Suspiros de
inocencia
Paso a paso,
suspiro a suspiro veo mi vida pasar por delante de mis ojos. Veo todo oscuro a
pesar del sol que ilumina este día. El abismo que mis ojos contemplan asusta
pero he caído a otros peores.
Era lunes por la
mañana y desperté a eso de las siete a causa del ruidoso despertado. Me levanté
y fui al cuarto de baño a, bueno ya se sabe. El espejo estaba ligeramente
empañado a causa de la ducha de mi padre. Veía en el espejo a un chico de
quince años de cabello negro y una amplia sonrisa. Desayuné y tras rezar un par
de avemarías me puse en camino a clase. Llegaba cuando Alec se cruzó conmigo y
se unió a mí en esos metros restantes de trayectoria. Alec era un chico alto,
rubio y con una melena hasta el pecho. En aquel día llevaba puestos unos
pitillos grises y unas botas de militar, llevaba también la camiseta de un
grupo y su habitual chaqueta de cuero. Era lo que llamaríamos un “heavy”.
—
Hola Marc. ¿Qué tal llevas el día?
—
¡Alec! Pues, tengo sueño y tú, ¿Qué tal llevas la mañana?
—
Me he despertado a las cinco — dijo entre risas.
—
Sigo sin entender por qué lo haces.
—
Para poder leer. A la tarde no suelo tener tiempo y prefiero que sea
así.
—
Pues bien, buena decisión.
—
Marcos, ¿te importaría si esta tarde voy a tu casa? Me gustaría hablar
contigo.
—
De acuerdo —dije un tanto extrañado—. ¿Sobre qué quieres hablar?
—
Oh… ya verás — murmuro mientras se adelantaba disponiendo a irse—. Nos
vemos luego, después de clase.
Pasaron las horas y
esa misma tarde fui con Alec a mi casa. Y ya en mi habitación comenzamos a
hablar.
—
Me gusta tu habitación y cada vez más.
—
Es extraño que te guste, solo tengo trastos.
—
Ya…bueno… no es precisamente por eso.
—
Pues no lo entiendo entonces — sonreí mostrando mi clara inocencia.
—
Todavía eres muy “peque” para eso.
—
Soy un mes mayor que tú. Da igual. ¿De qué querías hablar?
—
Ehm…Veras, no es fácil.
—
Suéltalo
—
¿Prometes no enfadarte?
—
No lo haré.
—
Verás, desde hace algún tiempo me siento extraño.
Alec parecía muy
nervioso y era incapaz de levantar la mirada. Le agarre por los hombros y le
mire a los ojos.
—
Dímelo. Estoy aquí y sabes que te ayudaré sea lo que sea. Soy tu mejor
amigo.
—
Y el único…
—
Ya… Aun así cuéntamelo y te ayudaré.
—
Creo que estoy enamorado de ti.
Tal idea me dejó
impactado y por un momento fui incapaz de reaccionar.
—
Eres mi mejor amigo, Alec, pero no soy gay. Lo siento.
—
Sé que no eres gay pero quería que lo supieras.
—
¿Te puedo besar?
—
¿Eh? ¿Quieres probarlo?
—
En parte sí pero creo que te mereces un beso al menos.
Alec se echó a reír
y yo le miré extrañado.
—
Marc, eres increíble. Eres tan inocente. Algún día verás la vida como
un hombre adulto.
No comenté porque
no entendí la frase pero su sonrisa mostraba lo feliz que se sentía.
Yo estaba confuso.
Alec era gay y eso es un pecado según la biblia. Mis padres son extremadamente
creyentes y eso no les haría gracia. Tuve que contárselo para que me dieran
consejo pero no les gustó nada. Desde un principio me dijeron que me alejara de
Alec, pero al decirles eso me prohibieron terminantemente acercarme a él. Yo
seguía estando con él pero con cuidado de que nadie nos viera. Me junté con mi
habitual grupo de amigos y me trataban bien pero al no estar Alec me sentía
vacío. Pasaba mucho tiempo con ellos y unas semanas después apenas veía a Alec.
Comencé a fumar y a beber escuchaba música que no soportaba y por la influencia
de mis padres y la parroquia me hice un poco homófobo y tuve miedo de Alec ya
que contaban que practicaba ritos para invocar al demonio. Alec seguía
mirándome desde lejos pero trataba de no hacerle caso.
Habían pasado
varias semanas desde la última vez que hablé con Alec y al salir de clase éste
me esperaba apoyado en un árbol de las inmediaciones del colegio. Me agarró y
me llevó tres arboles más atrás.
—
¿Quién eres tú y qué has hecho con Marc?
—
¿Qué?
—
No eres el Marc que conocí. El inocente e inseguro chico que fue capaz
de enamorarme desapareció. Comenzaste a beber, a fumar y a tratar de parecerte
a esos chicos. Ahora al mirarte solo veo un payaso, un pelele de esta
corrompida sociedad. ¿Qué necesidad tienes de pasar por alto tus valores para
parecerte a ellos? ¿Merece acaso la pena?
