martes, 6 de noviembre de 2012

Mi amor es cimero capítulo 2



Mi amor es cimero
Capítulo 2



Ricardo y yo llevábamos ya tiempo siendo amigos. Era julio, hacía mucho calor y solíamos ir fuera, a dar paseos tranquilos por la calle pero aún no me había presentado a sus amigos tal como dijo; pero eso no me importaba, estaba feliz sólo con tenerlo a mi lado. Cada mirada, cada palabra, cada gesto de afecto me hacía sonreír y ser un poco más feliz cada día. Un amor es duro y a la vez alegre, fuerte y a la vez débil y sobre todo es una experiencia que te cambia la vida. Llegó un día en el que al fin me iba a presentar a sus amigos y estaba nervioso porque quería caerles bien.
—    Sean, ¿estás bien?
—    Sí; pero algo nervioso.
—    No pasa nada. Sólo son mis amigos no te van a comer.
—    Pero intentaré caerles bien. Me pongo nervioso y no sé que me pasa. Cuando conozco a alguien me bloqueo y no soy capaz de controlarme al hablar sino que intento hacerme respetar.
—    Ellos te respetarán si los tratas bien. Créeme son buena gente y les caerás bien si eres como eres al estar conmigo.
—    Intentaré comportarme.
—    De acuerdo vamos.
—    Vale, cogemos mi coche y así no gastamos tanto.
—    De acuerdo.
Bajamos las escaleras hasta llegar a la calle, seguimos por la calle, giramos la esquina y llegamos a mi coche y la expresión de sorpresa en la cara de Ricardo me llamó la atención.
—    ¿Pasa algo?
—    Dios tienes un coche impresionante y carísimo.
—    No es para tanto. —dije mirando mi coche negro, elegante y sofisticado tal como un coche de un ejecutivo o de un millonario—
—    Sí que lo es. Tienes un cochazo de alucine y un piso de noventa metros cuadrados lleno de cachivaches de todo el mundo y dices que no es para tanto.
—    Mi piso es pequeño. En casa de mis padres tengo mejores cosas. –dije alagado.
—    Pues como tengas un transbordador espacial ya es que me da algo.
—    Anda tira vamos ya. Conduces tú. —dije sonriendo.
Asintió con una gran sonrisa y nos pusimos en marcha. Llegamos a un garaje y aparcamos justo en frente, al parecer no había vado de aparcamiento y pudimos aparcar en frente de la puerta. Tocamos la puerta y abrió una joven señorita de unos dieciocho años con el pelo negro y mechas moradas, llevaba una coleta pero sin el pelo de los lados ni el largo flequillo que le llegaba hasta la clavícula sin cubrirle la cara; sólo la parte izquierda. Vestía una camiseta tres tallas más que ella de un grupo de música, Guns n´ roses se llamaba y el cantante era mono. Unos pantalones de chico con cadenas y unas botas de militar tal como Ricardo.
—    Richi, ¿este es tu amigo? —dijo mirándome con ojos de cachorrita en celo.
—    Sí, os presento.
—    No hará falta Richi. Soy Vanessa encantada.
—    Mi nombre es Sean Aiden. Enchanté. —dije con amabilidad.
—    ¡Oh! Qué educado y qué mono. Me lo comía enterito. —dijo emocionada.
—    ¿A que sí? Es super mono y muy cariñoso. —dijo sonriente. Después se agacho y le susurró algo que le hizo reír.
—    ¿Qué conspiráis a mis espaldas? —dije sospechando.
—    Oh nada, nada tranquilo. —dijo Richi con una sospechosa sonrisita.
—    ¿Entramos, chicos? No nos vamos a quedar aquí parados. —preguntó Vanessa.
—    Claro.
—    Como gustéis. —dije yo.
—    Míralo, Richi, si es una monada.
—    Hala, hala a entrar; y ya sé que soy mono.
Entramos y era una pequeña bajera con un tablado al fondo y llena de camisetas y banderas de grupos por las paredes, mientras que todo estaba lleno de cables, había varios instrumentos, micrófonos, luces, artilugios que no sabía para qué servían, unas sillas, una licuadora, unas mesas, bebidas, una barra como de bar y unas frutas.
