jueves, 31 de enero de 2013

Una vida valiosa


La gente por desgracia no valora su vida. No valora todo lo que vale ni lo que es para las demás personas de su entorno. Dicen que su vida no vale una mierda y cosas por el estilo. ¿Es eso verdad? ¿Nuestras vidas no valen nada? Rotundamente no. Puede que nosotros mismos no nos veamos valiosos pero sí otras personas. En nuestra vida siempre habrá alguien que nos añore si nos vamos. Esas personas que son tus amigos, familia, pareja y demás siempre estarán contigo apoyándote aunque no quieras verlo. Puedes insultarte, alejarte de todo e incluso despreciar tu propia vida pero nunca digas que no le importas a nadie porque no es así. Puedes sufrir solo o puedes pedir ayuda a la gente de alrededor. Seguro que alguien te ayuda. ¿Quieres morir? ¿Por qué? ¿Porque tu vida es una mierda? ¿Vas mal en clase, trabajo o lo que sea? ¿No tienes amigos? Sólo son simples escusas. Tu vida puede recomponerse si tú lo deseas. Esfuérzate en hacer que cambie. ¿Quieres morir? ¡Hazlo! Hazlo si estás seguro de ello. Hazlo si tienes un buen motivo. Hazlo si no tienes a nadie. Pero antes de hacerlo piensa en tu vida en tu familia y amigos. ¿Qué sentirán si mueres? ¿Has pensado alguna mísera vez en ellos? ¡No! Eres tan egoísta que solo quieres aliviar tu sufrimiento pero ni tan siquiera consideraste el sufrimiento que causarás con tu muerte. Sólo eres una persona más en este mundo, ¿verdad? No importa que mueras, ¿cierto? ¿En serio crees que sin ti alguien estaría mejor? Piénsalo. Este texto no sólo va para los que estén mal sino que también se dirige hacia todos los demás. ¿Cuántas veces habéis agradecido todo lo que tenéis? Una casa, instituto, universidad, trabajo, familia, amigos, etc. ¿Cuántas veces habéis estado tristes por una tontería como que no os compran chocolate verde o algo así? ¿Por qué no sonreís por poder comer manzanas y no bichos del suelo o por beber agua de un grifo y no tener que ir a buscarla a una fuente a tres horas a pie? ¿Cuántas veces habéis dicho a vuestro mejor amigo que lo queréis le habéis dado las gracias por permanecer siempre a vuestro lado? ¿Cuántas veces habéis agradecido a vuestra madre cada comida, cada cambio de pañal, cada cuento que os leía? ¿Y por qué no lo hacéis? Aún estáis a tiempo de recapacitar y valorar lo afortunados que sois de tener gente a vuestro lado y haber nacido en un lugar así. Hacedlo y sentíos felices cada vez que alguien os sonría, abrace, bese o cualquier muestra de afecto que tengan.  Sed felices con lo que tenéis porque millones de personas quisieran tenerlo.
Fdo. Jose Antonio Mauleón

