Mi amor es cimero
Capítulo 5
Tras despedirme de Richi para
siempre no hice mejor cosa que estar tumbado en mi cama y llorar
inconsolablemente por haber perdido por siempre a Richi. No era a penas capaz
de levantarme y no había un solo segundo en el que no pensara en él. Estaba
solo y debía afrontarlo. En verdad quería a ese chico y su sola ausencia me
destrozaba lentamente. Solo deseaba verlo y sentirlo a mi lado. No me importaba
tanto que no fuéramos pareja ni nada porque era feliz aun siendo su amigo.
¿Entendéis lo qué significa perder al ser amado? ¿Creéis que podríais superar
la pérdida de la persona a la que más cariño tengáis? Yo en ese momento sabía
que no y no deseaba perderlo. Lo que más me dolía era que le hacía daño.
Vanessa tenía razón, le estaba haciendo daño y por eso no estaba preparado para
salir conmigo. Yo sabía que él me quería pero la pregunta era si él conocía tal
sentimiento en su interior. No hice más que sollozar durante cuatro horribles
días desde que me despedí de Richi hasta aquella mañana que tan detalladamente
recuerdo. Abrí los ojos y tras un gesto de sorpresa sonreí. Ese gesto de
sonrisa fue diferente a cualquiera que anteriormente había hecho. En el
estómago sentí una especie de cosquilleo que me producía tal cosquilleo y
sensación indescriptible. Os preguntaréis el motivo de sonreír en ese momento
o, posiblemente lo sepáis. Durante una milésima de segundo había visto a Richi.
Estaba sonriendo y por eso sonreí yo, por esa pequeña fracción de segundo en la
que vi su alegre rostro. Me hizo sonreír el pensar que aun estando sin mí fuera
feliz. Deseaba su felicidad y añoraba la mía. Tras esa instantánea visión
parpadeé y volví a verlo. Estaba ahí, sobre la cama, sonriente y mirándome
fijamente. Era él y había vuelto para verme, o eso creía.
— Sean,
lo siento. Te he hecho dañó y no soporto estar sin ti. He sido un grosero
además de una horrible persona contigo. Lo siento. Siento no haberte dicho nada
pero temía confiar en ti por si me podía hacer daño. No deseo sufrir por amor y
temía volverme a enamorar por sufrir pero lo he hecho. Me he enamorado de ti y
no consigo sacarte de mi cabeza.
— Richi…
— Sean,
llevo cuatro días llorando por ti y también estuve llorando aquella vez que me
fui. No entiendo el motivo pero te deseo a mi lado. Quizá sea tu sonrisa o tu
forma de ser. Sinceramente me gustas y quiero estar a tu lado. Quizá no lo
desees tras haberte tratado así pero no quería sufrir. Te juro que no volveré a
hacerte sufrir nunca más. Lo que quiero decir es… ¿Quieres salir conmigo?
— Richi…
Yo te he querido desde el día que te vi por primera vez. Eres diferente a los
demás. Hay algo en ti que me altera emocionalmente. Eres la persona que ha roto
mi coraza de niño rico alejado de la sociedad e indiferente con las personas. Te
lo digo en pocas palabras y mejor explicado. Tú eres mi anhelo, mi sol y mi
vida. Tus besos mi felicidad y mis estrellas. No hay nada en este mundo que
desee más que estar junto a la persona a la que quiero. Yo quiero salir contigo
Ricardo.
— Entonces
estamos saliendo, ¿no?
— Sí,
al parecer. —dije con una sonrisa más animada que nunca.
— Sean…
— ¿Richi?
— ¿Crees
que seremos felices el uno con el otro?
— Yo
creo que sí. Si has venido a mi casa en medio de la noche a pedirme salir por
algo será. Y, ¿cómo lo has hecho?
— Es
una larga historia.
— Tengo
tiempo.
— Verás
todos estos días he estado super depre y ayer por casualidad vi a tu hermano en
la calle. Me preguntó el porqué de mi amargura y yo le dije que estaba confuso
porque quería estar contigo pero no quería sufrir. Él me dijo que habías estado
mucho tiempo enamorado de mí y yo no supe que contestar. Me contó cosas sobre
ti que jamás hubiera imaginado y tales cosas como tu necesidad de ayudar a
quien sufre y tu capacidad para escribir artículos motivantes para las
personas. No soportas ver una lágrima. —añadió sonriente— En el momento que vio
que en verdad se podía fiar de mí me prestó las llaves de tu casa. Vine y me
tumbé a tu lado. Me pasé la noche mirándote y sonriendo esperando disculparme.
También me tiraste de la cama un par de veces pero bueno ya tengo la cara bien.
— Eres
muy bueno conmigo.
— Tú
lo eres más. No importa el daño que te haga porque siempre vuelves. Eres un
idiota.
— ¿Por
qué? —dije con ojos de corderito.
— Porque
un chico normal no hubiera intentado asociarse con alguien que le haga tanto
daño.
— Yo
no siento por ti nada normal. Me has cambiado la vida y no importa cuantas
veces te vayas o desaparezcas porque te encontraré. No importa el escondite,
país o ciudad que utilices para huir de mí porque te encontraré, te besaré y
sonreiremos juntos de nuevo.
— Sean…
— Richi
Me gustas y deseo estar contigo.