—    Sean, ¿te parece bonito? ¿Quieres tomar algo? —preguntó Richi.
—    Sí, claro un zumo; ya que hay fruta.
—    ¿No prefieres un vodka? —preguntó Vanessa.
—    No gracias no suelo beber alcohol.
—    Pues qué aburrido.
—    Anda déjale. Mejor para él. —dijo Richi metiendo naranjas en la licuadora.
—    Gracias Ricchi. ¿Qué haría yo sin ti? —dije agradecido.
—    Toma Sean, tu batido.
—    ¡Gracias! —dije tomándomelo— Sabe raro, como a carne. —dije mientras bebía.
—    Es que, casualmente, ayer a la noche trituramos la cena en la licuadora. Creo que era… —dijo mientras pensaba— Salchichas, pizza, beicon y sushi. —dijo sonriendo como si nada pasara.
—    ¡Qué asco! Intentas envenenarme. —dije asqueado.
—    No fue a propósito pero creo que debí haberte avisado antes.
—    ¡Serás idiota! —dije dejando el zumo sobre la mesa— Necesito agua para quitarme el sabor. —dije, ya tranquilo, cogiendo una botella de agua sobre la barra— Dios, ¿qué es esto? ¡Sabe asqueroso! —exclamé dejando rápidamente la botella tras haber bebido dos tragos.
—    Es vodka. —dijo Richi riéndose.
—    ¿Qué hace vodka en una botella de agua? Da igual, voy por cola. —dije y cogí una botella de cola sobre una tabla llena de botellas— Está mejor que la cola normal. A partir de ahora beberé de ésta marca. —apunté mientras daba unos cuantos tragos.
—    ¿Se lo decimos? —preguntó Vanessa a Richi.
—    ¿Qué hay que decirme?
—    Que eso es cola con vodka negro. —Dijo Richi riéndose a más no poder.
—    Os mato. —dije con mirada asesina.
—    Éste es capaz; pero sería el asesino más mono del mundo. —dijo Vanessa.
—    Sí, desde luego. Soy el asesino amoroso. —apunté con tono de niño tonto.
—    Richi, ¿lo ves? Es super mono.
—    Sí, me lo como enterito.
Richi se acercó y me besó por segunda vez. Yo me quedé atontado y eufórico por haberme besado el chico al que quería. Estuvimos unos tres minutos y no lo hubiéramos dejado si no fuese por Vanessa que se aburrió.
—    Perdonad por interrumpir pero, ¿estáis liados?
—    ¿Liados? —pregunté con desconcierto.
—    Sí eso, liados. ¿Lo estáis o no? —preguntó insistente.
—    Que va. Vanessa no imagines cosas. —dijo Richi.
—    Eso; no imagines.
—    Valla par de dos que estáis hechos. Venga Richi, a ensayar.
Mientras ensayaban me quedé pensando. “¿Sería Ricardo gay? ¿Le gusto? Le gusta besarme; por algo será. A mí me gusta y quiero salir con él. Quizá deba pedirle salir. Sería lo propio y si no le van los hombres me lo diría. Pero apuesto a que le van y que algo le gusto. Decidido, se lo pediré. ¡Qué ganas de hacerlo!” Y eso fue lo que pensé; pero en más tiempo, como unas dos horas y a efecto de vodka. Richi y Vanessa acabaron de ensayar y me fui con Richi a casa. Estábamos Ricardo y yo solos así que era un momento crucial para hacerle una pregunta que cambiaría nuestra relación radicalmente.

2 comentarios:

  1. Sólo puedo decir algo...¡¡Pídeselo yaa!!
    jaja
    No esperes más y pídeselo que seguro que te dice que sí. Y si no lo hace...pues..mira es bien tonto el chaval.
    Me encanta esta historia :D Qué mono es Sean...si ya lo dice Vanessa jeje
    Espero el siguiente capítulo, ¿eh? Este ha acabado muy mal. No se puede dejar así un capítulo porque entonces me dejas con las ganas jaja
    Bueno, genial la historia.
    ¡¡Besos!!
    By Myra

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    1. uyyyy jajajajaja ake siii???? ajjaja es supermonoooo ajjajaja uiii jajajaja es un pequeñinnn jajaja el tercero ya está hecho ajajaja

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