sábado, 26 de enero de 2013

Una sonrisa, una lágrima y tú


En mi vida has pasado muchas cosas; buenas y malas. He tenido amigos y los he perdido, he vivido numerosas experiencias emocionantes y dramáticas. No puedo decir que mi vida haya sido un infierno pero sí que he sufrido. En este último año han pasado muchas cosas y tú lo has pasado a mi lado. Al principio no te conocía pero había algo en ti que me atraía. Esa atracción fue aumentando hasta que empezamos a salir juntos. En ese momento yo dejé de estar solo. Tenía a alguien que estaba conmigo, me protegía y me quería más que nadie. Me hiciste feliz y me hiciste confiar, algo que nadie jamás había conseguido. Han pasado muchas cosas entre nosotros y te puedo asegurar que estaré contigo. No sé si lo nuestro durará por siempre pero sí que jamás olvidaré lo que en este momento estoy sintiendo. Eres una gran persona. Estás dispuesto a ayudar a todos, eres amable, dulce cariñoso y siempre estás cuando te necesitan. No entiendo por qué yo. No entiendo por qué me has elegido a mí ni tampoco sé si te merezco. Lo que sí sé es que estaré contigo en cada momento y te haré lo más feliz que pueda porque lo mereces. Mereces ser feliz porque eres una gran persona. No entiendo por qué has elegido a una persona con tantos defectos y malas aficiones como yo pero me haces muy feliz habiéndome elegido. Si alguna vez no estoy quiero que sepas que te quiero y te querré allí donde esté. Vivimos separados pero te siento siempre a mi lado. Me haces sonreír al verte en una foto o pensar en tu mirada. Te quiero ver sonreír y haré lo imposible por ver una sonrisa tuya. Quiero sentir tus dedos en mi cuerpo; rozándome y de tus labios salir un suave “Te quiero” que acaricie mis tímpanos y sentimientos. Ansío a tus labios rozar los míos y con mis frías manos sentir tu candente mejilla. Dentro de trece días serás mío una vez más y podré ser feliz a tu lado durante mucho tiempo. Añoro tus besos y no hay momento en el que no desee oír tu voz. Quiero que sepas Mi Bichito que TE QUIERO, TE AMO Y TE NECESITO.

