miércoles, 9 de enero de 2013

Mi amor es cimero capítulo 9


Mi amor es cimero

capítulo 9




Sean, mi novio, había muerto y yo también. La simple ausencia de Sean y la noticia de su muerte me habían matado por dentro. Nunca antes había tenido tal depresión y sabía que no podía hacer nada. ¿Alguna vez habéis pensado lo que sería perder a la persona más importante para vosotros? Sería mejor que lo pensarais porque ese día llega y no sabréis cómo reaccionar. Yo, personalmente creo que aun habiéndolo pensado antes nadie está preparado para la muerte de un ser querido. Yo en ese momento estaba enamorado de Sean y haría cualquier cosa por volver a estar con él. Sean ha sido para mí la persona más importante de mi vida y estos dos meses habían sido los más extraños e irracionales que había vivido. Pasaron 7 días desde que Sean murió hasta que yo dejé de pasar el día en la cama llorando. Dylan se había marchado por motivos de la investigación y no sabía su paradero ni el de su hermana. Tampoco sabía el lugar de sepultura de Sean que no me dijeron ya que tan pronto murió Sean como desapareció su hermana y dos días después Dylan. Me dijo que esperara porque volvería pronto y eso hice. El séptimo día tras su muerte yo me hallaba en su casa leyendo sus diarios sin ton ni son. Uno tras otro leí todos ellos y no sabía lo que había sufrido Sean hasta leerlos. Me hicieron llorar en varias ocasiones ya que Sean ha perdido muchas amistades a base de traiciones que sufría, ha sido humillado por toda su clase y no podía refugiarse en nada. Sean había sufrido incluso más que yo y eso me hizo sentir culpable. Fui yo el que se rindió y no pudo aguantar más el sufrimiento causado por la muerte de mi hermano y Sean había perdido a todos sus amigos desde que era pequeño. Vivía solo y alejado de la sociedad hasta que llegué yo. Yo cambié su vida, tal como ponía en sus diarios. Yo le hice feliz. Era frase la leí varias veces en su diario de este año. “Richi me ha cambiado, me ha hecho feliz.” “Richi me ha hecho volver a creer en las personas.” “Desde que estoy con él puedo sonreír.” Esas frases me entraron muy adentro. Profundizaron de tal forma en mí que deseé estar junto a él para siempre.
Ese séptimo día supe lo qué tenía que hacer. Por más que me costase sabía que debía estar con él así que seguiría sus palabras y trataría de ir al cielo. Sabía que era arriesgado, imposible, jamás lo conseguiría pero jamás pensé que conseguiría volver a enamorarme y me enamoré de ese pequeño y dulce chico que era Sean. Solo sería hacer algo imposible una vez más. Esta vez iría al cielo a buscar a mi chico. ¿Sería eso posible? Debía prepararme para el viaje. Nunca antes había hecho algo así pero por Sean lo haría. No sabía con certeza si lo que estaba a punto de hacer estaba bien. En verdad había muchas personas que me necesitaban aquí pero quería ir con Sean, por amor lo haría. Me puse mi ropa favorita y me dispuse a hacer ese viaje al cielo. Miré esa ventana en la habitación de Sean que tanto me gustaba mirar por las ventanas y por un instante me dije “Sean, dentro de nada estaré ahí, contigo. Te amo”.
Lo hice. Fui con Sean, al cielo.
Tenía miedo de si había hecho lo correcto pero ya no podía dar marcha atrás. Ya estaba llegando a mi destino.
Ahí delante estaba. No podía creer que estuviera llegando al cielo. Esa luz anaranjada tan potente me segaba. Era la hora del crepúsculo y al fin llegaba al cielo. Me paré. Tenía dudas sobre cómo acabaría todo esto. ¿Qué pasaría con mis padres y el bar o Vanessa y el grupo? Ya era demasiado tarde lo había hecho y por más que quisiera no podía echarme atrás. Ya era hora de dejar mi aburrida vida atrás e ir por mi amor verdadero, Sean J. Aiden.
Corrí tras esa anaranjada luz hasta que vi aquella silueta. Se encontraba de pie y con un libro en las manos. No podía distinguirlo bien pero ya sabía que era Sean quien me esperaba en el cielo. Llegué a la cumbre de aquel extraño camino y me acerqué a esa persona por detrás. Habían pasado siete días. Para mí una eternidad y para él no lo sé.
Sean estaba ahí aunque aún no se había percatado de mi presencia. Le agarré por detrás pasándole las manos sobre l cintura y poniendo mi cabeza en su hombro. Sean no se giró sino que sonrió y ambos pronunciamos al unísono un reconfortante y cálido “Te amo”. Estuve abrazándole un rato y no podía soltarlo. Al fin estaba con mi querido Sean.
Sentí sus manos en mi estómago y supe inmediatamente que era mi amado Richi. Había esperado tanto. Había ido ahí todos y cada uno de los días a esperar que apareciera. Habían pasado siete días y por fin había aparecido. Solo pude decir un “Te amo”. Pasamos un rato ahí, abrazados y sin mediar palabra hasta que a Richi se le ocurrió decir “Te he echado de menos, Sean”. Yo también lo había echado de menos. Lo quería y necesitaba su compañía en un momento tan duro para mí. Lo necesitaba.
