puede sonar brusco decirlo si nos conocemos desde tan poco pero es así. No sé como ha pasado pero nadie puede elegir de quién se enamora y has sido tú. Lo siento si esto te ofende pero no puedo cambiar mis sentimientos ahora y no quiero perder nuestra amistad por una tontería así.
—     Lo siento. Lo de la otra noche fue culpa mía y no debí comportarme así. No deseé hacerte daño y lo siento de veras.
—     Soy yo el que lo siente. Me gustas y fui un imprudente al no controlar lo que siento.
—     No es culpa tuya. Al fin y al cabo has venido hasta aquí vestido de pizzero dejando a un lado tus manías a la hora de vestir.
—     No ha sido nada. Lo hice porque me gustas.
—     Eres una gran persona y muy mono y veo que te gusto.
En ese momento me besó y caímos sobre la cama. Lo demás ya os lo imaginaréis. Un principio es un principio y mis nervios se calmaron al ver que al menos un poco sí que le gustaba. Recuerdo bien esa noche y me alegro cada vez que la recuerdo. Lo que en ese momento no sabía era el motivo por el que él había estado depre esos días pero esa noche tenía mejores cosas que hacer que pensar en ello. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Mi amor es cimero capítulo 2



Mi amor es cimero
Capítulo 2



Ricardo y yo llevábamos ya tiempo siendo amigos. Era julio, hacía mucho calor y solíamos ir fuera, a dar paseos tranquilos por la calle pero aún no me había presentado a sus amigos tal como dijo; pero eso no me importaba, estaba feliz sólo con tenerlo a mi lado. Cada mirada, cada palabra, cada gesto de afecto me hacía sonreír y ser un poco más feliz cada día. Un amor es duro y a la vez alegre, fuerte y a la vez débil y sobre todo es una experiencia que te cambia la vida. Llegó un día en el que al fin me iba a presentar a sus amigos y estaba nervioso porque quería caerles bien.
—    Sean, ¿estás bien?
—    Sí; pero algo nervioso.
—    No pasa nada. Sólo son mis amigos no te van a comer.
—    Pero intentaré caerles bien. Me pongo nervioso y no sé que me pasa. Cuando conozco a alguien me bloqueo y no soy capaz de controlarme al hablar sino que intento hacerme respetar.
—    Ellos te respetarán si los tratas bien. Créeme son buena gente y les caerás bien si eres como eres al estar conmigo.
—    Intentaré comportarme.
—    De acuerdo vamos.
—    Vale, cogemos mi coche y así no gastamos tanto.
—    De acuerdo.
Bajamos las escaleras hasta llegar a la calle, seguimos por la calle, giramos la esquina y llegamos a mi coche y la expresión de sorpresa en la cara de Ricardo me llamó la atención.
—    ¿Pasa algo?
—    Dios tienes un coche impresionante y carísimo.
—    No es para tanto. —dije mirando mi coche negro, elegante y sofisticado tal como un coche de un ejecutivo o de un millonario—
—    Sí que lo es. Tienes un cochazo de alucine y un piso de noventa metros cuadrados lleno de cachivaches de todo el mundo y dices que no es para tanto.
—    Mi piso es pequeño. En casa de mis padres tengo mejores cosas. –dije alagado.
—    Pues como tengas un transbordador espacial ya es que me da algo.
—    Anda tira vamos ya. Conduces tú. —dije sonriendo.
Asintió con una gran sonrisa y nos pusimos en marcha. Llegamos a un garaje y aparcamos justo en frente, al parecer no había vado de aparcamiento y pudimos aparcar en frente de la puerta. Tocamos la puerta y abrió una joven señorita de unos dieciocho años con el pelo negro y mechas moradas, llevaba una coleta pero sin el pelo de los lados ni el largo flequillo que le llegaba hasta la clavícula sin cubrirle la cara; sólo la parte izquierda. Vestía una camiseta tres tallas más que ella de un grupo de música, Guns n´ roses se llamaba y el cantante era mono. Unos pantalones de chico con cadenas y unas botas de militar tal como Ricardo.
—    Richi, ¿este es tu amigo? —dijo mirándome con ojos de cachorrita en celo.
—    Sí, os presento.
—    No hará falta Richi. Soy Vanessa encantada.
—    Mi nombre es Sean Aiden. Enchanté. —dije con amabilidad.
—    ¡Oh! Qué educado y qué mono. Me lo comía enterito. —dijo emocionada.
