El marido entró en casa. Golpeó
brutalmente la puerta y la cerró con un portazo. La mujer salió de su
dormitorio. “Lucas” gritó. Fue entonces cuando el marido, enloquecido por el
crack y el alcohol, comenzó a golpearla. La agarró, la lanzó contra la pared
rompiendo una bonita foto familiar que había colgada, la pateó hasta hacerle
sangrar por la boca. Ella gritó. Entonces sus dos hijos de cinco y ocho años
aparecieron. El marido, en estado frenético, los agarró y golpeó. La mujer no
aguantó más.
“¡Párate de una puta vez! —gritó— He
aguantado nueve jodidos años tus golpes, tus llegadas a las tantas de la
madrugada drogado, tus violaciones, tus comas etílicos incluso que me rompieras
costillas y demás huesos. He luchado como una esclava para que este hogar
siguiera adelante y tú sólo bebías y bebías. Me da igual que me pegues, me
insultes o me violes; pero lo que no voy a aguantar nunca es que hagas daño a
nuestros hijos. Así que ahora márchate de aquí y no se te ocurra volver. —dijo
cogiendo una escopeta.”
“Dispárame pues este es mi hogar y
estos son mis putos críos a los que pego si quiero y tú no eres nadie para decirme
qué hacer, sucia zorra.”
Bum.
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