miércoles, 9 de enero de 2013

Mi amor es cimero capítulo 9


Mi amor es cimero

capítulo 9




Sean, mi novio, había muerto y yo también. La simple ausencia de Sean y la noticia de su muerte me habían matado por dentro. Nunca antes había tenido tal depresión y sabía que no podía hacer nada. ¿Alguna vez habéis pensado lo que sería perder a la persona más importante para vosotros? Sería mejor que lo pensarais porque ese día llega y no sabréis cómo reaccionar. Yo, personalmente creo que aun habiéndolo pensado antes nadie está preparado para la muerte de un ser querido. Yo en ese momento estaba enamorado de Sean y haría cualquier cosa por volver a estar con él. Sean ha sido para mí la persona más importante de mi vida y estos dos meses habían sido los más extraños e irracionales que había vivido. Pasaron 7 días desde que Sean murió hasta que yo dejé de pasar el día en la cama llorando. Dylan se había marchado por motivos de la investigación y no sabía su paradero ni el de su hermana. Tampoco sabía el lugar de sepultura de Sean que no me dijeron ya que tan pronto murió Sean como desapareció su hermana y dos días después Dylan. Me dijo que esperara porque volvería pronto y eso hice. El séptimo día tras su muerte yo me hallaba en su casa leyendo sus diarios sin ton ni son. Uno tras otro leí todos ellos y no sabía lo que había sufrido Sean hasta leerlos. Me hicieron llorar en varias ocasiones ya que Sean ha perdido muchas amistades a base de traiciones que sufría, ha sido humillado por toda su clase y no podía refugiarse en nada. Sean había sufrido incluso más que yo y eso me hizo sentir culpable. Fui yo el que se rindió y no pudo aguantar más el sufrimiento causado por la muerte de mi hermano y Sean había perdido a todos sus amigos desde que era pequeño. Vivía solo y alejado de la sociedad hasta que llegué yo. Yo cambié su vida, tal como ponía en sus diarios. Yo le hice feliz. Era frase la leí varias veces en su diario de este año. “Richi me ha cambiado, me ha hecho feliz.” “Richi me ha hecho volver a creer en las personas.” “Desde que estoy con él puedo sonreír.” Esas frases me entraron muy adentro. Profundizaron de tal forma en mí que deseé estar junto a él para siempre.
Ese séptimo día supe lo qué tenía que hacer. Por más que me costase sabía que debía estar con él así que seguiría sus palabras y trataría de ir al cielo. Sabía que era arriesgado, imposible, jamás lo conseguiría pero jamás pensé que conseguiría volver a enamorarme y me enamoré de ese pequeño y dulce chico que era Sean. Solo sería hacer algo imposible una vez más. Esta vez iría al cielo a buscar a mi chico. ¿Sería eso posible? Debía prepararme para el viaje. Nunca antes había hecho algo así pero por Sean lo haría. No sabía con certeza si lo que estaba a punto de hacer estaba bien. En verdad había muchas personas que me necesitaban aquí pero quería ir con Sean, por amor lo haría. Me puse mi ropa favorita y me dispuse a hacer ese viaje al cielo. Miré esa ventana en la habitación de Sean que tanto me gustaba mirar por las ventanas y por un instante me dije “Sean, dentro de nada estaré ahí, contigo. Te amo”.
Lo hice. Fui con Sean, al cielo.
Tenía miedo de si había hecho lo correcto pero ya no podía dar marcha atrás. Ya estaba llegando a mi destino.
Ahí delante estaba. No podía creer que estuviera llegando al cielo. Esa luz anaranjada tan potente me segaba. Era la hora del crepúsculo y al fin llegaba al cielo. Me paré. Tenía dudas sobre cómo acabaría todo esto. ¿Qué pasaría con mis padres y el bar o Vanessa y el grupo? Ya era demasiado tarde lo había hecho y por más que quisiera no podía echarme atrás. Ya era hora de dejar mi aburrida vida atrás e ir por mi amor verdadero, Sean J. Aiden.
Corrí tras esa anaranjada luz hasta que vi aquella silueta. Se encontraba de pie y con un libro en las manos. No podía distinguirlo bien pero ya sabía que era Sean quien me esperaba en el cielo. Llegué a la cumbre de aquel extraño camino y me acerqué a esa persona por detrás. Habían pasado siete días. Para mí una eternidad y para él no lo sé.
Sean estaba ahí aunque aún no se había percatado de mi presencia. Le agarré por detrás pasándole las manos sobre l cintura y poniendo mi cabeza en su hombro. Sean no se giró sino que sonrió y ambos pronunciamos al unísono un reconfortante y cálido “Te amo”. Estuve abrazándole un rato y no podía soltarlo. Al fin estaba con mi querido Sean.
Sentí sus manos en mi estómago y supe inmediatamente que era mi amado Richi. Había esperado tanto. Había ido ahí todos y cada uno de los días a esperar que apareciera. Habían pasado siete días y por fin había aparecido. Solo pude decir un “Te amo”. Pasamos un rato ahí, abrazados y sin mediar palabra hasta que a Richi se le ocurrió decir “Te he echado de menos, Sean”. Yo también lo había echado de menos. Lo quería y necesitaba su compañía en un momento tan duro para mí. Lo necesitaba.
