Mi amor es cimero
Por Jose Antonio Mauleón
Capítulo 1
Corría una tarde de verano, yo estaba
paseando por una de las calles de esa ciudad llamada Pamplona. No tenía rumbo
ni tampoco ansia de llegar a un final de trayecto. Llevaba dos horas andando e
intentando evadirme de mi aburrida vida de universitario. Habían pasado tres
días sin apenas salir de casa y sin mejor cosa que hacer que ver telebasura y
leer un par de libros. Ya estaba harto de quedarme en mi pequeño piso y deseaba
salir pero sin mucho que hacer. Compré un libro de literatura renacentista y
tras ello deseaba sentarme a tomar algo así
que paré en un bar a eso de las nueve de la noche. Recuerdo que era un bar de
estilo navarro con fotos de pelotaris y un televisor grande emitiendo vídeos
musicales en ese momento, era pequeño pero me servía con que tuvieran café. Me
senté en una mesa y no tardó en llegar un camarero.
—
¿Qué
va a tomar?
—
Un
descafeinado por favor y rapidito.
—
De
acuerdo y lo antes que pueda.
—
Eso
no me vale porque desconozco tu potencial a la hora de preparar cafés —exclamé
descontento.
—
Trabajo
en un bar así que tengo la mía
—
Sí
al parecer pero nunca oí hablar de este barucho así que no debe de ser muy
bueno. ¿Podrías tener el muy conveniente honor de prepararme mi café?
—
Ya
voy guaperas.
Tardó un par de
minutos en traer el café y estaba caliente.
—
¡Está
ardiendo! ¿Acaso tratas de derretirme? —le pregunté mientras lo miraba. Tenía
más o menos la misma edad que yo. Tenía pelo negro, corto y era guapo de cara. Era
fuerte y esbelto en cuestión de físico. Llevaba puesto una camiseta negra de un
grupo que desconocía y unos vaqueros informales, además de un delantal negro
con el nombre del bar.
—
¡No
te pases señor universitario! —Exclamó mientras se sentaba en una silla— No
intimidas tanto como piensas.
—
Y
eso lo dice el camarero. Démosle un novel en psicología.
—
Eres
increíblemente arrogante —añadió con gesto de enfado— créeme cuanto te digo que
no llegarás a mucho siendo así. No importa que te gradúes en literatura,
medicina, derecho o lo que sea porque para triunfar en la vida hay que tratar
bien a las personas.
—
Y
eso lo dice el camarero que a lo máximo que puede aspirar en la vida es a
cocinero de un restaurante de tercera.
—
Ya,
sí, seguro. No lo has notado por no poder darte una sola oportunidad de
inferencia pero en el próximo curso estaré estudiando en la universidad tras
haber estado trabajando de camarero estos años para pagarme los estudios.
Porque no sé si lo sabes pero hay gente que necesita trabajar para poder tener
estudios y aspirar a algo en la vida no como tú señor de caras vestimentas y un
ego sin límites.
—
Mira
Camarero de tres al cuarto sólo te he pedido un mísero café y no recuerdo haber
mencionado en un solo momento que necesitaba una charla sobre cómo debería
hacer mi vida. Y si no te puedes pagar la universidad es cosa tuya porque no
creo que hablarme de esa manera te ayude a recaudar dinero para tu causa —dije
con ira tomándome rápidamente el café.
—
Pues
mira tío no se de dónde has salido pero me da igual porque yo hago mi vida y tu
la tuya y no necesito que un pijo como tú me diga nada así que déjalo. ¡Adiós
“Sir Desconocido”! –gritó mientras se levantaba y volvía a su barra.
Me levanté y volví a
casa sin dejar de pensar en ese idiota de pelo negro que tan mal se había
portado conmigo. No dejé de pensar en él pese a que sólo era un camarero de un
bar. Me sentía mal por haberlo tratado así y era la primera vez que le pasaba.
Pensé en él toda la noche y el día siguiente. Volví a la cafetería dos días
después de haber discutido y le pedí disculpas pero aún así no era suficiente y
el remordimiento me reconcomía por dentro. No dejaba de pensar en él y no lo entendía. No había una sola razón
para aquel sentimiento tan extraño y ese anhelo de volverlo a ver una vez más.
Al principio no lo entendía pero tras meditarlo entendí que me había enamorado.
Volví al bar a pedirle
disculpas más adecuadamente y a verlo por la necesidad tan extraña de volver a
oír su voz.
—
¿A
qué vienes ahora? ¿A criticar mí pelo, mi ropa o que coño haces aquí?
—interrogó con un enfado natural de la otra experiencia.
—
No.
He venido a pedirte disculpas humildemente por mis grotescos actos. No debí
comportarme así con alguien a quien no conozco. Debería admirar tu fuerza para
poder esperar a hacer algo que en verdad te gusta y luchar por ello. Yo desde
siempre he tenido mi vida y mis oportunidades servidas en bandeja pero tú
tienes que luchar por lo que en verdad aprecias y eso tiene mérito.
—
Gracias.
Acepto la disculpa.
—
Gracias
a ti enserio. Ponme un café.
