¿Habéis
escuchado alguna vez la historia de Trevor? Era un chico interesante; cada vez
que lo golpeaban, pataleaban o humillaban se volvía a poner en pie y decía: “Dadme
más.” El chico siempre andaba solo. Iba al instituto y todos le miraban con
cara de asco, se apartaban de él y lo llamaban “basura”. Había intentado
juntarse con personas con quienes más o menos se llevaba bien pero estas
siempre lo rechazaban pues; ¿cómo iban a permitir que un loco desechable como
él se juntara con alguien como ellos? Fuera del instituto las cosas iban tan mal
o peor. Cada vez que salía a la calle alguien le amenazaba o le pegaba. Tenía
miedo de todos. Un día no pudo más y se suicidó. Al día siguiente en el
instituto celebraron una despedida y la tutora de su clase pidió a los
compañeros de Trevor que hablaran sobre él. Dijeron cosas que llegaron a
emocionar tanto a estudiantes como a profesores. Dijeron que siempre lo habían
querido y apoyado, que lamentan su pérdida, que siempre habían querido ser
amigos suyos y que era la mejor persona del mundo. Al acabar y dejar a todos
llorando entró Trevor, quien había fingido su muerte, y dijo: “¿Por qué soy yo
el único que no se ha conmovido con vuestras palabras? ¿Por qué soy yo el único
que sabe que todas esas palabras son sucias patrañas de unos hipócritas?
Vosotros, compañeros, sois los mismos que me llamáis loco y me miráis con cara
de asco cada vez que me veis, ¿por qué decís ahora que me apreciáis tanto
cuando la verdad es que estáis deseando verme muerto de verdad? Vosotras,
compañeras, ¿por qué os lamentáis de no ser mis amigas cuando cada vez que me
he intentado juntar con vosotras me habéis rechazado como, según decís, la
basura que soy? ¿Por qué nunca habéis intentado conocerme? ¿Por qué jamás me
habéis tratado como a un igual sino como una rata o un objeto de usar y tirar? ¿Por
qué habéis hecho emocionarse al público con vuestra sarta de mentiras?; ¿acaso
no conocían la verdad que tratasteis de ocultar con las bellas palabras sin
sentido que decís?”. La historia es triste, ¿cierto? Pero, lo más triste es que
nada cambió. Todos siguieron considerando a Trevor un loco y una basura y nunca
nadie de ese instituto llegó a conocerlo de verdad; pero la parte buena es que
un día se topó con alguien que de verdad lo aceptaba, conocía y quería y fueron
felices juntos; o eso es lo que todos queríais oír para poder saciar ese
extraño sentimiento que os comía por dentro.
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