Sean, tras estar un rato abrazados me llevó hacia un árbol y nos sentamos en la hierba. Era un mirador, en Irlanda, se veía un atardecer y varios pueblos pequeños alrededor. Sin duda era el lugar más bonito en el que había estado. Podía ver bosques, ciudades, pueblos, montañas e incluso podía ver el mar a lo lejos. Era un lugar hermoso y un poco frio pero estaba a gusto. Había varios árboles y nos sentamos al lado del más cercano a la valla que nos separa del acantilado. Sean apoyó su cabeza sobre mi hombro y empezó a hablar.
—     Richi, tenía muchas ganas de verte. Siento haberme ido sin decir nada pero sabía que vendrías por mí. No pude oponer resistencia a mis hermanos que querían protegerme. Me trajeron a casa de mis padres y me separaron de todo. Suerte que le di el colgante a Dylan y así pudiste leer mis diarios. Deseaba tanto volver a verte. Estos días he estado llorando y no salía de mi habitación salvo para ver el atardecer en este mirador y esperar el día de tu llegada. Solo Dylan sabía que te dije que vinieras y siento todo el daño que te he ocasionado.
—     Yo también estuve llorando estos días. Sufrí mucho tras tu supuesta muerte. Joder… No quiero volver a sentirme así. Sufrí pero no fue tu culpa. No quiero que te culpes y si tuviste la culpa no pasa nada porque sé que me quieres, tranquilo.
—     Richi, estoy enamorado de ti no quiero que olvides eso porque sé que seremos felices el tiempo que estemos juntos.
—     Quiero estar contigo, Sean, estaría contigo hasta el final de mis días. Sean, te amo y te deseo junto a mí. Han pasado siete días en los que me ha dado tiempo suficiente para pensar y he sabido que nunca he tenido un sentimiento más fuerte que el que siento por ti.
—     Richi, estoy enamorado de ti. Lo sabes y tú me amas pese a todo lo que sufres conmigo. Quiero estar a tu lado toda mi vida y espero que sea posible.
—     Sean, ojala no hubiera pasado todo esto. Te sentirás muy mal pensando que alguien te quiere matar.
—     En verdad es una experiencia interesante. Quizá la utilice en algún libro.
—     Te harías famoso. Aún más famoso.
—     Han pasado muchas cosas desde que te conozco.
—     Han sido buenas y malas pero la mejor experiencia de mi vida.
—     La mía también. Me he enamorado y jamás pensé que sería de alguien como tú. —dijo Sean mientras sonreía— Te amo por ser quien me ha hecho feliz por primera vez. Es la primera vez que soy feliz estando con alguien.
—     Sean, sé que has sufrido mucho pero yo te protegeré. No dejaré que nadie más te haga daño.
—     ¿Lo sabes? Leíste mis diarios
—     Sí. Todos y cada uno de ellos del uno de enero al treinta y uno de diciembre.
—     Y, ¿sabías lo que sentía?
—     Sí. Sé que sufriste y te prometo que no volverá a pasar. Esa gente no conocía lo buena persona que eres ni tu forma de ver el mundo. Te rechazaban por ser diferente pero yo te prometo que no volverás a sentirte mal de nuevo. Estaré yo en cada momento apoyándote y haciéndote fuerte. Has pasado mucho sufrimiento y siento no haberme dado cuenta antes pero gracias a tus diarios te he entendido. Te amo, Sean.
Sean me abrazó y me besó por primera vez en esos siete días. Hacía tiempo que no sentía sus labios y fue un alivio para mí y una gloriosa sensación más que de costumbre. Estaba enamorado de Sean y sus labios me hacían sentirme vivo. Era como el roce de un ángel sobre mi boca. El beso de Sean J. Aiden, mi ángel.
—     Richi, Gracias por decirme eso y quiero que seas tú quien viva toda su vida conmigo. Es un sentimiento muy fuerte este amor. Gracias a ti he aprendido que necesito personas a mi lado y que me quieran.
—     Pues no has aprendido bien porque deberías saber que sí que las tienes. En tu vida circulan personas continuamente y muchas de ellas te quieren. Solo debes abrir los ojos y fijarte en ellas.
—     Gracias Richi. Te amo. No importa si te conozco desde hace dos meses o un año o si estamos saliendo desde hace dos o tres semanas o cuatro meses pero mi sentimiento hacia ti es inmenso. Te amo y, en verdad, el amor no tiene límites. Gracias por estar ahí.
—     Gracias a ti por haberme hecho creer en el amor de nuevo. Te amo, Sean James Aiden.
Sean me besó y pasamos el crepúsculo en ese mirador. Lo pequé al árbol y lo besé durante unos quince minutos. Había encontrado a mi novio después su muerte. Eso es algo que me hizo sonreír. Días antes había perdido casi toda esperanza de encontrarlo pero al final lo conseguí. Me fijé en esas partes de sus diarios en las que Sean nombraba u lugar con el nombre de cielo y supe que debía ir ahí. Estaba en Irlanda y era feliz de nuevo con Sean. Nunca jamás volvería a perderlo. Estaba enamorado de Sean. Es algo increíble. Sean es increíble en sí mismo y nunca dejará de sorprenderme.

