lunes, 2 de junio de 2014

Escena 4

“Está ahí. Quiero verlo; quiero abrazarlo; quiero que sea mío. Llevo mucho tiempo observándolo. ¿Por qué no puedo hablarle? Soy incapaz. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en él? En su cabello oscuro y corto… En sus ojos profundos y, a la vez, tan impenetrables. Su naricita pequeña y su esbozo de sonrisa me alegran cada día. Voy ya para clase. Él se va también. Me mira… Dios mío; me ha mirado. Va delante de mí. Sube las escaleras de dos en dos. Me encanta eso. Se para. Se da la vuelta y vuelve a bajar. Me mira. Me saluda. Mi corazón palpita más y más deprisa. No puedo contenerlo. ¿Qué hago? Lo empujo contra la pared.”
—    Me gustas. Desde que te conocí no he parado de pensar en ti. Necesito verte y besarte. No aguanto más. No aguanto el verte y no saber qué hacer. No aguanto el no conocerte. No aguanto el tenerte tan cerca sin poder tener opción a rozarte. Necesitaba decirlo. Lo he dicho de una puta vez. Si quieres que me vaya lo haré. Lo entenderé.”

“Me besa.”

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