—
¿Qué pasa contigo? ¿Crees que un hombre puede amar a otro hombre? La
biblia lo prohíbe dice que es una abominación. Además tu forma de vestir lleva
a pensar que amas a satanás.
—
Haz lo que creas conveniente — decía mientras daba dos pasos atrás.
Volví al camino y
fui a casa. No dejé de pensar en el arrogante de Alec. Esa noche soñé que era
un payaso y todos me miraban. Vestía extraño y tenía la inusual sensación de
estar solo pese a que estaba rodeado de gente. En cierto momento del sueño
apareció alguien, era Alec. Me sentí muy a gusto los dos segundos que tarde en pasar
por delante de él pero luego volví a ser infeliz y solitario y un minuto
después sin perderle de vista cambie de visión. Ya no era ese payaso sino que
podía identificarme con Alec. No apartaba la vista del frente y caminaba. Paré
en una zona que rápidamente se transformó en una discoteca. Había ruido, gente
saltando y gritando y tras dar una vuelta vi a mi grupo bebiendo, fumando y unos
de los mayores tomaban una raya. Ahí estaba yo, fumando un cigarro y con un
aspecto horrible a causa del alcohol. Parpadeé y al volver a mirarme tenía una
horrible cara de payaso. No era yo.
Al despertar y
verme en el espejo vi esa cara de payaso mientras me miraba en el espejo y
velozmente corrí a mi cama estrellando mi cara contra la almohada. No era un sueño sino una ilusión creada por esa
pesadilla. Era sábado y fui corriendo a casa de Alec. No podía estar más
nervioso y al llegar Alec me dio un abrazo que me calmó. Me disculpé y hablamos
durante horas. A partir de ese día Alec y yo fuimos inseparables. Manteníamos
la relación oculta por miedo a mis padres. Nunca conocí a nadie tan inteligente
como él y no paraba de enseñarme cosas. Comencé a escuchar el conocido “Heavy
Metal” y me gustó, sobretodo un grupo llamado Nirvana. Le encantaba la cultura
Greco-Romana y las leyendas de dioses y titanes. Yo no creo que sólo fuese un
amigo. Lo consideraba mi hermano.
Seguía saliendo con
mis viejos amigos para no levantar sospechas ante mis padres y demás. Un sábado
por la noche salí con Alec a dar una vuelta y coincidimos con mis otros amigos.
—
Marcos, ¿qué haces con este tío?
—
¿Eh? Nada.
—
¿Qué pasa?, ¿ahora te juntas con maricones?
—
No, no estoy con él.
—
¿Y entonces?
—
Vino a preguntarme algo.
—
¡Eh, tú! ¡Déjalo en paz!
Alec no contestó.
Podía ver el dolor en sus ojos al ver lo que acababa de decir. Estos tíos se
pusieron nerviosos y comenzaron a golpearlo sin dejarle defenderse. Yo corrí a
casa y me encerré en mi cuarto. A la mañana siguiente mis padres me comunicaron
que habían encontrado el cuerpo de Alec en la carretera. Al parecer tras la
paliza había caminado hasta llegar a la carretera donde se desplomaría y sería
atropellado. Mi mundo acabó aquel día. En el entierro nadie salvo su familia y
yo estábamos lo suficientemente desanimados. El párroco contó su vida y tras no
saber muy bien qué decir acabó llamando a su muerte “castigo divino”.
Han pasado dos
meses desde aquello y sigo culpándome de no haberlo defendido. Me importaba más
mi imagen que lo que realmente era. He dejado el instituto por depresión y
comencé a beber para olvidar pero nada sirvió. La sociedad no está preparada
para la diferencia. Todos quieren ser iguales pero tratan de hacer que los
demás se amolden a lo que ellos son y ese es el principal conflicto. ¿Tan duro
es no tratar de buscar una diferencia teniendo delante cien semejanzas? Ahora
veo pasar mi vida por delante de mis ojos y comprendo que mi principal error
fue el miedo y la inocencia. Por otro lado esto era lo que a Alec más le
gustaba.
Me encuentro de pie sobre el puente del río en
este cálido atardecer. Si mal no recuerdo no hay nada más que hacer ya que puse
las tres notas en donde corresponde cada una:
Sobre mi almohada
“Queridos padres
Antes de decir amén
en casa o en la iglesia piensa, piensa y recuerda que un niño está escuchando.
Mary Griffith”
En la puerta del
instituto
“Compañeros
Vosotros os reís de
mí por ser diferente. Yo me río de vosotros por ser todos iguales.
Kurt Cobain”
En la tumba de Alec
“Amado Alec
Eres el objeto de
mi amor tal como Patroclo lo fue de Aquiles.
Alejandro Magno”
Me inclino cayendo
al vacío.
Alec, siento esta
decisión que he tomado pero necesito pagar por lo que hice. No sólo por ti sino
por el inocente Marc del que te enamoraste. Una muerte no arregla otra pero
espero que comprendas que yo ya estaba muerto hace tiempo. Yo no era Marc.
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