— Sean…
—dijo mientras me daba un buen abrazo— No quiero perderte. Por favor no me
dejes nunca.
— No
lo haré, Richi.
Empezamos a salir como pareja
pero aún había cabos sueltos como el motivo del sufrimiento del que Vanessa
habla a todas horas. Nunca me lo había contado y deseaba saberlo pero tampoco
quería hacerle daño al rememorar un mal hecho de su desconocido y, al parecer,
turbio pasado. Lo que me importaba era que conmigo era feliz y yo también a su
lado. Estuvimos tiempo sin separarnos para casi nada, unos tres días. No podía
creer lo feliz que era a su lado. El mayor anhelo desde que lo conocí era
realidad y no podía salir de un estado de euforia.
— Shonny,
¿puedo decirte algo?
— ¿El
qué?
— Eh…
—aspiró con una cara afligida.
Lanzó un apagado suspiro y cayó al
suelo aparentemente mareado. Lo cogí en brazos y lo subí a la cama. Al
despertarse miré en su rostro como un profundo y agonizante dolor se apoderaba
poco a poco de él dejándome ver directamente su interior. Desconocía ese dolor
e intenté hablarle pero volvió a desmayarse y durante esos sueños pude ver como
gritaba un nombre una y otra vez. Cada vez que pronunciaba ese nombre caía una
lágrima mientras se balanceaba de un lado a otro. Al fin despertó y parecía
estable así que aproveché la ocasión para hablar con él.
— Richi…
— Shonny…
— ¿Estás
bien, Richi?
— Eh…
—aspiró de nuevo pero esta vez con fuerza, con una fuerza tal como para sacar
de sí mismo algo muy fuerte que le hacía daño.
— No
me lo digas si no quieres.
— No…
Esto es cosa mía pero quiero que lo sepas.
— Entonces
te escucharé.
— Es
sobre…
— ¿Marcos?
— Sí,
él era… El primer chico del que me enamoré.
— Te
escucho.
— Pues
yo tenía catorce años. Marcos era mi mejor amigo de toda la vida. Teníamos una
relación muy estrecha y desde hace un tiempo me fijaba en él de un modo más
fuerte que como amigo. Pasábamos mucho tiempo los dos juntos y deseé estar
saliendo con él. Mi primer error fue alejarme de él por un hecho inevitable
como era mi amor por él. Cuando realmente entendí que lo deseaba a mi lado fui
a buscarlo pero…
— ¿Si?
— Es
algo muy duro y siento no poder decirlo de un tirón.
— Tranquilo.
—dije mientras me sentaba a los pies de la cama— Yo también he cometido errores
y deseo escucharte porque me gustas y quiero estar a tu lado.
— Vale.
—asintió— Fui a buscarlo y él estaba ahí conmigo como de costumbre. Mi segundo
error fue contárselo. Se lo conté y reaccionó bien y por varios días fuimos
felices y salíamos juntos. Él también me quería y fui feliz a su lado. Días
después me enteré de algo que… No… No supe como reaccionar. —dijo acongojado.
— Richi…
Tras unos minutos de silencio
Richi volvió a hablar y siguió contándome esa terrible historia.
— Marcos
me dijo la verdad sobre mí.
— ¿Tu
verdad?
— Sí…
Marcos me dijo algo que ya sabía. Yo era adoptado. Él lo sabía y no solo dijo
eso.
— ¿Qué
dijo?
— Dijo
que él… Es mi hermano.
— ¡¿Qué?!
—exclamé sobresaltado.
— Me
dijo que nuestros padres le habían dejado por no poder hacerse cargo de mí.
Marcos era un par de años mayor a mí y no entendía que fuera mi hermano. Me lo
explicó un par de veces y yo le pregunté “¿Por qué no me lo dijo antes?” y “¿Por
qué había estado saliendo conmigo si éramos hermanos?” No lo entendía pero él
insistió en que no importaba lo más mínimo. No me lo había dicho por no
empeorar las cosas. En el momento en el cual me dijo esto yo corrí huyendo de
él, de esa verdad que tanto me dolía y éste fue el tercer y peor error que
cometí. Él me siguió y yo corrí todo lo que pude. Llegué a un paso de cebra y
crucé pero al cruzar él un coche acelerado lo atropelló y yo fui a su lado pero
ya era tarde. Marcos había muerto y justo antes de expirar dijo unas palabras
que me marcaron. Dijo “Te amo, hermanito”. —dicho esto Richi se puso a llorar.
— Richi…
— Sean,
ya lo sabes. Ya sabes mi mayor secreto.
— Te
quiero Richi.
— Sean…
Yo a ti también te quiero.
— Estaré
siempre a tu lado. Para lo bueno o malo que suceda estaré siempre para
protegerte y abrazarte en momentos así.
— Eres
increíble.
— Lo
sé y por eso te quiero.
Tras saber la verdad de Richi
pasamos un montón de momentos juntos y fuimos muy felices juntos. Al fin él
podía sonreír de verdad. Esos días después de saber la verdad fueron increíbles
y fue como una calma antes de la tormenta que nos venía encima. Varios días
después pasó lo más inesperado que podía pasar en ese momento. Fue raro y
sorprendente. Empezó con un toque a la puerta.
— ¡¿Hermanita?!
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