Mi amor es cimero
capítulo 9
Sean, mi novio, había muerto y yo también. La simple ausencia
de Sean y la noticia de su muerte me habían matado por dentro. Nunca antes
había tenido tal depresión y sabía que no podía hacer nada. ¿Alguna vez habéis
pensado lo que sería perder a la persona más importante para vosotros? Sería
mejor que lo pensarais porque ese día llega y no sabréis cómo reaccionar. Yo,
personalmente creo que aun habiéndolo pensado antes nadie está preparado para
la muerte de un ser querido. Yo en ese momento estaba enamorado de Sean y haría
cualquier cosa por volver a estar con él. Sean ha sido para mí la persona más
importante de mi vida y estos dos meses habían sido los más extraños e
irracionales que había vivido. Pasaron 7 días desde que Sean murió hasta que yo
dejé de pasar el día en la cama llorando. Dylan se había marchado por motivos
de la investigación y no sabía su paradero ni el de su hermana. Tampoco sabía
el lugar de sepultura de Sean que no me dijeron ya que tan pronto murió Sean
como desapareció su hermana y dos días después Dylan. Me dijo que esperara
porque volvería pronto y eso hice. El séptimo día tras su muerte yo me hallaba
en su casa leyendo sus diarios sin ton ni son. Uno tras otro leí todos ellos y
no sabía lo que había sufrido Sean hasta leerlos. Me hicieron llorar en varias
ocasiones ya que Sean ha perdido muchas amistades a base de traiciones que
sufría, ha sido humillado por toda su clase y no podía refugiarse en nada. Sean
había sufrido incluso más que yo y eso me hizo sentir culpable. Fui yo el que
se rindió y no pudo aguantar más el sufrimiento causado por la muerte de mi
hermano y Sean había perdido a todos sus amigos desde que era pequeño. Vivía
solo y alejado de la sociedad hasta que llegué yo. Yo cambié su vida, tal como
ponía en sus diarios. Yo le hice feliz. Era frase la leí varias veces en su
diario de este año. “Richi me ha cambiado, me ha hecho feliz.” “Richi me ha
hecho volver a creer en las personas.” “Desde que estoy con él puedo sonreír.”
Esas frases me entraron muy adentro. Profundizaron de tal forma en mí que deseé
estar junto a él para siempre.
Ese séptimo día supe lo qué tenía que hacer. Por más que me
costase sabía que debía estar con él así que seguiría sus palabras y trataría
de ir al cielo. Sabía que era arriesgado, imposible, jamás lo conseguiría pero
jamás pensé que conseguiría volver a enamorarme y me enamoré de ese pequeño y
dulce chico que era Sean. Solo sería hacer algo imposible una vez más. Esta vez
iría al cielo a buscar a mi chico. ¿Sería eso posible? Debía prepararme para el
viaje. Nunca antes había hecho algo así pero por Sean lo haría. No sabía con
certeza si lo que estaba a punto de hacer estaba bien. En verdad había muchas
personas que me necesitaban aquí pero quería ir con Sean, por amor lo haría. Me
puse mi ropa favorita y me dispuse a hacer ese viaje al cielo. Miré esa ventana
en la habitación de Sean que tanto me gustaba mirar por las ventanas y por un
instante me dije “Sean, dentro de nada estaré ahí, contigo. Te amo”.
Lo hice. Fui con Sean, al cielo.
Tenía miedo de si había hecho lo correcto pero ya no podía
dar marcha atrás. Ya estaba llegando a mi destino.
Ahí delante estaba. No podía creer que estuviera llegando al
cielo. Esa luz anaranjada tan potente me segaba. Era la hora del crepúsculo y
al fin llegaba al cielo. Me paré. Tenía dudas sobre cómo acabaría todo esto.
¿Qué pasaría con mis padres y el bar o Vanessa y el grupo? Ya era demasiado
tarde lo había hecho y por más que quisiera no podía echarme atrás. Ya era hora
de dejar mi aburrida vida atrás e ir por mi amor verdadero, Sean J. Aiden.
Corrí tras esa anaranjada luz hasta que vi aquella silueta.
Se encontraba de pie y con un libro en las manos. No podía distinguirlo bien
pero ya sabía que era Sean quien me esperaba en el cielo. Llegué a la cumbre de
aquel extraño camino y me acerqué a esa persona por detrás. Habían pasado siete
días. Para mí una eternidad y para él no lo sé.
Sean estaba ahí
aunque aún no se había percatado de mi presencia. Le agarré por detrás
pasándole las manos sobre l cintura y poniendo mi cabeza en su hombro. Sean no
se giró sino que sonrió y ambos pronunciamos al unísono un reconfortante y
cálido “Te amo”. Estuve abrazándole un rato y no podía soltarlo. Al fin estaba
con mi querido Sean.
Sentí sus manos en mi estómago
y supe inmediatamente que era mi amado Richi. Había esperado tanto. Había ido
ahí todos y cada uno de los días a esperar que apareciera. Habían pasado siete
días y por fin había aparecido. Solo pude decir un “Te amo”. Pasamos un rato
ahí, abrazados y sin mediar palabra hasta que a Richi se le ocurrió decir “Te
he echado de menos, Sean”. Yo también lo había echado de menos. Lo quería y
necesitaba su compañía en un momento tan duro para mí. Lo necesitaba.
