domingo, 7 de abril de 2013

Suspiros de inocencia


Suspiros de inocencia


Paso a paso, suspiro a suspiro veo mi vida pasar por delante de mis ojos. Veo todo oscuro a pesar del sol que ilumina este día. El abismo que mis ojos contemplan asusta pero he caído a otros peores.

Era lunes por la mañana y desperté a eso de las siete a causa del ruidoso despertado. Me levanté y fui al cuarto de baño a, bueno ya se sabe. El espejo estaba ligeramente empañado a causa de la ducha de mi padre. Veía en el espejo a un chico de quince años de cabello negro y una amplia sonrisa. Desayuné y tras rezar un par de avemarías me puse en camino a clase. Llegaba cuando Alec se cruzó conmigo y se unió a mí en esos metros restantes de trayectoria. Alec era un chico alto, rubio y con una melena hasta el pecho. En aquel día llevaba puestos unos pitillos grises y unas botas de militar, llevaba también la camiseta de un grupo y su habitual chaqueta de cuero. Era lo que llamaríamos un “heavy”.
—     Hola Marc. ¿Qué tal llevas el día?
—     ¡Alec! Pues, tengo sueño y tú, ¿Qué tal llevas la mañana?
—     Me he despertado a las cinco — dijo entre risas.
—     Sigo sin entender por qué lo haces.
—     Para poder leer. A la tarde no suelo tener tiempo y prefiero que sea así.
—     Pues bien, buena decisión.
—     Marcos, ¿te importaría si esta tarde voy a tu casa? Me gustaría hablar contigo.
—     De acuerdo —dije un tanto extrañado—. ¿Sobre qué quieres hablar?
—     Oh… ya verás — murmuro mientras se adelantaba disponiendo a irse—. Nos vemos luego, después de clase.
Pasaron las horas y esa misma tarde fui con Alec a mi casa. Y ya en mi habitación comenzamos a hablar.
—     Me gusta tu habitación y cada vez más.
—     Es extraño que te guste, solo tengo trastos.
—     Ya…bueno… no es precisamente por eso.
—     Pues no lo entiendo entonces — sonreí mostrando mi clara inocencia.
—     Todavía eres muy “peque” para eso.
—     Soy un mes mayor que tú. Da igual. ¿De qué querías hablar?
—     Ehm…Veras, no es fácil.
—     Suéltalo
—     ¿Prometes no enfadarte?
—     No lo haré.
—     Verás, desde hace algún tiempo me siento extraño.
Alec parecía muy nervioso y era incapaz de levantar la mirada. Le agarre por los hombros y le mire a los ojos.
—     Dímelo. Estoy aquí y sabes que te ayudaré sea lo que sea. Soy tu mejor amigo.
—     Y el único…
—     Ya… Aun así cuéntamelo y te ayudaré.
—     Creo que estoy enamorado de ti.
Tal idea me dejó impactado y por un momento fui incapaz de reaccionar.
—     Eres mi mejor amigo, Alec, pero no soy gay. Lo siento.
—     Sé que no eres gay pero quería que lo supieras.
—     ¿Te puedo besar?
—     ¿Eh? ¿Quieres probarlo?
—     En parte sí pero creo que te mereces un beso al menos.
Alec se echó a reír y yo le miré extrañado.
—     Marc, eres increíble. Eres tan inocente. Algún día verás la vida como un hombre adulto.
No comenté porque no entendí la frase pero su sonrisa mostraba lo feliz que se sentía.
Yo estaba confuso. Alec era gay y eso es un pecado según la biblia. Mis padres son extremadamente creyentes y eso no les haría gracia. Tuve que contárselo para que me dieran consejo pero no les gustó nada. Desde un principio me dijeron que me alejara de Alec, pero al decirles eso me prohibieron terminantemente acercarme a él. Yo seguía estando con él pero con cuidado de que nadie nos viera. Me junté con mi habitual grupo de amigos y me trataban bien pero al no estar Alec me sentía vacío. Pasaba mucho tiempo con ellos y unas semanas después apenas veía a Alec. Comencé a fumar y a beber escuchaba música que no soportaba y por la influencia de mis padres y la parroquia me hice un poco homófobo y tuve miedo de Alec ya que contaban que practicaba ritos para invocar al demonio. Alec seguía mirándome desde lejos pero trataba de no hacerle caso.
Habían pasado varias semanas desde la última vez que hablé con Alec y al salir de clase éste me esperaba apoyado en un árbol de las inmediaciones del colegio. Me agarró y me llevó tres arboles más atrás.
—     ¿Quién eres tú y qué has hecho con Marc?
—     ¿Qué?
—     No eres el Marc que conocí. El inocente e inseguro chico que fue capaz de enamorarme desapareció. Comenzaste a beber, a fumar y a tratar de parecerte a esos chicos. Ahora al mirarte solo veo un payaso, un pelele de esta corrompida sociedad. ¿Qué necesidad tienes de pasar por alto tus valores para parecerte a ellos? ¿Merece acaso la pena?
—     ¿Qué pasa contigo? ¿Crees que un hombre puede amar a otro hombre? La biblia lo prohíbe dice que es una abominación. Además tu forma de vestir lleva a pensar que amas a satanás.
—     Haz lo que creas conveniente — decía mientras daba dos pasos atrás.
Volví al camino y fui a casa. No dejé de pensar en el arrogante de Alec. Esa noche soñé que era un payaso y todos me miraban. Vestía extraño y tenía la inusual sensación de estar solo pese a que estaba rodeado de gente. En cierto momento del sueño apareció alguien, era Alec. Me sentí muy a gusto los dos segundos que tarde en pasar por delante de él pero luego volví a ser infeliz y solitario y un minuto después sin perderle de vista cambie de visión. Ya no era ese payaso sino que podía identificarme con Alec. No apartaba la vista del frente y caminaba. Paré en una zona que rápidamente se transformó en una discoteca. Había ruido, gente saltando y gritando y tras dar una vuelta vi a mi grupo bebiendo, fumando y unos de los mayores tomaban una raya. Ahí estaba yo, fumando un cigarro y con un aspecto horrible a causa del alcohol. Parpadeé y al volver a mirarme tenía una horrible cara de payaso. No era yo.
Al despertar y verme en el espejo vi esa cara de payaso mientras me miraba en el espejo y velozmente corrí a mi cama estrellando mi cara contra la almohada. No  era un sueño sino una ilusión creada por esa pesadilla. Era sábado y fui corriendo a casa de Alec. No podía estar más nervioso y al llegar Alec me dio un abrazo que me calmó. Me disculpé y hablamos durante horas. A partir de ese día Alec y yo fuimos inseparables. Manteníamos la relación oculta por miedo a mis padres. Nunca conocí a nadie tan inteligente como él y no paraba de enseñarme cosas. Comencé a escuchar el conocido “Heavy Metal” y me gustó, sobretodo un grupo llamado Nirvana. Le encantaba la cultura Greco-Romana y las leyendas de dioses y titanes. Yo no creo que sólo fuese un amigo. Lo consideraba mi hermano.
Seguía saliendo con mis viejos amigos para no levantar sospechas ante mis padres y demás. Un sábado por la noche salí con Alec a dar una vuelta y coincidimos con mis otros amigos.
—     Marcos, ¿qué haces con este tío?
—     ¿Eh? Nada.
—     ¿Qué pasa?, ¿ahora te juntas con maricones?
—     No, no estoy con él.
—     ¿Y entonces?
—     Vino a preguntarme algo.
—     ¡Eh, tú! ¡Déjalo en paz!
Alec no contestó. Podía ver el dolor en sus ojos al ver lo que acababa de decir. Estos tíos se pusieron nerviosos y comenzaron a golpearlo sin dejarle defenderse. Yo corrí a casa y me encerré en mi cuarto. A la mañana siguiente mis padres me comunicaron que habían encontrado el cuerpo de Alec en la carretera. Al parecer tras la paliza había caminado hasta llegar a la carretera donde se desplomaría y sería atropellado. Mi mundo acabó aquel día. En el entierro nadie salvo su familia y yo estábamos lo suficientemente desanimados. El párroco contó su vida y tras no saber muy bien qué decir acabó llamando a su muerte “castigo divino”.