—    ¿A que sí? Es super mono y muy cariñoso. —dijo sonriente. Después se agacho y le susurró algo que le hizo reír.
—    ¿Qué conspiráis a mis espaldas? —dije sospechando.
—    Oh nada, nada tranquilo. —dijo Richi con una sospechosa sonrisita.
—    ¿Entramos, chicos? No nos vamos a quedar aquí parados. —preguntó Vanessa.
—    Claro.
—    Como gustéis. —dije yo.
—    Míralo, Richi, si es una monada.
—    Hala, hala a entrar; y ya sé que soy mono.
Entramos y era una pequeña bajera con un tablado al fondo y llena de camisetas y banderas de grupos por las paredes, mientras que todo estaba lleno de cables, había varios instrumentos, micrófonos, luces, artilugios que no sabía para qué servían, unas sillas, una licuadora, unas mesas, bebidas, una barra como de bar y unas frutas.
—    Sean, ¿te parece bonito? ¿Quieres tomar algo? —preguntó Richi.
—    Sí, claro un zumo; ya que hay fruta.
—    ¿No prefieres un vodka? —preguntó Vanessa.
—    No gracias no suelo beber alcohol.
—    Pues qué aburrido.
—    Anda déjale. Mejor para él. —dijo Richi metiendo naranjas en la licuadora.
—    Gracias Ricchi. ¿Qué haría yo sin ti? —dije agradecido.
—    Toma Sean, tu batido.
—    ¡Gracias! —dije tomándomelo— Sabe raro, como a carne. —dije mientras bebía.
—    Es que, casualmente, ayer a la noche trituramos la cena en la licuadora. Creo que era… —dijo mientras pensaba— Salchichas, pizza, beicon y sushi. —dijo sonriendo como si nada pasara.
—    ¡Qué asco! Intentas envenenarme. —dije asqueado.
—    No fue a propósito pero creo que debí haberte avisado antes.
—    ¡Serás idiota! —dije dejando el zumo sobre la mesa— Necesito agua para quitarme el sabor. —dije, ya tranquilo, cogiendo una botella de agua sobre la barra— Dios, ¿qué es esto? ¡Sabe asqueroso! —exclamé dejando rápidamente la botella tras haber bebido dos tragos.
—    Es vodka. —dijo Richi riéndose.
—    ¿Qué hace vodka en una botella de agua? Da igual, voy por cola. —dije y cogí una botella de cola sobre una tabla llena de botellas— Está mejor que la cola normal. A partir de ahora beberé de ésta marca. —apunté mientras daba unos cuantos tragos.
—    ¿Se lo decimos? —preguntó Vanessa a Richi.
—    ¿Qué hay que decirme?
—    Que eso es cola con vodka negro. —Dijo Richi riéndose a más no poder.
—    Os mato. —dije con mirada asesina.
—    Éste es capaz; pero sería el asesino más mono del mundo. —dijo Vanessa.
—    Sí, desde luego. Soy el asesino amoroso. —apunté con tono de niño tonto.
—    Richi, ¿lo ves? Es super mono.
—    Sí, me lo como enterito.
Richi se acercó y me besó por segunda vez. Yo me quedé atontado y eufórico por haberme besado el chico al que quería. Estuvimos unos tres minutos y no lo hubiéramos dejado si no fuese por Vanessa que se aburrió.
—    Perdonad por interrumpir pero, ¿estáis liados?
—    ¿Liados? —pregunté con desconcierto.
—    Sí eso, liados. ¿Lo estáis o no? —preguntó insistente.
—    Que va. Vanessa no imagines cosas. —dijo Richi.
—    Eso; no imagines.
—    Valla par de dos que estáis hechos. Venga Richi, a ensayar.
Mientras ensayaban me quedé pensando. “¿Sería Ricardo gay? ¿Le gusto? Le gusta besarme; por algo será. A mí me gusta y quiero salir con él. Quizá deba pedirle salir. Sería lo propio y si no le van los hombres me lo diría. Pero apuesto a que le van y que algo le gusto. Decidido, se lo pediré. ¡Qué ganas de hacerlo!” Y eso fue lo que pensé; pero en más tiempo, como unas dos horas y a efecto de vodka. Richi y Vanessa acabaron de ensayar y me fui con Richi a casa. Estábamos Ricardo y yo solos así que era un momento crucial para hacerle una pregunta que cambiaría nuestra relación radicalmente.