Sean, tras estar un rato abrazados me llevó hacia un árbol y
nos sentamos en la hierba. Era un mirador, en Irlanda, se veía un atardecer y
varios pueblos pequeños alrededor. Sin duda era el lugar más bonito en el que
había estado. Podía ver bosques, ciudades, pueblos, montañas e incluso podía
ver el mar a lo lejos. Era un lugar hermoso y un poco frio pero estaba a gusto.
Había varios árboles y nos sentamos al lado del más cercano a la valla que nos
separa del acantilado. Sean apoyó su cabeza sobre mi hombro y empezó a hablar.
—
Richi,
tenía muchas ganas de verte. Siento haberme ido sin decir nada pero sabía que
vendrías por mí. No pude oponer resistencia a mis hermanos que querían
protegerme. Me trajeron a casa de mis padres y me separaron de todo. Suerte que
le di el colgante a Dylan y así pudiste leer mis diarios. Deseaba tanto volver
a verte. Estos días he estado llorando y no salía de mi habitación salvo para
ver el atardecer en este mirador y esperar el día de tu llegada. Solo Dylan
sabía que te dije que vinieras y siento todo el daño que te he ocasionado.
—
Yo
también estuve llorando estos días. Sufrí mucho tras tu supuesta muerte. Joder…
No quiero volver a sentirme así. Sufrí pero no fue tu culpa. No quiero que te
culpes y si tuviste la culpa no pasa nada porque sé que me quieres, tranquilo.
—
Richi,
estoy enamorado de ti no quiero que olvides eso porque sé que seremos felices
el tiempo que estemos juntos.
—
Quiero
estar contigo, Sean, estaría contigo hasta el final de mis días. Sean, te amo y
te deseo junto a mí. Han pasado siete días en los que me ha dado tiempo
suficiente para pensar y he sabido que nunca he tenido un sentimiento más
fuerte que el que siento por ti.
—
Richi,
estoy enamorado de ti. Lo sabes y tú me amas pese a todo lo que sufres conmigo.
Quiero estar a tu lado toda mi vida y espero que sea posible.
—
Sean,
ojala no hubiera pasado todo esto. Te sentirás muy mal pensando que alguien te
quiere matar.
—
En
verdad es una experiencia interesante. Quizá la utilice en algún libro.
—
Te
harías famoso. Aún más famoso.
—
Han
pasado muchas cosas desde que te conozco.
—
Han
sido buenas y malas pero la mejor experiencia de mi vida.
—
La
mía también. Me he enamorado y jamás pensé que sería de alguien como tú. —dijo
Sean mientras sonreía— Te amo por ser quien me ha hecho feliz por primera vez.
Es la primera vez que soy feliz estando con alguien.
—
Sean,
sé que has sufrido mucho pero yo te protegeré. No dejaré que nadie más te haga
daño.
—
¿Lo
sabes? Leíste mis diarios
—
Sí.
Todos y cada uno de ellos del uno de enero al treinta y uno de diciembre.
—
Y,
¿sabías lo que sentía?
—
Sí.
Sé que sufriste y te prometo que no volverá a pasar. Esa gente no conocía lo
buena persona que eres ni tu forma de ver el mundo. Te rechazaban por ser
diferente pero yo te prometo que no volverás a sentirte mal de nuevo. Estaré yo
en cada momento apoyándote y haciéndote fuerte. Has pasado mucho sufrimiento y
siento no haberme dado cuenta antes pero gracias a tus diarios te he entendido.
Te amo, Sean.
Sean me abrazó y me besó por primera vez en esos siete días. Hacía
tiempo que no sentía sus labios y fue un alivio para mí y una gloriosa sensación
más que de costumbre. Estaba enamorado de Sean y sus labios me hacían sentirme
vivo. Era como el roce de un ángel sobre mi boca. El beso de Sean J. Aiden, mi
ángel.
—
Richi,
Gracias por decirme eso y quiero que seas tú quien viva toda su vida conmigo.
Es un sentimiento muy fuerte este amor. Gracias a ti he aprendido que necesito personas
a mi lado y que me quieran.
—
Pues
no has aprendido bien porque deberías saber que sí que las tienes. En tu vida
circulan personas continuamente y muchas de ellas te quieren. Solo debes abrir
los ojos y fijarte en ellas.
—
Gracias
Richi. Te amo. No importa si te conozco desde hace dos meses o un año o si
estamos saliendo desde hace dos o tres semanas o cuatro meses pero mi sentimiento
hacia ti es inmenso. Te amo y, en verdad, el amor no tiene límites. Gracias por
estar ahí.
—
Gracias
a ti por haberme hecho creer en el amor de nuevo. Te amo, Sean James Aiden.
Sean me besó y pasamos el crepúsculo en ese mirador. Lo pequé
al árbol y lo besé durante unos quince minutos. Había encontrado a mi novio después
su muerte. Eso es algo que me hizo sonreír. Días antes había perdido casi toda
esperanza de encontrarlo pero al final lo conseguí. Me fijé en esas partes de sus
diarios en las que Sean nombraba u lugar con el nombre de cielo y supe que
debía ir ahí. Estaba en Irlanda y era feliz de nuevo con Sean. Nunca jamás
volvería a perderlo. Estaba enamorado de Sean. Es algo increíble. Sean es
increíble en sí mismo y nunca dejará de sorprenderme.
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