—
Marchando.
Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
—
Ricardo
Martinez, ¿y el tuyo?
—
Aiden,
Sean Aiden. Encantado.
Estuvimos un par de horas hablando y
aprendí varias cosas de él como que cantaba y tocaba la guitarra por afición en
un grupo y que pretendía estudiar música para ser, en un futuro, profesor de
música en un instituto. Cada segundo que pasaba con él esa tarde más enamorado
estaba.
Al día siguiente volví a tomar un
café a esa cafetería y al siguiente y así varias semanas hasta que decidimos
quedar fuera, concretamente en mí casa. Sonó la puerta, abrí y apareció un
hermoso príncipe con un ramo de rosas rojas y los más selectos manjares, más
bien un rockero con una peli de monstruos y tres bolsas de palomitas de
microondas pero tenía su punto romántico detrás de la chupa, las botas, las
cadenas, los pinchos, los cinturones, la camiseta de lo que sea eso y no quito
nada más que lo dejo sin nada.
—
Aupa
Sean. Macho, ¿qué tal? Mira he traído “Un ojo bajo mi cama” esta peli motiva
mucho.
—
Para
mí como si dices el salami de las tinieblas.
—
Dios,
¡qué incultura! Ya te daré yo algo duro, que no todo son unicornios lo que hay
por el mundo, que también hay jinetes que van por la vida dando fuerte.
Me quedé mirándolo con
un gesto de ganas de practicar sexo con él mientras él me miraba y reía.
—
Una
pregunta, ¿tú eres virgen? Es que te quedas ahí mirándome con esa cara de
salido mental y me haces sentir violable.
—
Eh…
No es nada. —dije entre risas tímidas.
—
Hala,
guapetón, vamos a ver la peli.
Mientras la veíamos charlábamos y con
lo miedica que soy, además de lo oportunista, me agarraba a su brazo en ciertas
escenas y sentía su confortable calor.
—
Eres
muy miedica, ¿sabías?
—
Sí,
lo soy un poco. Es cosa de la peli esta que paso pavor con estas cosas. ¡Ah!
—grité fuertemente tirando las pocas palomitas que quedaban al suelo y
agarrándome fuertemente a él con los ojos cerrados.
—
Ya
está, ya acabó la peli. Que trauma tienes.
—
Mejor
porque soy poco decidido a estas cosas.
—
¿Tú?,
¿poco decidido? Pues esa imagen que tienes de intimidante no te va bien, es
decir es falsa.
—
Sí,
puede. Pero realmente soy muy inseguro y trato de tener esa imagen para poder
ser respetado.
—
No
entiendo tu inseguridad. —me dijo mirándome fijamente– Eres una gran persona y
lo demuestra que no todos hubieran venido a disculparse después de insultarme y
tú lo hiciste. Y físicamente eres un hombre de veinticuatro años hecho y
derecho, tienes el pelo castaño claro con un toque dorado y un poco largo pero
no demasiado, unos ojos marrones y un aspecto facial muy bello. Tus labios
atraerían a cualquier chica y tu sonrisa suave pero delatadoramente hermosa es
capaz de mover montañas y atraer corazones.
—
Gracias;
pero aún no he tenido pareja estable. No le gusto a la gente. —después de lo
que me dijo ya estaba muerto de felicidad.
—
No
entiendo el por qué. Eres una grandísima persona. —me dijo suavemente y me besó
en la boca— sé que no soy una chica pero bueno.
—
No
pasa nada, es lo normal entre amigos. —si su comentario me había dejado muerto
esto ya me había matado un millar de veces— ¿Puedo revelarte un secreto?
—
Sí,
claro.
—
Eres
mi mejor y único amigo.
—
¿En
serio? Me halagas pese a lo triste que es eso.
—
Lo
sé. —dije tímido mirando hacia abajo.
—
No
pasa nada. Eres irlandés así que será difícil hacer amigos en poco tiempo.
—
Llevo
viviendo aquí toda mi vida y no he hecho nunca un amigo de verdad.
—
Pues
eso va a cambiar. Te presentaré a mis amigos seguro que les caerás bien porque
eres estupendo y te mereces ser feliz. —dijo con una gran sonrisa.
—
Gracias,
en serio, eres un buen amigo —dije con una sonrisa de ánimo.
Nuestra historia como
amigos comenzó ahí y siguió por buen camino. Nos llevábamos óptimamente y los
sentimientos de euforia que tenía al verlo junto a mí no cesaban y no acabarían
en ese momento. Creedme cuando os digo que el amor os puede llegar en cualquier
momento o lugar con la persona más o menos indicada; por eso hay que
disfrutarlo a más no poder e intentar ser felices a su lado de una u otra
forma.
Me encantan los dos ;D Son más monos...
ResponderEliminarEspero el siguiente capi.
¡Besos!
By Myra
Wiiiii el universitario lo hice pensando en mi ajaj sé que parece idiota pero es muy mono y yo también wiiii
Eliminarjajaja ;D
EliminarMe encantan los dos :)
By Myra
=) Son to´ kukiiiis jajajajaja i muy guapooos ajjaja
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