“Está ahí. Quiero verlo; quiero
abrazarlo; quiero que sea mío. Llevo mucho tiempo observándolo. ¿Por qué no
puedo hablarle? Soy incapaz. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en él? En su
cabello oscuro y corto… En sus ojos profundos y, a la vez, tan impenetrables.
Su naricita pequeña y su esbozo de sonrisa me alegran cada día. Voy ya para
clase. Él se va también. Me mira… Dios mío; me ha mirado. Va delante de mí.
Sube las escaleras de dos en dos. Me encanta eso. Se para. Se da la vuelta y
vuelve a bajar. Me mira. Me saluda. Mi corazón palpita más y más deprisa. No
puedo contenerlo. ¿Qué hago? Lo empujo contra la pared.”
—
Me
gustas. Desde que te conocí no he parado de pensar en ti. Necesito verte y
besarte. No aguanto más. No aguanto el verte y no saber qué hacer. No aguanto
el no conocerte. No aguanto el tenerte tan cerca sin poder tener opción a
rozarte. Necesitaba decirlo. Lo he dicho de una puta vez. Si quieres que me
vaya lo haré. Lo entenderé.”
“Me besa.”
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