miércoles, 2 de enero de 2013

Mi amor es cimero Capítulo 8

Mi amor es cimero
Capítulo 8


Sean había sido atacado y ahora estaba en el hospital Virgen Del Camino recuperándose. Estaba grave, inconsciente, lleno de máquinas y vendas ensangrentadas en su pecho izquierdo. ¿Acaso era eso realidad? ¿Iba a morir? El segundo chico al que yo amaba, ¿correría la suerte del primero? ¿Por qué me pasa esto por segunda vez? Sean. Estoy enamorado de ese chico. No puedo creer que su destino sea morir así. Le hice daño, ahora éramos felices, juntos. El destino es cruel y en aquella ocasión me tendió una emboscada. Mi mente se nublaba de pensamientos oscuros pero nada en comparación con lo que a continuación venía. Recuerdo estar con Dylan en el hospital, Dylan estaba tranquilo pese a lo que su hermano sufría. Hablábamos, sonreía, me daba algún abrazo de consolación cuando me empezaba a poner lloroso, me tendía su hombro para poder desahogarme en él. Durante todo el tiempo del hospital no le vi con su habitual atuendo tan extravagante, sino que vestía un traje negro, elegante, de marca, mocasines, camisa propia de un alto ejecutivo, corbata, todo ello encajaba a la perfección con su pálida y fría piel y su pelo negro hasta los hombros con un mechón blanquecino en el largo flequillo. Se parecía mucho a Sean. Era flaco, fuerte, guapo. En sus brazos me sentía como un niño protegido por una fortaleza inexpugnable. Como si al cerrarse esos brazos nadie pudiera hacerme daño. Me recordaba a Sean. Su calor, su forma de agarrarme. Echaba de menos a Sean. Dylan era muy amistoso, agradable y tan niño como Sean. Realmente Sean y Dylan eran muy maduros aunque parecieran niños tontos de tres años, lo cual me encantaba.
—     Dyl, ¿Sean morirá?
—     No creo.
—     Estoy enamorado de él. Desde aquella cafetería no he podido quitarlo de mi mente. Es un arrogante, impertinente, idiota, engreído pero no cesa de intentar ayudarme y es servicial, caballeroso, un peque muy mono, y es increíble. —dije alzando la mirada a la cama donde Sean pasaba horas.
—     Richi, realmente te quiere.
—     Eh… ¿Me quiere?
—     Sí. Me habla de ti constantemente. Me dice la confianza que tiene contigo, lo que siente en cada uno de tus besos. Confía en ti más que en si mismo.
—     ¿Lo hace?
—     Sí.
—     Estoy enamorado de Sean.
Me levanté y fui hacia la cama.
—     Sean, ¿en verdad sientes eso por mí? Yo estoy enamorado de ti pero no sabía que tú por mí también.
—     Lo está. —dice Dyl sonriente— Te ama, Richi. No sabes cuánto…
—     Ojalá pudiera saberlo pero confío en que lo haga. Confío en Sean.
—     Lo sabrás. Tengo algo que a Sean le gustaría que tuvieras.
Sacó un colgante que Sean solía llevar y me lo dio. Tenía forma de sol, era de oro y en el centro había escrito el apellido Aiden.
—     Richi sabrás muy bien qué hacer con él y mírate bien lo que él te ha dado. Ahí está la llave y no te olvides de su cara. Aunque muera no la olvides.
—     ¿A qué viene tanto misterio?
—     A nada. Ya verás.
Pasé ahí la noche, habían pasado dos días desde que Sean había sido atacado y quería estar a su lado. Pese a los múltiples intentos de sus hermanos a alejarme para descansar yo me mantenía a su lado. Esa noche no dejaba de mirar a Sean se movía de vez en cuando así que empecé a hablar con él.
