jueves, 10 de abril de 2014

Escena 2

El soldado se sitúa bajo un árbol y apunta con su arma. Tiene miedo; ve al objetivo y dispara. Lo mata. Recarga y calma sus nervios. Avanza hasta otro árbol. Busca objetivos pero no los encuentra. Se asusta; escucha pisadas y hojas rompiéndose. Mira detrás de él a tiempo para ver cómo una bala le perfora el hombro. Tiene miedo pues no quiere morir. Sabe que es su último instante y redirige su pensamiento a su hogar. Una hermosa casa en la que se puede ver a sí mismo sentado en el porche con su mujer; ambos sonríen viendo a dos niños rubios corretear por el jardín. Muere.

Ya nadie recordará todo lo que este hombre vivió. Sólo era un soldado más en una guerra. Será enterrado en una fosa común; sin lápida ni epitafio. Para los generales de ese ejército sólo era un mero peón en el ajedrez gigante que es la guerra; para su familia un gran hombre que dio la vida por su patria. 

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