miércoles, 12 de diciembre de 2012

Mi amor es cimero Capítulo 6

Mi amor es cimero
Capítulo 6

—     Hermanita, ¿qué haces aquí?
—     Sean no vine para nada más que traerte de vuelta a Irlanda.
—     ¡¿Qué?!
—     Lo que oyes
—     No, no me iré. —dije con firmeza.
—     Oh sí que vendrás.
—     ¡No!
—     ¡Sí! Sean créeme es por tu bien.
—     ¿Cómo? ¿Por qué?
—     No puedo decírtelo ahora.
—     ¿Por qué?
—     Es secreto.
—     Pues no me voy. No importa lo que me digas tengo aquí mi vida y no quiero abandonarla.
—     Sean todo seguirá allí.
—     No.
—     Sean, por favor si quieres permanecer a salvo ven conmigo
—     Sarah, si no me dices el motivo por el que debería ir contigo a Irlanda no hare tan siquiera ni molestarme en pensarlo.
—     Sean, sabes que trabajo para la seguridad del gobierno inglés y no puedo decir nada de los casos sin un previo permiso de un alto cargo.
—     ¿Cuánto tardarían en dártela?
—     Depende, supongo que poco.
—     Pues sin saberlo no me voy.
—     ¿Cuál es tu precio?
—     Ninguno.
—     Shonny, ¡tengo chocolate! Oh mira que rico, tiene leche y cacao.
—     No soy idiota, ¿sabes? Y prefiero otro tipo de leches…
—     Eh…
—     Déjalo.
—     Sean, tienes que venir.
—     No puedo enserio tengo que quedarme con…
—     ¡Shh! —susurro Sarah con inquietud— Hay alguien escuchando. —dijo acercándose a mi habitación.
—     ¡Sarah! ¡No! —grité demasiado tarde.
Sarah había entrado y escuché un fuerte estrépito en la habitación acompañado de un grito de dolor. Era Richi, había dormido aquí y Sarah pensaría algo malo. Al llegar vi a Sarah encima de Richi cogiéndole un brazo por detrás evitando que se escape. Richi ya estaba malherido. Tras el fuerte golpe que debió sufrir con la caída estaba sangrando de la nariz y estaba literalmente desnudo y por cierta cosa que veía se habría dirigido a la puerta para una quinta ronda. Fui a ayudarle nada más verlo. Me quité la toalla que cubría mis piernas y se la puse encima tras apartar a Sarah.
—     Sean, ¿tienes novio?
—     Sí…
—     Lo siento, no lo sabía por eso era por lo que no quisiste venir, ¿cierto? Lo siento.
—     Sarah no pasa nada. Por favor no me hagas irme a Irlanda.
—     Ya veré. Soy Sarah Aiden, un placer.
—     Soy Ricardo Martínez pero puedes llamarme Richi, encantado.
—     Lo llamaré señor Martínez.
—     Sarah, puedes llamarlo Richi. Es un mote cariñoso.
—     No lo haré.
En esos momentos entró Dylan quien se acopló a la conversación con su habitual tono peluche. Hablamos durante un buen rato y yo insistí a Sarah que me dijera el motivo por el que había venido a Pamplona pero de su boca no salieron nuevas palabras sobre el tema. Tras un buen rato y una breve conversación para mí aún desconocida con Dylan aceptó a pedir el permiso para contarnos la verdad de su viaje, sin embargo sería al día siguiente. Tras irse Sarah y Dylan a casa de éste a dormir Richi y yo nos quedamos hablando tumbados en la cama.
—     Sean, ¿quién diría que tú eres el normal de tu familia?
—     Eh… ¿Es una pregunta trampa?
—     Eres muy gracioso. —dijo riéndose suavemente con un tono que me parecía muy sensual.
—     ¿Sí?
—     Desde luego. Pero… ¿Qué significa lo de irte a Irlanda? ¿Lo aceptarás?
—     Ni muerto. Richi yo te quiero conmigo.
—     Sean, eres increíble.
—     Tú si que lo eres. —dije sonriendo— Richi quiero darte un libro. —dije mientras cogía uno en el cajón de mi mesita de noche— Toma.
—     Uno de asesinatos; no es principalmente mi estilo pero lo leeré al acabarme los otros. Sales muy bien en la foto. La tienes en un marco en la entrada.
—     Bien… Richi…
—     ¿Sí?
—     ¿Por qué me siento tan bien contigo?
—     No lo sé, Sean. La cosa es que al rozar tu cuerpo noto un cosquilleo atravesándome el cuerpo.
—     Yo noto lo mismo. ¿Será cosa del destino el haberte encontrado?
—     No lo sé. Para mí sigue siendo un hermoso sueño.
—     Te quiero. —dije en voz baja mientras abrazaba a Richi con fuerza.
Tras eso Richi se durmió y yo me quedé mirándolo dos horas más, mirando su hermoso rostro apoyado en mi pecho y como su mano no soltaba la mía a pesar de estar dormido. Había veces en las que pronunciaba mi nombre y yo sonreía pero no podía dejar de pensar en lo que deduje que Sarah y Dylan habían acordado hacer. A la mañana siguiente Richi se despertó y yo estaba haciendo un desayuno para él; por suerte se lo llevé a la cama antes de que lo viera. Me lo agradeció y tras desayunar nos estuvimos tumbados en la cama hasta que decidimos hacer la quinta ronda que el día anterior habíamos dejado. Más tarde de ésta vino la sexta casi sin descansar.