—     Sean, puede que no me estés escuchando y puede que si lo haces no quieras hacerlo pero lo diré igualmente. Te amo, Sean. Nunca sentí algo tan fuerte por nadie, ni siquiera por mi hermano. Llevo años tratando de evitar sentirme así y por ello juntándome con chicas, las cuales se enamoraban de mí y les hacía daño. Encontré a Vanessa a la cual quiero como a una hermana pequeña y ella a mí igual, aunque sea mayor. Luego te en mi bar y me pareciste arrogante, impertinente pero luego fui a tu casa y te comportaste como una persona débil e insegura. No entendía el motivo  pero al parecer te gustaba. Lo siguiente fue que uno le hizo daño al otro y el otro al uno y acabamos mal pero nos repusimos y éramos felices. Sé que sobrevivirás a ello. ¡Coño tienes que aguantar! —exclamé rompiendo en lágrimas— Ahora, todo había empezado a ir bien, estábamos juntos, felices, viviendo una fantasía, la fantasía de nuestra vida se había hecho realidad. Entonces todo cambió y ahora estás así. Si no te hubiera dejado ir tal como decían tus hermanos. ¡Sean, te amo! Te amo… Sean… —susurré.
Unas palabras empezaron a surgir de la boca de Sean.
—     Te… Amo… —susurraba con signos de dolor.
—     ¿Me has oído?
—     Sí…
—     Te quiero, Sean. —dije tras darle un beso.
—     Vete… al cielo…
—     ¿Eh?
—     Vete… al… cielo…
—     ¿Cielo?
—     Te… esperaré… Te quiero… Ven a… buscarme…
—     ¡Sean no! Aguanta.
Sean volvió a caer, inconsciente, en un profundo sueño mientras yo me quedaba pensando en esas palabras. Ir al cielo. No lo entendía. No entendía los mensajes que Sean me estaba pasando con esas palabras pero ya llegaría mi hora.
La mañana después Dylan me llevó a casa de Sean a desayunar y se fue al hospital. Yo no sabía qué hacer así que me puse a leer los libros de Sean. Mire de reojo todos pero me quedaba el que tenía en la mesilla. Ese libro me lo dio el día que conocí a Sarah y no entiendo el motivo. Lo ojeé por fuera. No era mucho más grande que los demás. Realmente era menor que algún otro. Lo abrí y miré. Estaba la foto que Sean tenía puesta en el vestíbulo. Miré dentro. Había algo en su interior. Una llave cayó sobre mis vaqueros. Creí que sabía qué hacer con ella y fui al vestíbulo, quité el cuadró y vi un hueco en la pared. Ahí encajaba la llave así que la metí y giré. Conseguí abrir la pared y dentro encontré una caja fuerte con un hueco en el que encajaba el colgante y un teclado numérico. También había una nota en la que ponía “¿Cuándo te conocí?” Tras eso supuse que se refería a mí y puse nuestra fecha. Dentro solo encontré un montón de cuadernos negros, forrados de piel y unas Letras doradas en la parte central en las que ponía “Sean J. Aiden”. Había otros más antiguos pero eran exactamente iguales a los nuevos, sin embargo, tenían el año en el que fueron escritos. Eran más bien agendas pero resultaron ser sus diarios. Me preguntaba el motivo de que estuvieran guardados bajo llave. Sean era muy independiente y muy obsesivo con su intimidad. Sus diarios estaban llenos de sufrimiento según leía. Había páginas marcadas en las que ponía cosas sobre conocer a alguien o dejar de ser su amigo. No había ninguna relación amorosa pero sí unos cuantos actos sexuales. Me parecía extraño que hubiera practicado sexo con gente fuera de una relación amorosa. Normalmente eran vecinos de su mismo barrio o compañeros de clase con los que no tenía mayor relación. Cada día en el que algo ocurría marcaba esa página con una cinta marrón grapada a esa página. No encontré mucho en sus diarios pero sí que me intrigó una cosa. En los últimos diarios apenas había cintas. Había dejado de ponerlas, sin embargo en el día en el que nos conocimos había una roja. Comencé a leer ese día pensando en todo lo que pasó y decía lo siguiente:
“Hoy he decidido salir de casa y así despejarme de tanto libro. Necesitaba comprar “Pasaje a la India” de E.M. Forster y Hamlet para regalar este último a mi hermano ya que tanto le gustan los espectros y sucesos semejantes. La verdad es que no me importaría ver un fuego fatuo pero tal suceso no despierta tamaño interés en mí para hacerme ir a un cementerio por la noche a esperar ver una llama azul proveniente de un hueso de difunto. Comprados los libros decidí pasear por San Juan y decidí pararme en una de esas cafeterías tan sencillas y calurosas. Nada más entrar me topé con una hermosa mesita rodeada de sillas de metal. Comencé a ojear Hamlet justo la parte del acto tercero en la cual tan memorable escena ocurre entre Hamlet y un estilete pronunciando su hermoso y apreciado monólogo. En el mismo instante en el que empiezo un camarero, vestido de negro, con cadenas, botas y un delantal blanco me interrumpe. Es hermoso y arrogante a su vez. Discutimos y tras un delicioso café me fui de ahí. No dejé de pensar en ese niñato hasta este mismo instante en el cual escribo sobre él. El resto del día ha sido únicamente sentirme culpable. Ese asqueroso crio ha conseguido lo que nunca nadie ha hecho. Me ha obligado a pensar en él sin cesar demasiado tiempo. ¿Será que me importa? ¿Más que nadie? No quiero mentirme más. Ese chico ha conseguido que me enamore de él platónicamente. En una mísera conversación me ha hecho sentir así. ¿Debería alejarme de él? No creo que pueda ¿Aguantaré? Me hará daño así que será mejor alejarme y no alterar mi vida por alguien así. ¿A quién quiero engañar? Estoy enamorado de ese chico y no sé ni su nombre, es una idiotez pero nunca me perdonaría si lo perdiese. Lo deseo junto a mí.”
Esa página de ese conjunto de diarios que cuentan su vida me hizo llorar. No fue la página en sí sino el conjunto de sentimientos, recuerdos y experiencias que había vivido con Sean. ¿Estarían a punto de acabar? No sabía la respuesta a esa pregunta pero junto a una pila de diarios a mi alrededor me decía a mí mismo que no deseaba y nunca desearía ver finalizar esa vida. No quería ver morir a Sean en esa cama. No podía acabar así. “No es posible ese final” me repetía una y otra vez sollozando por la segunda persona a la que he amado. Dormí esa noche en casa de Sean, en su cama aún respiraba su olor. Dormí agarrado a su pijama. Éste aún conservaba su olor y me sentía a su lado. La noche pasó y la mañana siguiente desperté y Dyl estaba sentado en la cama con una bandeja de comida para mí.
—     Dylan, ¿qué haces aquí a estas horas?
—     Come.
—     ¿Qué?
—     Come
—     De acuerdo —dije cogiendo la bandeja de desayuno.
 Tomé el zumo antes de que llegase a derramarse.
—     Está rico. Ahora dime qué pasa. ¿Es Sean?
—     Sí
—     ¡¿Qué ha pasado?!
—     Richi, Sean ha muerto.
—     ¿Qué?... Sean…
—     Lo siento.
—     Pero si todo estaba estable, ¿cómo ha podido pasar?
—     No era tan fuerte como para superar eso.
—     Sean… ¡Sean!... ¡Sean! —exclamé rompiendo en llanto.
—     Richi, tranquilo estoy aquí. —dijo abrazándome.
Dylan y yo permanecimos abrazados un par de horas mientras yo lloraba.
Un rato después de dejar de llorar Dylan me besó. No entendía el motivo pero tras decirme “Me gustas, Richi” creí entenderlo mejor. Se abalanzó sobre mí y me desabrocho la camisa. Me beso en la boca y fue bajando hacia abajo pasando por el cuello, el pecho, la tripa y antes de que continuase lo aparté de encima de mí y le dije que muerto o no yo no dejaría a Sean o al menos no en tan poco tiempo. Dylan lo entendió y salí hacia el hospital en el coche de Sean.
Al llegar a la habitación no había nadie sólo una señora cambiando las sábanas de la cama. Le pregunté acerca del paciente de la habitación y su respuesta fue que había fallecido. Caí sobre la cama llorando y pensando en que no podía ser verdad que Sean había muerto.
Sean a sus veintidós años de edad había fallecido a causa de un misterioso hombre que desde hace algún tiempo deseaba matarlo. Era imposible. Sean era una bellísima persona de la cual yo estaba enamorado. No estaba preparado y creo que nunca nadie está preparado para la muerte de un ser querido. Era feliz con ese chico y murió ese verano de 2012. No era posible pero era así.
Sean J. Aiden había muerto.