Sean, tras estar un rato abrazados me llevó hacia un árbol y nos sentamos en la hierba. Era un mirador, en Irlanda, se veía un atardecer y varios pueblos pequeños alrededor. Sin duda era el lugar más bonito en el que había estado. Podía ver bosques, ciudades, pueblos, montañas e incluso podía ver el mar a lo lejos. Era un lugar hermoso y un poco frio pero estaba a gusto. Había varios árboles y nos sentamos al lado del más cercano a la valla que nos separa del acantilado. Sean apoyó su cabeza sobre mi hombro y empezó a hablar.
—     Richi, tenía muchas ganas de verte. Siento haberme ido sin decir nada pero sabía que vendrías por mí. No pude oponer resistencia a mis hermanos que querían protegerme. Me trajeron a casa de mis padres y me separaron de todo. Suerte que le di el colgante a Dylan y así pudiste leer mis diarios. Deseaba tanto volver a verte. Estos días he estado llorando y no salía de mi habitación salvo para ver el atardecer en este mirador y esperar el día de tu llegada. Solo Dylan sabía que te dije que vinieras y siento todo el daño que te he ocasionado.
—     Yo también estuve llorando estos días. Sufrí mucho tras tu supuesta muerte. Joder… No quiero volver a sentirme así. Sufrí pero no fue tu culpa. No quiero que te culpes y si tuviste la culpa no pasa nada porque sé que me quieres, tranquilo.
—     Richi, estoy enamorado de ti no quiero que olvides eso porque sé que seremos felices el tiempo que estemos juntos.
—     Quiero estar contigo, Sean, estaría contigo hasta el final de mis días. Sean, te amo y te deseo junto a mí. Han pasado siete días en los que me ha dado tiempo suficiente para pensar y he sabido que nunca he tenido un sentimiento más fuerte que el que siento por ti.
—     Richi, estoy enamorado de ti. Lo sabes y tú me amas pese a todo lo que sufres conmigo. Quiero estar a tu lado toda mi vida y espero que sea posible.
—     Sean, ojala no hubiera pasado todo esto. Te sentirás muy mal pensando que alguien te quiere matar.
—     En verdad es una experiencia interesante. Quizá la utilice en algún libro.
—     Te harías famoso. Aún más famoso.
—     Han pasado muchas cosas desde que te conozco.
—     Han sido buenas y malas pero la mejor experiencia de mi vida.
—     La mía también. Me he enamorado y jamás pensé que sería de alguien como tú. —dijo Sean mientras sonreía— Te amo por ser quien me ha hecho feliz por primera vez. Es la primera vez que soy feliz estando con alguien.
—     Sean, sé que has sufrido mucho pero yo te protegeré. No dejaré que nadie más te haga daño.
—     ¿Lo sabes? Leíste mis diarios
—     Sí. Todos y cada uno de ellos del uno de enero al treinta y uno de diciembre.
—     Y, ¿sabías lo que sentía?
—     Sí. Sé que sufriste y te prometo que no volverá a pasar. Esa gente no conocía lo buena persona que eres ni tu forma de ver el mundo. Te rechazaban por ser diferente pero yo te prometo que no volverás a sentirte mal de nuevo. Estaré yo en cada momento apoyándote y haciéndote fuerte. Has pasado mucho sufrimiento y siento no haberme dado cuenta antes pero gracias a tus diarios te he entendido. Te amo, Sean.
Sean me abrazó y me besó por primera vez en esos siete días. Hacía tiempo que no sentía sus labios y fue un alivio para mí y una gloriosa sensación más que de costumbre. Estaba enamorado de Sean y sus labios me hacían sentirme vivo. Era como el roce de un ángel sobre mi boca. El beso de Sean J. Aiden, mi ángel.
—     Richi, Gracias por decirme eso y quiero que seas tú quien viva toda su vida conmigo. Es un sentimiento muy fuerte este amor. Gracias a ti he aprendido que necesito personas a mi lado y que me quieran.
—     Pues no has aprendido bien porque deberías saber que sí que las tienes. En tu vida circulan personas continuamente y muchas de ellas te quieren. Solo debes abrir los ojos y fijarte en ellas.
—     Gracias Richi. Te amo. No importa si te conozco desde hace dos meses o un año o si estamos saliendo desde hace dos o tres semanas o cuatro meses pero mi sentimiento hacia ti es inmenso. Te amo y, en verdad, el amor no tiene límites. Gracias por estar ahí.
—     Gracias a ti por haberme hecho creer en el amor de nuevo. Te amo, Sean James Aiden.
Sean me besó y pasamos el crepúsculo en ese mirador. Lo pequé al árbol y lo besé durante unos quince minutos. Había encontrado a mi novio después su muerte. Eso es algo que me hizo sonreír. Días antes había perdido casi toda esperanza de encontrarlo pero al final lo conseguí. Me fijé en esas partes de sus diarios en las que Sean nombraba u lugar con el nombre de cielo y supe que debía ir ahí. Estaba en Irlanda y era feliz de nuevo con Sean. Nunca jamás volvería a perderlo. Estaba enamorado de Sean. Es algo increíble. Sean es increíble en sí mismo y nunca dejará de sorprenderme.

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