—     Sean, ¿estás bien?
—     Sí, aún aguanto. Sigue que todavía tienes ganas.
—     Sean, si estás cansado paro.
—     No, no lo hagas por mí.
—     ¿Eh? Sean no quiero hacerte daño.
—     No, aún puedo aguantar.
—     Creo que voy muy rápido.
—     Sigue, Richi, que aún puedo. —no era del todo cierto; estaba haciendo un gran esfuerzo, dolorido, estaba cansado y a punto de caer rendido pero no podía hacerlo y, pese al cansancio de haber dormido poco debía aguantar todo lo que me cayese encima.
—     Sean…
—     Hazlo.
—     De acuerdo, pero a la mínima paro. —dijo mientras se incorporaba.
—     ¡Ah! —no podía más pero por él lo haría— Te quiero.
—     ¿Eh? Yo a ti también. —dijo apretándome los brazos con fuerza.
—     Desahógate. Puedo soportarlo. Ve más rápido.
—     Sean…
—     Por favor. No quiero que te quedes con ganas.
—     Sean…
—     Por favor.
—     Vale. —asintió mientras aceleraba el ritmo.
—     ¡¡Ah!! Te quiero. No lo olvides.
—     Te quiero, Sean.
Al acabar Richi yo caí sobre la cama sudando, dolorido y sin energía. Richi se tumbó a mi lado me abrazó y suavemente me dio un beso en la frente. Tras eso yo sonreí y lo besé. Nos tomamos un largo descanso que Richi necesitaba, según él, pero yo creo que lo hizo por mí.
—     ¿Séptima ronda?
—     Sean, sólo hace media hora que lo hemos dejado.
—     Venga, no seas nenaza.
—     De acuerdo pero esta vez seré yo quien caiga sudando sobre la cama.
—     ¿Eh?
—     ¿Pasa algo?
—     No… Nada…
—     ¿Hacemos ruidos de gato? Yo de gato y tú de perro.
—     ¡¡Sí!! —dije con euforia.
Entretanto Dylan y Sarah entraron a casa y al oír semejantes sonidos decidieron servirse un café y esperar en la sala. Al acabar salimos a hacer la comida y nos encontramos con ellos dos. Íbamos únicamente vestidos con un calzoncillo cada uno y mis hermanos se nos quedaron mirando con cara asesina.
—     Sean, ¿por qué cada vez que vengo me encuentro un animal diferente?
—     Perdona, ¿esto ha pasado antes? —preguntó Sarah con cara de sorpresa.
—     Sí, con cerdos, patos, elefantes… ¿Qué más?
—     Caballos, jirafas… Richi, ¿recuerdas alguno más?
—     Sí, monos.
—     Pero, ¿qué os montáis aquí? Los hombres sólo pensáis en sexo.
—     Sí, puede ser. Sean antes me ha aguantado durante una hora y tanto. Hasta yo estaba cansado.
—     Sí, puede ser. —dije sonriente y a su vez preocupado.
Nos pusimos a hablar sobre el motivo de irme a Irlanda y Sarah había conseguido el permiso para contármelo y también a Richi para que lo oyese de ella antes que de mí.
—     Es algo complicado de explicar y puede que te afecte. Si en algún momento no quieres saber más me dices y paro.
—     Quiero saberlo. Dímelo.
—     De acuerdo. —dijo Sarah antes de empezar su historia— ¿Sabes el motivo por el cual vinisteis a vivir aquí mamá, Dylan y tú?
—     No, no lo sé.
—     Veras, Sean. Cuando mamá estaba embarazada de ti fue secuestrada.
—     ¿Secuestrada?
—     Sí. Unos hombres encapuchados la raptaron a media noche y la llevaron a un lugar de las montañas al norte de Irlanda. Al parecer un hombre tenía deudas con el banco de papá y no las aceptó. Fue secuestrada y pidieron un alto rescate. Llegó el día del intercambio y papá se acercaba a la casa en la que mamá estaba. Según lo acordado debía entrar dejar el dinero e irse con mamá pero los secuestradores acordaron que lo secuestrarían a él. Mamá los escucho y tras un arrebato de cólera y heroicidad y se abalanzó contra uno de ellos, lo dejó inconsciente y cogió una navaja que éste tenía. Salió por el pasillo y casi al llegar a la puerta de salida un criminal la trató de agarrar por detrás pero mamá le clavó el cuchillo en el corazón y salió de la casa. Lo que no sabíamos era que un niño, casualmente el hijo de éste, de unos siete años, había visto lo ocurrido. Este niño que ahora tiene veintinueve años mandó recientemente una nota a papá amenazando con vengar la muerte de su padre.
—     Entonces, ¿va a matar a mamá?
—     No. A mamá no sino a ti, Sean. Además Dylan lo vio en Pamplona recientemente.
Recibí tamaño impacto que me agarré a Richi con mucho miedo y llorando. Él comenzó a llorar y me aconsejó irme a Irlanda pero no podía aceptarlo. No dejaría sólo a Richi. Lo quería.

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