Han pasado dos meses desde aquello y sigo culpándome de no haberlo defendido. Me importaba más mi imagen que lo que realmente era. He dejado el instituto por depresión y comencé a beber para olvidar pero nada sirvió. La sociedad no está preparada para la diferencia. Todos quieren ser iguales pero tratan de hacer que los demás se amolden a lo que ellos son y ese es el principal conflicto. ¿Tan duro es no tratar de buscar una diferencia teniendo delante cien semejanzas? Ahora veo pasar mi vida por delante de mis ojos y comprendo que mi principal error fue el miedo y la inocencia. Por otro lado esto era lo que a Alec más le gustaba.
 Me encuentro de pie sobre el puente del río en este cálido atardecer. Si mal no recuerdo no hay nada más que hacer ya que puse las tres notas en donde corresponde cada una:
Sobre mi almohada
“Queridos padres
Antes de decir amén en casa o en la iglesia piensa, piensa y recuerda que un niño está escuchando.
Mary Griffith”

En la puerta del instituto
“Compañeros
Vosotros os reís de mí por ser diferente. Yo me río de vosotros por ser todos iguales.
Kurt Cobain”

En la tumba de Alec
“Amado Alec
Eres el objeto de mi amor tal como Patroclo lo fue de Aquiles.
Alejandro Magno”

Me inclino cayendo al vacío.
Alec, siento esta decisión que he tomado pero necesito pagar por lo que hice. No sólo por ti sino por el inocente Marc del que te enamoraste. Una muerte no arregla otra pero espero que comprendas que yo ya estaba muerto hace tiempo. Yo no era Marc.

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